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La otra Camy

Holaaaa. No hay gesto que valga si no es mutuo (1ª parte)

Holaaaa. No hay gesto que valga si no es mutuo (1ª parte)

No desesperen. Sigo aquí y por supuesto que volveré a escribir en el blog. No me conoce bien quien haya pensado lo contrario.

Se muestran los artículos pertenecientes al tema palabras textuales.

10/03/2008

Mamá, quiero ser... (The apologizing version: "No hay sitio para toros bravos")

Me gustaría que aceptes mis disculpas, de corazón, compañero.

No fue mi intención causarte ningún perjuicio ni a ti ni a tu gente con esa aparentemente simple anécdota. Como ves, este artículo ha sido podado de su parte dañina pero no lo he tronchado de raíz para que siga dando frutos. Dicen que todos los caminos conducen a Roma y por eso cualquier introducción me es válida para conseguir el objetivo final de este artículo, y, por supuesto, lo deseable es que sea cuanto más aséptica y objetiva, mejor. Considero -aunque asumo, desde luego, mi parte del error-, que hay que tener cierto sigilo, o llámese prudencia, cuando hablamos ante los demás, porque se dice que "hay tres cosas que no pueden volver atrás: la flecha lanzada, la palabra pronunciada y la oportunidad perdida". En este otro caso, en el de la palabra escrita concretamente, siempre podemos abrir una brecha a la rectificación por donde huyan en estampida los toros bravos que amenazan las buenas intenciones. Y me creas o no, reitero una vez más que esto no es más que un hobby y para nada un arma para hacer daño a los que me rodean o para defenderme de ellos.

Volviendo al tema que nos ha traído a este punto, aquella mañana de elecciones iba a darte la razón, pero me detuve un segundo, antes de que continuaras profundizando en tus propios motivos. Porque, es verdad que, a no ser que uno quiera ver el buen nombre de sus hijos arrastrado y revolcado por el fango, yo sigo pensando, aunque me avisen de lo contrario quienes me aprecian, que la política es una actividad muy digna, como otra cualquiera, que no cuenta con varitas mágicas, por supuesto, por lo que requiere mucha mucha dedicación y paciencia, por eso no es paga con unos míseros euros. Lo ideal sería que fuese una actividad altruista, y que los políticos fuésemos seres de otra galaxia que pudiésemos prescindir de la comida y el vestido, pero entiendo que el día no tiene más horas para dedicarlas además a sacar la familia adelante, ya que no la disfrutas, y, como no sea amarrando con un sueldo, aunque sea simbólico, nadie es tan rico como para dar el tiempo de su vida por los demás tan alegremente. Por eso, yo también voto por que el sueldo de los políticos debe ser regulado por ley.

A veces ésta es una actividad frenética que entraña también mucho riesgo, más del que la gente se imagina. Pero es que en la actualidad, tal como se está viendo el panorama, de nada sirve intentar demostrar que se es honesto y que se trabaja, porque al final, gracias a la cruel difamación de quienes piensan tener en su poder la verdad absoluta, acabas cagado aunque no lo merezcas, porque lo cierto es que las ovejas negras tiñen de negro al resto del rebaño y el descrédito que sufrimos unos por otros es la peor de las injusticias. Y para colmo, defenderse de los palos de ciego no es otra cosa que recibir más palos de quienes no son capaces de ver más allá de sus narices.

Mi niña Iris de 7 años, de vez en cuando me viene con unas preguntas que a mí a su edad no se me hubiera ocurrido cuestionarme, aunque bien es verdad que ni a un adulto tampoco, porque cuando eso gobernaba Franco. Pero si alguna vez una de mis niñas me dice que se quiere meter en política, a pesar de estar siendo ésta una posición tan ingrata, no intentaré disuadirla, sino que le diré: “¡Adelante! Este pueblo y su gente extraordinaria merece que les dediques una parte de tu vida”.

 

10/03/2008 21:13. Autor: laotracamy. #. Tema: palabras textuales No hay comentarios. Comentar.

22/02/2008

¿Puedes aclararme el malentendido?

"El amor correspodido es lo único que da la felicidad"

A Miguel Ángel Reyes me pareció que le gustan las frases que encierran contenidos de los que dan que pensar. Fenomenal, entonces. Esto de la sabiduría no tiene límites y desde luego que no puedo hacer otra cosa que recomendarlo a todo el mundo. Pues el otro día me planteaba Miguel una frase que decía algo así: qué sería de los políticos sin los periodistas tocapelotas y de los periodistas tocapelotas sin los políticos. ¡Y cuánta razón tienes! Porque los periodistas tocapelotas -a los estudiantes no me refiero en este caso, porque al fin y al cabo están estudiando todavía y todo puede ser mejorable- son últimamente a los políticos como las rémoras.

Si no se conoce el significado de esta palabra, “rémora”, se puede llegar a pensar que es algo neutro, inofensivo. Pero en realidad estoy hablando de parasitismo y puede que hubiera necesitado una palabra todavía más agresiva, pero no la encontré, lo siento.

No sé si es que la humanidad ha caído en el más absoluto de las atrasos, logrado a conciencia por alguna mano sabia en estas lides y con muy bajas intenciones y muy mala leche seguramente, pero lo cierto es que a algunos que se hacen llamar “medios de comunicación” parece que el tedio y la falta de creatividad y motivación les ha llevado a hurgar en los más bajos instintos del ser humano para aumentar las audiencias, lo que, en mi modesta opinión, considero que es de una bajeza y una perversión que no se había visto hasta ahora. Para algunos de estos “medios”, los políticos son algo así como esos voluntarios que en las ferias benéficas de las películas americanas asumen sacar la cabeza por un agujero a cambio de que la gente les tire tartas a la cara y si aciertan llevan premio, el premio del aumento de audiencia, será, digo yo.

Creo que es lo que llaman telebasura o radiobasura, por no decir otras palabras más fuertes (Iván, que yo soy muy tímida, hijo, y este pudor no me deja decir palabras tan fuertes).

Ahora cualquiera puede conducir un programa de radio o televisión o dirigir y redactar periódicos, y mientras más analfabeta y más vulgar sea su expresión, más se convierte en ejemplo a seguir y más desata una desaforada audiencia. ¿Qué es penoso? Pues sí. Serán “las consecuencias de la LOGSE”, como dice mi amigo Ignacio.

Yo que, por supuesto, no soy quien para opinar ni quien conoce el mundo de los medios, y como ya he dicho muchas veces, este blog no es un elemento informativo, ni oficial, lo dije cuando empecé, allá por marzo de 2005, y lo vuelvo a repetir: Este blog es un hobby mío, -cualquiera puede tener uno, no hay un porqué para tener esa envidia porque de hecho son gratuitos- y lo uso para colgar cosas que escribo en mis ratos libres, que no son más de dos o tres artículos al mes (muchísimos menos de los que yo quisiera, porque lógicamente no todo lo que me apetecería se puede contar aquí). También dije que hay cosas más interesantes que ver en la red que este hobby mío. Pero lo cierto es que gracias a este blog tengo muy buenos amigos y tan sólo por eso merece la pena conservarlo.

Por motivo de este desconocimiento que no escondo del mundo de los medios, quisiera pasarle el testigo a alguien que quizás pueda aclararme algo:

TE INVITO, MI ESTIMADO MIGUEL ÁNGEL REYES, a ti que sé que entiendes de estos asuntos con total seguridad más que yo, a que nos digas, con tu expresión impecable desde el punto de vista lingüístico (aunque a veces no comparta los contenidos, pero es que en la variedad está el gusto):

-¿Qué opinión te merecen, estimado Miguel Ángel, aquellos que alardean de ser medios de comunicación televisivos y que se abren al recado fácil de a 0,90 euros el mensaje, del cual se alimentan, todo hay que decirlo, permitiendo que el público dé rienda suelta a sus más bajos instintos para insultar, injuriar y soltar anónimamente en antena mentiras sobre gente a la que ni conocen, en algunos casos bordeando la legalidad e inmiscuyéndose en la vida privada de personas públicas, que no por ello menos dignas de respeto que el resto de la sociedad? ¿O de aquellos otros que, autorizados por quienes dicen ser gente seria y con cierta relevancia social, pero que sin embargo permiten en su “medio” tertulias y comentarios, en los que participan en algunos casos personajes analfabetos o cortos de cultura que insultan a diestro y siniestro mayoritariamente a las personas públicas y que, basándose en sus propias interpretaciones personales, revuelcan sin piedad por el fango a la gente, simplemente porque es divertido; es divertido, si me permites, como grabar palizas con el móvil o como grabar abusos a menores y subirlos al emule. Es divertido, simplemente?

-¿Es esto inmoral también o nos estamos volviendo locos?

-¿Qué hay, Miguel, de aquellos periodistas que a cambio de cerrar el pico, extienden a los políticos su talonario de facturas para mantener a su medio? ¿También es esto ético, según tu opinión, o, como sugería mi compañero Javier Obregón, hace falta una campaña de desratización que barra todos estos parásitos de la faz de la tierra? Menos mal que hay sitios donde se pueden denunciar tales fechorías.

-¿Es justo que a los políticos se nos someta a tanta vejación y falta de respeto por parte de estos carroñeros? ¿Los políticos están ahí para que ciertos personajes se desahoguen de toda la mala leche que llevan almacenada? ¿Y qué hay con los que son inocentes de lo que se les acusa y no se les da oportunidad de defenderse?

Y puede que peque de ingenua, Miguel, pero… ¿sabes tú exactamente lo que es y las mañas que se gasta un periodista corrupto y sobre todo de qué delitos se puede hablar en esta profesión?

Jejej. Si te pido demasiado puedes contestar por partes, claro.

Pues te cuento todo esto porque estaba escuchando ayer una ración de esto en una emisora digital de por aquí cerca en la que unos chicos a los que no tengo el gusto de conocer opinaban en lo que era un verdadero potaje de desinformación pura y dura, saltando de un lado a otro, de un tema a otro, con una alegría que no sé yo si es que en verdad tienen a alguien que los asesore legalmente, y por eso la temeridad que demostraban. En una de éstas pasaron a meterse conmigo, y llegaron a decir que yo amenazaba a Miguel Ángel Reyes. Y que por lo visto me lo han dicho varias veces.

¡Dios! ¿¿Sería en mi otra vida porque yo no he amenazado a una mosca??

Miguel, te juro que si no estuviera escrito todo lo que hemos dicho, llegaría a pensar exactamente que nos estamos volviendo locos.

Tuve la calma de volver a oír y grabar ese trozo de conversación y sigo sin salir de mi asombro. No he tenido el placer, ya digo, de cruzar una palabra con estos señores, pero lee la transcripción literal de lo que dijeron y si quieres te envío el archivo de voz por correo electrónico y corroboras tú mismo que no me lo invento:

“Yo te iba a decir ahora, no sólo ya de la actuación de Mercedes Vera, yo no tengo nada personal contra ella, van a pensar, que no se vaya a tener que yo tengo algo personal como Leonor, que me dejó de hablar después que hicimos un par de críticas, aquí, como la compañera Leonor de de Garachico, que me dejó de hablar. Bueno, ella sabrá, yo desde luego siempre la he saludado y la seguiré saludando hasta que un día se designe hablarme. Mmm La señora Camy, mmm Carmen no sé qué, pero es… Camy, todos la conocen, ee hay un chico que… que en esta empresa, en La Voz de Icod de los Vinos, a… unos artí… escribe unos artículos de opinión donde él… digamos que su tendencia no es de Coalición Canaria, y le da caña, digamos, e.. le… críticas, pero críticas basadas y constructivas. Yo desde luego te invito a que las veas. Se llama Miguel Ángel Reyes. Yo sé que tú entras mucho en La Voz de Icod de los Vinos y oyes mucho este medio de comunicación. En Buenavista desde luego Aurelio lo ve, creo que lo oye más jajaja.
-¿Por qué?
-Porque… porque le interesa, digamos. A saber a lo que se tiene, a lo que se abstiene. Pero mmm la señora Camy en su bloc, que ahora parece que todo dios tiene bloc en este mundo, le da como un toque de atención y le dice como que no criticara tanto, ya lo hemos denunciado, al grupo de gobierno porque nunca se sabe qué es lo que le puede hacer falta. Mire, usted está ahí… usted no tiene un co… un co… digamos, un contrato vitalicio, usted está cuatro años, si… si el pueblo lo decide está otros cuatro y si no se va pa su casa. Yo creo que usted eso… esas amenazas, de alguna manera, vamos a decir advertencias creo que están de más, señora Camy. Ya se lo he dicho y se lo sigo diciendo. Déjese de boberías políticamente hablando y de tonterías políticamente hablando y póngase a trabajar que es lo suyo, atender lo que es el tema de… digamos de… su labor, que no sé ni cuál es, porque unos dicen que si es pa… que si está pa mandar notas de prensa, otros dicen que no se sabe ni cuál es su labor, que si es pa controlar los bolígrafos que compran y no compran, porque es así, ella critica mucho los bolígrafos del anterior grupo de gobierno, cosa que puede estar o no en su… digamos en… estar o no de acuerdo con la gente. Yo creo que la gente lo e… lo menos que le importa es si hay cinco mil bolígrafos en estock o no porque al fin y al cabo veinticinco mil, veinticinco mil habitantes o veintitrés mil habitantes que tiene Icod, no tocan ni a medio bolígrafo. O sea, que déjese de esas tonterías y póngase a trabajar. Y de verdad, deje de amenazar a los colaboradores de esta empresa, que creo que esta empresa no le ha hecho nada. Mmmm ¿tu opinión sobre eso, Edgar? Jajajaa
-A ver, a ver, Lázaro. Eee.
-Jejeje
-Te repito. Vamos a darle tiempo. Vamos a darle… Vamos a darle tiempo…
-Esas actuaciones de la señora Camy, yo creo que… No las has visto, no puedes valorarlas. Te voy a… te voy a… Hasta yo no salgo de… digamos, te doy y a la vez te saco.
-No las he visto.
-Te invito a que las veas y en el próximo programa que estés quiero que tal…
-Seguramente Camy buscará la manera de (…)”

Este señor que manifiesta que ni me conoce ni sabe a lo que me dedico (creo que nunca dije a qué hora contaba los bolígrafos... ¿o sí?) afirma para todos los oyentes que te he amenazado y que me lo ha dicho varias veces, a mí que no lo conozco de nada ni he cruzado media palabra con él. Es como mínimo un fenómeno paranormal.

Bueno, por lo menos me hacen una publicidad gratuita durante un par de minutos que la repiten todos los días durante un tiempo; esto es beneficioso, como el asunto de las rémoras, porque al precio que están las cuñas de radio… y si encima aumentan las visitas a este blog y ya he recibido en mi correo algún que otro mensaje de apoyo, me doy por conforme.

Y por último, y esto ya con mala leche,… Vamos a ver… ¿cómo alguien que dice “nos han escribido varios correos electrónicos” y que no hace por rectificar ese error puede conducir un programa de radio en un medio de comunicación?

Espero, estimado Miguel Ángel Reyes, que puedas aceptar mi humilde invitación y opines sobre esto. Mi apartado de colaboraciones es ahora mismo totalmente tuyo, a tu entera disposición. Y si no te apetece publicar aquí, lo aceptaré también, porque sé que no consideras un blog como medio informativo. Éste desde luego no lo es, pero hay muchísimos que sí que lo son, en mi opinión.

22/02/2008 20:07. Autor: laotracamy. #. Tema: palabras textuales Hay 7 comentarios.

21/11/2007

Por fin una novedad

Hace unos días una señora con acento venezolano entró por mi despacho preguntándome si tengo fotos de las carrozas del carnaval de Tenerife para llevar a Venezuela que un amigo suyo del Hogar de allá es diseñador y se las pidió para tomarlas como modelo. Le expliqué que de lo que tenemos es del carnaval de Icod y aun así nuestro carnaval no es conocido exactamente por las carrozas, que tendría que ir a Santa Cruz, que es donde son más representativas. Un poco disgustada me dijo que le pudiéramos buscar alguna cosa del carnaval para llevarle de recuerdo, y así justificarse con su amigo, pues no le daría tiempo de más, ya que en dos días partiría para aquel país. Acordamos que buscaríamos algo y que se pasaría en una hora a recogerlas. Cuando regresó, la señora muy agradecida me dijo: “Gracias, querida. Que Dios se lo pague. Aquí sí hay gente buena, no como allá. Mira ese Chávez, ése sí que es un sinvergüenza, que fue a mandar a callar al Rey, un hombre tan culto y tan bien educado”.

Menos mal que de vez en cuando sale un golpe simpático porque ese tema del “¿por qué no te callas?” me tiene ya bastante revuelta.

21/11/2007 16:29. Autor: laotracamy. #. Tema: palabras textuales No hay comentarios. Comentar.

06/10/2007

Doble sentido

Se nos acerca Fernando mientras tomábamos un cortado en el quiosco de la plaza y nos espeta el último chiste malo que se escucha por Icod: “¿Sabes por qué dice la gente que los decorados de la fiesta del Cristo los pusieron en rosa y azul? Pues porque todavía no tienen claro si es niño o niña, ¿lo cogieron?”

¡Qué malvada es la gente!

06/10/2007 19:38. Autor: laotracamy. #. Tema: palabras textuales No hay comentarios. Comentar.

14/09/2007

Pregón de las Fiestas del Cristo, 13 de septiembre de 2002 (Por Mª Carmen Domínguez)

Parece que fue ayer y justamente hoy hace ya un lustro. Se lo vuelvo a dedicar a quien me lo pidió en aquel entonces, con el mismo cariño. Dios quiera que "eso" no sea nada


"Muchas gracias.

Excelentísimo Señor Alcalde, Señores Concejales de la Corporación Municipal, Altos Cargos Festeros, señoras y señores,

buenas noches:

Para mí, hoy es un día muy emocionante por haber sido distinguida para dar comienzo a estas fiestas del Santísimo Cristo del Calvario 2002. Por lo tanto, vaya por delante mi agradecimiento por la invitación del Señor Alcalde, Don Juan José Dorta, para dirigirme a ustedes. Sin duda, es para mí un honor inmerecido, pues me consta que me han precedido en esta tribuna ilustres figuras, ya curtidas en la experiencia vital, profesional, política o artística, mientras que yo, para la mayoría de ustedes, soy una desconocida más. Sin embargo, me he permitido asumir esta responsabilidad como una especie de reto, porque, aunque no pudiera igualar a mis predecesores en otra faceta, sí podría incluso superarlos en el cariño que siento por este pueblo.


Ante todo, quisiera advertirles de que hoy aquí no van a escuchar el típico alarde literario de palabras altisonantes, sino más bien una sencilla exposición elaborada con el entrañable lenguaje de esta comarca. Además, por el hecho de ser éste mi primer pregón, me ha resultado prácticamente inevitable componer un discurso subjetivo, pues a mi mente sólo acuden las imágenes de tantos momentos vividos y disfrutados en este pueblo, y en mis oídos resuenan las palabras empleadas tantas veces desde la niñez, porque yo también, como muchos de ustedes, nací en un Icod de los Vinos más humilde que el actual, en mi casa y con ayuda de una partera. Y, como era costumbre, algunos días después de mi llegada a este mundo, mis padres, padrinos y demás familiares me vistieron con un ajuar y una pañueleta y me celebraron el batiado, con rosquetes y caldo de una hermosa gallina criada especialmente para ese día.

El todo es que no sé a qué vino tanto regocijo, porque unos años más tarde estarían lamentándose que si fuerte desgracia, Dios de la vida, que si aimería, qué chiquita más jadaria...


Y es que reconozco, sin avergonzarme, que cuando chica fui bastante desinquieta, y machona como pocas... Mi infancia transcurrió saltando en aquellos volcanes de La Tabona, junto al Barranco de Castro, en el barrio de Santa Bárbara, siempre negra como un tizón de estar al turrero del sol, con los pulmones repletos del delicioso aroma de jaras, tederas y magarzas, y con los pelos enredados de arestas y ciscallos.

Tampoco en mis primeros años hubo televisión, ni barbies, ni play stations... y ni falta que nos hacían... Gracias a Dios, siempre abundaban los carozos de millo para hacer muñecas, los ganchos de brezo para estiraderas y las cacharras de sardinas y suelas de lonas abandonadas con que fabricarnos carritos y, por supuesto,... nos sobraba imaginación.

Pero, si por casualidad, el día se presentaba encapotado, recuerdo que nos agenciábamos en la cocina un codo de pan encorreado, de dos o tres días atrás, y nos enguruñábamos a roerlo a los pies de mi madre, bajo nuestro cielo estrellado particular –el eterno calado de galleta-, y aquellas tardes perdían su color gris, amenizadas por el viejo transistor de pilas, en el que sonaban las canciones de los guateques de entonces, que ustedes, los mayores, seguro recoradarán mejor que yo: “Mi limón, mi limonero”, “El vals de las mariposas” o “La fiesta de Blas”, junto con conocidas voces de figuras de la radio como Genoveva del Castillo, Encarna Sánchez, César Fernández Trujillo o Luis del Olmo. Pero, sin lugar a dudas, lo más admirable para mí de los programas de esa época fue “las boladas de seña María”, de doña Luisa Machado, aunque fue mucho más tarde cuando vine a descubrir que la tal doña Luisa y yo teníamos algo en común, el gusto por la expresión genuina de nuestro pueblo, el habla canaria.

Y como todavía mis padres seguían dale que dale, preguntándose qué será de esto el día de mañana, en aquella época en que la enseñanza ni siquiera era obligatoria, me apuntaron a la escuela mixta de Santa Bárbara, donde la incompasible doña Juana, toda enfoguetada como siempre, hacía milagros por entonces con el infalible método de “la letra con sangre entra”. Menos mal que yo tuve que contentarme con sentir los variscazos del puntero de don Ruperto Barrios, que, a buen seguro, valieron para que me apropiara de las primeras letras, haciendo de ellas mi herramienta para los restos.

Por eso, hoy que me hallo aquí, como pregonera de estas fiestas, siento que tengo en mis manos una maravillosa oportunidad, que no quiero -ni pienso- desperdiciar, para, con el permiso de ustedes, recordar un poco a algunos de aquellos que fueron mis maestros, la mayoría de ellos hijos de esta comarca, que se encargaron, sin ser albañiles, de sentar las zapatas para construir mi personalidad, y también de enseñarme mucho de lo que sé sobre Icod de los Vinos.

Y así, quisiera mencionar, por ejemplo, a doña Lourdes García, la mujer de Argeo el de la guagua, que quizás ya habrá olvidado aquella excursión que hicimos los niños de 4º allá por el año 78, caminando embullados en filita india, desde el colegio Nicolás Estévez, pasando por el hospital de Dolores y la Casa de los Cáceres, hasta llegar al Museo de Arte Sacro de la Iglesia de San Marcos, para contemplar por primer vez, con solemnidad boquiabierta, una enorme cruz de plata, de cuyas dimensiones, envergadura y trascendencia habría de enterarme años más tarde, pues indicaban el esplendoroso pasado que había vivido nuestro pueblo.

También echo de menos la entrañable y rigurosa disciplina que empleaba en el patio del colegio don Pepe el Capitán, a cuyo pequeño ejército escolar no tuve el placer de pertenecer, pero no sin sana envidia por mi parte, que, de haber sido así, otro gallo me hubiera cantado.

Recuerdo igualmente a don Juan José Falcón, a quien agradezco las clases de repaso de 4 a 5, porque al fin he aprendido a hacer las raíces cuadradas, y lo que es más importante, a enseñar cómo hacerlas. En mi labor como profesora particular, he comprendido, y muy bien, la paciencia del sabio aquel que se alimenta de las cáscaras de altramuces que otros desechan.

Por supuesto, quiero nombrar a don Francisco Ardévol Blanch, de quien intenté copiar, sin conseguirlo, la hermosa caligrafía para escribir, entre otras cositas, este modesto discurso, y también a don Jesús Martín Ruiz, por enseñarme a redactar con el vocabulario más preciso y sin faltas de ortografía. Todavía, muy de vez en cuando, saltan a mis manos las páginas amarillentas de los viejos cuadernos en los que pueden leerse aquellas trágicas y espeluznantes noticias sobre accidentes de tráfico ocurridos en la curva de Monís y, cómo no, los asombrosos cuentos de Cenicientas y príncipes de nombres impronunciables que se enamoraron en aquel baile anunciado por Radio González en el barrio de Las Abiertas con la monumental “Orquesta Rompetelalma”, y que después se casaron y vivieron felices con su Mercedes Benz en un hermoso chalet de la Tierra del Trigo.

Y seguramente podría agotarlos con una lista interminable de nombres y agradecimientos, pero no quisiera que las alegrías y penas de mis años escolares se conviertan en protagonistas de esta fiesta, que es la de todos ustedes. Por esa razón, aquellos que no haya nombrado, que sepan que aún permanecen en mi recuerdo y, por ello, en este día, voy a permitirme el lujo de animar a todos los maestros y profesores de Icod de los Vinos, para que inculquen a los niños la conservación de las tradiciones de nuestro municipio, empezando, por supuesto, por las escolares, como los actos de la fuga de San Andrés, las cabalgatas de carnavales, los concursos de belenes, las celebraciones del día de Canarias y muchas otras que ahora escapan a mi memoria, que son, en definitiva, las que nos acercan desde pequeños a nuestra propia identidad cultural.

También quiero alentar a todos los que no se dedican a la enseñanza, para que sepan preservar todas y cada una de nuestras tradiciones festeras, porque Icod de los Vinos es lugar de tradición festera como pocos. Y no me estoy refiriendo solamente a nuestras fiestas más conocidas, porque, a través de los escasos diez años que he dedicado a la investigación filológica sobre el habla canaria y, en especial, sobre el habla de Icod de los Vinos, sin siquiera pretenderlo, me han ido llegando, entremezclados con la expresión de nuestras gentes, retazos de cómo nuestros mayores vivían las festividades y reuniones, así como de la riqueza general de tradiciones que existía en épocas pasadas. Y, como está claro que de malagradecidos está el infierno lleno, me ha parecido oportuno compartirlos hoy aquí con ustedes, ya que es gracias a muchos icodenses que conozco estos datos.

Por otro lado, me gustaría traerlos al presente porque es incuestionable que gran parte de nuestros ritos familiares están desapareciendo de modo irremediable, arrastrando consigo nuestra entrañable forma de hablar.


Y si bien hay que reconocer que las fiestas actuales son verdaderamente grandiosas, en mi modesta opinión, las de antaño, aun con su sencillez característica, eran más sanas y, con seguridad, más alegres.

Y, por supuesto que no es mi intención, ni mucho menos, el restar méritos a las fiestas de hoy en día, ya que, tan sólo por el esfuerzo económico que conllevan, son realmente espectaculares. Me refiero a que, salvo las contadas excepciones que suponen las tradiciones típicas de cada lugar, nuestras fiestas en la actualidad siguen un patrón bastante repetitivo, con pocas variaciones de unas a otras, y en ellas, el sentido de la religiosidad, antes omnipresente, ha ido reduciéndose, cada vez más, a la simple presencia de una imagen sagrada a la que dedicamos una mínima atención.

Y un claro ejemplo de esto es que las fiestas patronales de los barrios icodenses hoy en día ya no son lo que eran en tiempos de nuestros abuelos, por no decir que nada tienen que ver. Es difícil concebir en nuestros días una procesión con diez o doce sermones interminables como las que se gozaban nuestros mayores.
Y sería digno de volver a contemplar otra vez aquellas corridas con carneros, los títeres, las carreras de sacos, los maromeros, los gigantes y cabezudos o las libreas de cada uno de los barrios en que se llevaban a cabo. Y a más de uno de los que estamos aquí nos hubiera gustado presenciar una de aquellas divertidas comedias que se representaban en los tabladillos de entonces.

Y así, observamos que la sociedad actual se encuentra tan inmersa en ese proceso de desarrollo vertiginoso, que apenas tiene lugar para dedicarle a fiestas y reuniones, y, sin más, nos limitamos a disfrutar de una diversión que nos viene de forma “prefabricada”.

En cambio, las fiestas de antes eran una clara excusa para reunirse con los familiares, amigos, vecinos y forasteros. Nuestros bisabuelos, no sé cómo, pero siempre se las arreglaban para encontrar un motivo de reunión, y cada una de aquellas celebraciones era, por qué no decirlo, el contexto ideal para buscar novia, si es que apenas había ocasiones para salir del pueblo...


Y es que en ese Icod de antaño no era tan complicado organizar una fiesta: A media tarde los tocadores, ya medios empitonados, se reunían en alguna casa particular y el baile, donde solía cantar todo el mundo, duraba hasta bien entrada la noche. Y el bisabuelo de ahora, aquel ferringallo nuevo y bien parecido de entonces, se apetitaba de una muchacha y, para sacarla a bailar, tenía que pedir permiso previamente a la madre de ella, siempre vigilante, siempre seria, que lo miraba de arriba a abajo antes de dar, a regañadientes, su visto bueno y su aprobación. Muchos de nuestros bisabuelos se enamoraron bailando al son embelesador de aquel acordión comprado cas don Pedro Zarza, mientras en la mano izquierda, encachazada por el trabajo, sujetaban el pañuelo de mano que impedía siquiera tocar la cintura de nuestras bisabuelas. También ellas, a falta de bolso o cartera, solían llevar unas perritas amarradas en el nudo del socorrido pañuelo multiusos, para comprarse alguna piña en las turroneras o un pincho de carne en adobo y un buche de vino en el oloroso ventorillo.


Tras bailar algunas piezas, el muy baladrón hacía sus primeros pinitos como cantador, dedicándole a la muchacha una pícara décima, y si ésta, por fortuna, era bien recibida, podría acompañar a la incipiente novia de regreso a su casa, dondequiera que estuviera, siempre bajo la custodia de la madre, que, con los ojos como jachos, les mantenía la canastra durante todo el camino, aunque fuera al oscuro.

Volviendo del baile, a ese novio estropiado siempre solía amanecerle en el camino, con el tiempo justo de incorporarse a otra parranda, un rancho de gente que iba al monte, con sogas y varillas, a buscar pinocho, algunos con sus alegatos y otros cantigas que se pelaban.

Y entre vueltas y viras, pasaban varios meses en los que el galán encorbatiado iba a namorar jueves y domingos.

Hasta que un día, harto de andar de aquí para allá como la caja del turrón, y sabiendo que ella está de buena tiempla, decide que ya va siendo hora de tomar una decisión vital. Así que, por una vez, se sale fuera del tiesto y le echa cuatro puntas sobre si albiar el cuarto de la burra y echar de allí los perenquenes, para luego hacerse con algún mobiliario imprescindible:
un catre, un colchonito con relleno de fajina, un velador, una caja de cedro y un locero, ¿pa qué más?

Y así, sin más ni más, resolvían casarse, no sin antes haberse juramentado con el cura.

Y, aprovechando la feliz coyuntura, hacían otra fiesta. Los chicos se privaban por ir a tirarles flores a los recién casados a la salida de la iglesia, sobre todo porque iban a ser convidados con alguna perra, rosquetes o anisitos.

Y tampoco era cuestión de olvidar el evento así como así, por lo que, ocho días después del casorio, volvían a habilitarse con el atuendo nupcial –ya sin el velo-, para salir de novios por las calles de Icod y, de camino, sacarse el retrato de rigor.

Y si la madre naturaleza y las cuentas no fallaban, unos nueve meses más tarde vendría al mundo aquel murgaño, flaquito como un cangallo, y, por consiguiente, habría un bautizo, y comilona abundante, y baile con isas y tajarastes al son del acordión, y juegos de dómino, y barajas, y loterías durante toda la tarde.

Y pasaba el tiempo. Tal vez volverían a enramarle la silla el día del cumpleaños, en carnaval se vestirían con cualquier machangada para salir a pedir huevitos por todas las casas, por San Juan se reunirían nuevamente en torno a la fogalera y en San Andrés estrenarían los vinos nuevos.

Pero al llegar la Navidad, no había excusa. Después de visitar el belén de la iglesia de San Marcos en Nochebuena, era obligación ir a empascuar al día siguiente a casa de los padres con la familia al completo. Así que nuestra bisabuela preparaba la mejor canastra de brimbe, hecha quizás por algún prodigioso cestero de Boquín, y llenándola con apetitosas viandas -pan, una lata de galletas, higos pasados, mistela y una garrafa de vino-, la tapaba con un paño bien estofado -ese que ella misma bordó a mano para el dote-, y se la echaba a la cabeza sobre una rodilla. Daba gusto ver con cuánto garbio andaba esa mujer, derechita como una vela, con los brazos en jarras y descalza por aquellos caminos pedregosos, sin siquiera tocar, ni por un instante, su preciada carga, y seguida de cerca por el jabardo de chiquillos ruidosos, de piernas machucadas, pero goliendo como nunca a jaboncillo y agua florida.


Y de repente, en la tranquilidad de un mediodía cualquiera, cuando sólo se sentían, aquí y allá, las papas del almuerzo truncuniando en los calderos, se oye un volador en la lejanía, y luego otro y otro más... “¡Que llegan los indianos!” Parte a correr esa mujer, de un lado para otro, como la gallina que perdió el huevo, acabante de escolumbrar entre ellos al marido que se le había embarcado para Cuba, donde había estado los últimos años cortando caña y pasando trabajos en aquella perla del Caribe. A medida que los voladores sonaban más y más cercanos, la gente salía a recibir a los recién llegados, porque supuestamente traían los bolsillos apretuñados de centenes, a juzgar por el postín que se daban con su elegante indumentaria: terno negro, cuello almidonado, relucientes gemelos, reloj Cuervo y Sobrinos con leontina dorada y sombrero remachado. Pero qué va, no caería esa breva... Después de pasarse en el barco un mes entero navegando de regreso, llegaba a la patria más pelado que el caño de una escopeta, con apenas un acordión, pero eso sí, el alma llena de décimas y puntos cubanos para animar, más si cabe, las parrandas de entonces. Y una de tantas decía así:

Ías a la sastrería
cuando tu madre pagaba,
en un coche no cargaba
los trajes que allí te hacía.
El sastre se enriquecía,
lo mismo que el sombrerero,
varias veces el zapatero
que te brindaba de comer,
¿ora qué quieres, mujer?
Trabaja y rómpete el cuero.

En casa se te lavaba
y en buena cama dormías,
lo mejorcito comías
y tu madre te peinaba.
En el batey ensillabas
el caballo más ligero,
nunca te faltó dinero
con que tu historia vencer,
¿ora qué quieres, mujer?
Trabaja y rómpete el cuero.


Claro que no todo iba a ser diversión en aquel Icod de antaño. También había que romperse el cuero con las tareas cotidianas –o no tan cotidianas-. Por ejemplo recoger una cosecha de papas bonitas en los altos de Icod, jociquiando tierra durante dos o tres días consecutivos, o ir a lavar la ropa al Bebedero, para volver a tenderla en un majano polvoriento e infestado de lagartos, o simplemente ir a buscar unas cacharras de agua todo el mundo a la rafatiña en los chorros de El Calvario, trabajos más que inconcebibles desde el punto de vista actual, eran por entonces un engloreo que conllevaba la idea de diversión y encuentro con familiares, vecinos, amigos o conocidos, más aún si se presentaba la ocasión de darle la quintada o tomarle el pelo al prójimo.

Y para tarea cotidiana, ninguna tan entretenida como la de ir al médico. ¿Quién de ustedes no recuerda las interminables mañanas en el viejo ambulatorio Julio Arencibia?


Allí, tras un buen rato de preguntar, en una sala hasta los topes, quién era el último para don Domingo o don Filiberto, y después de saber que teníamos el cincuenta y tantos, nos sentábamos pacientemente en un banco más duro que un risco, y en las cuatro horas siguientes acabábamos enterándonos, sin saber cómo, de las últimas noticias acontecidas en el pueblo.

Todo el mundo se conocía entre sí y no pocas veces, con cualquier dolencia sin importancia, nos íbamos al médico, más que nada, por sumarnos al jolgorio imperante en el ambulatorio.

Por supuesto, también había enfermedades fatales, para las que no se hallaba remedio en los rezados de curanderos ni en los beberajes de la botica.

Pero si es que hasta la propia muerte era motivo de reunión festiva, si bien algo menos ruidosa, claro está. El cura de la época de nuestros bisabuelos, llámese por ejemplo don José Ossuna, con su ceremonial capa amarilla, se parapetaba sobre el caballo blanco que Marcos Simón sentenciaba para estas ocasiones. De esta guisa, se encaminaba a la casa del moribundo, para oliarlo y auxiliar su espíritu, con la presencia del Santísimo, en sus últimos momentos en este valle de lágrimas.

A cada paso de la bestia alejándose, repicaban las campanas de la iglesia de San Marcos en señal de aviso de una fiesta respetuosa, para que así las gentes se arrodillaran, incluso en las tierras mismo.

Algunos preparaban apresuradamente un regadito de flores picotiadas, a modo de alfombra, y otros acompañaban al Señor con un farol y rezando, de forma que, al llegar a la casa de destino, era ya un rebumbio de gente en procesión.

Desgraciadamente, más tarde tendrían que volver a reunirse en la casa mortuoria para celebrar el velorio y rezar el rosario, muchas veces con la excusa de echarse un vasito de vino -o anís para las mujeres- y unas galletas o un huevo duro a la salud del que todavía estaba de cuerpo presente, de manera que algunos, ya rascados como piojos, no acertaban ni a hilvanar un avemaría con fundamento. Y tampoco faltaba quien, no teniendo lágrimas suficientes o motivos para ellas, pagara a una mujer especialmente para dedicarle unos estrepitosos becerridos a su difunto.
Lo cual, nuestra juventud hoy en día desconoce la mayoría de estas viejas costumbres que estoy contando, porque algunas generaciones más tarde, sin duda, hemos pasado de albarda pa silla. Y así, podemos observar, entre otras cosas, que los niños de ahora ya no anudan entre sí los flecos de los sobretodos de las viejas en las procesiones de El Encuentro, sencillamente porque tienen otros entretenimientos más atractivos.

Además, muy pocos de nuestros jóvenes van a este tipo de eventos y algunos hasta se preguntan qué equipos juegan en ese encuentro...

Con el boom turístico y la mayor posición social de nuestras gentes, muchas tareas tradicionales se han olvidado para siempre: ya no hace falta ir al monte por una carga de pinocho, ni sembrar papas en los campos, porque abunda otro tipo de trabajos y... ¿a quién no le gusta más la papa suave?

Tampoco hay necesidad de pelarse las rodillas lavando en las lajas del barranco de Caforiño, porque ya contamos con agua corriente y lavadora en casa. Con los medios de transporte y los avances tecnológicos actuales encontramos pareja hasta por internet y vamos a visitarla con frecuencia, así viva al otro lado del planeta. Y encima, para evitar las esperas y aglomeraciones en el ambulatorio, se inventan la cita previa.

Y de esta forma y sin darnos cuenta, hemos ido perdiendo poco a poco el gusto por aquellas reuniones amenas y sencillas.

Por eso, quisiera, en este día, reiterar que, a pesar de la inevitable modernidad, es necesario que mantengamos nuestra propia identidad cultural tal y como se refleja en las pocas tradiciones que aún nos quedan en este municipio, y que las disfrutemos y transmitamos sanamente, como las hemos recibido de nuestros mayores, que nos emocionemos al contemplar los hachitos de El Amparo, o los cestos y bollos de Santa Bárbara, o los diablitos de Las Angustias, o la procesión de El Encuentro, o las Fiestas de Arte, o la Batalla de las Flores, que constituyen algo único, porque son también algo nuestro, como la maravillosa vista del Teide, como las agradables y limpias aguas de San Marcos o como la majestuosa figura del drago.

En fin, no pretendo abusar de la atención prestada, así que, como no he venido aquí para llorar por los tiempos pasados, sino para dar comienzo a un periodo alegre, como es el de las fiestas en honor de nuestro venerado Cristo del Calvario, voy finalmente a contentar a todos ustedes, que estarán ya deseosos de que la fiesta comience y la alegría fluya, cumpliendo, de esta manera, la misión que me ha sido encomendada, que es la siguiente:

“Por orden del Señor Alcalde, y en nombre de este pueblo maravilloso de Icod de los Vinos, doy por pregonado el inicio de las fiestas en honor a nuestro Santísimo Cristo del Calvario 2002”.

Que ustedes las disfruten y hasta más ver.

Muchas gracias".

 

14/09/2007 00:28. Autor: laotracamy. #. Tema: palabras textuales No hay comentarios. Comentar.

12/07/2007

Un dato

El jueves 12 de julio de 2007, Mercedes Vera, la concejala de Hacienda, después de mirar un tocho de papeles y sumar ante mis ojos las cuatro cantidades, todas ellas de seis cifras a la izquierda de la coma, me dice con cara de gravedad:

"La deuda a proveedores del ayuntamiento de Icod de los Vinos al día de la fecha podría superar los dos millones cuatrocientos mil euros".

12/07/2007 19:19. Autor: laotracamy. #. Tema: palabras textuales Hay 2 comentarios.

22/05/2007

Increíble. La anécdota del día

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6 mts. de arena
300 mts. de piso
losa sanitaria (equipamiento para un baño)
60 bolsas de cemento

Esto no es la lista de la compra de Leroy Merlín. Es, según me comentaba hoy un vecino, lo que nos cuesta un voto para el Partido Socialista en algunos lugares del municipio... y, por supuesto, paga el ayuntamiento, pagamos todos.

22/05/2007 20:17. Autor: laotracamy. #. Tema: palabras textuales No hay comentarios. Comentar.

11/05/2007

Confianza plena. La anécdota del día.

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En esta calurosa jornada, dos vecinas de Icod -una, anciana octogenaria, la otra, pícara, de edad mediana-, al ver pasar el coche de la megafonía de Coalición Canaria, conversan animadamente:

-¿Y usté ya sabe por quién va a votar?- pregunta la más joven.
-Mi hijo es el que me prepara siempre los votos en el sobre.
-Pero sabrá de qué partido son, ¿no?
-Pi... Yo ni sé. Con seguridad que del Partido Popular, que es el partido de la iglesia.

Desgraciadamente, Icod está lleno de personas que, como esta anciana, acuden a las urnas sin saber qué bomba de relojería transportan en las manos.

11/05/2007 14:48. Autor: laotracamy. #. Tema: palabras textuales No hay comentarios. Comentar.

09/05/2007

la frase típica de hoy

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En una mañana soporífera como ésta del 9 de mayo, mientras todo el mundo está en lo suyo, dos personajes hablan en un rincón tranquilo y apartado de Icod, sin reparar en un par de orejas que pasan por allí:

-Sí, ahora estoy trabajando aquí. Deja ver cómo queda esto de las elecciones ahora. A ver si vuelve a quedar Cheo otra vez...

-Pues yo le voy a votar. A mí me ha hecho bien.

Y la pregunta del millón: ¿Esta situación qué nombre recibe?

09/05/2007 11:42. Autor: laotracamy. #. Tema: palabras textuales No hay comentarios. Comentar.

 

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