![]()
|
||
La otra CamyA propósito de Icod de los Vinos
Temas
Enlaces
|
Una sensación grandiosa![]() Este pasado viernes 17 de abril asistimos en el Centro Cultural de Guía de Isora a la apertura de una nueva exposición de Erik Cichosz. Allí pude coincidir con Ro, mi ex-compañera de trabajo y ex-concejala de cultura, que me contó que los que fueron mis alumnos de Español para extranjeros habían preguntado por mí en varias ocasiones. Yo también los echo de menos. Allí estuvieron también Gloria Esther y Cely. Sobraban las presentaciones, porque era como si las conociera de mucho tiempo atrás aunque nunca las había visto en persona. Por supuesto, Carlos Silva, en cuya compañía da gusto disfrutar de la visión de un cuadro, que se atrevió a darme el gusto de un capricho, girar por unos minutos The Flying Gropper para ver el efecto que tanto me atrae. Cely, Gloria, Carlos y yo, los cuatro aparecíamos de vecinos en un panel de retratos y el hecho de ver allí un cuadro llamado "retrato de Camy Domínguez, con pañuelo rojo" es una sensación tan extrañamente grandiosa que no la puedo explicar. Esta exposición permanecerá abierta hasta el 10 de mayo de 16 a 22 horas, así que están a tiempo de disfrutarla. De la intoxicación por anonimato![]() El otro día, mientras esperaba en el vestíbulo del ayuntamiento a una compañera para salir a desayunar, vi en el mostrador un único ejemplar de la revista Tangentes, puesto que se habían evaporado el montón de ellas que tan amablemente como siempre nos proporcionó la amiga Silvina Ruiz, directora de esta excelente publicación. La hojeé por encima y ojeé, también por encima, un artículo que logró captar mi atención. Seguí leyéndolo con cierto interés hasta que le eché la vista a quien firmaba el artículo. “Oooh”, me dije. En esto que llegó mi compañera, me llevé conmigo la revista para enseñársela a Ari porque consideré que era buen tema para comentarlo entre mordisco y mordisco del exquisito sándwich de carne mechada del Chinea.
Cuando regresé al ayuntamiento le pregunté a Jesús si todavía en Ventanilla quedaban más ejemplares de esta revista y me subió uno para la colección, así podría quedarme con éste para mí sola.
Un inciso: Aprovecho que nombro a Jesús para decirles que Jesús León es un máquina y tiene una página nueva, en este caso un blog, de Icod de los Vinos. Pásense y echen un vistazo a La Ciudad del Drago
Pues bien. Volví a releer el artículo y pensé copiarlo íntegramente y republicarlo en cuanto tuviera un rato. Y heme aquí con un rato, dando cabeceaduras por haberme acostado casi a las 6 de la mañana después de una Fiesta de las Tradiciones que dicen que dice el boca a boca popular que estuvo tan pésimo como nunca desde su primera edición en el año 1997, pero yo no creo que sea para tanto, y si así fuera, pues otro día intentaremos entre todos que sea mejor. Yo particularmente, es que fui a divertirme y me divertí. Soy incapaz de comparar la diversión de un año con la de los años anteriores porque el aparato de medir diversiones todavía no me lo he comprado, y creo que no me lo compraría aunque lo bajasen de precio.
Pensando en copiar letra por letra y palabra por palabra el susodicho artículo, se me hizo pesado el tema y pensé: “El señor García no habrá desaprovechado tan excelente escrito. Seguro que está en internet”. Tecleo en el Google el nombre del señor y el título del artículo: “salvador garcia llanos anonimato y mensajes”. Y “ooooh”, me cae una sorpresa inimaginable pero, por otra parte, lógica, puesto que el señor García Llanos, delegado del gobierno en Canarias y ex alcalde del Puerto de la Cruz, me enteré hace poco de que se dedicaba al periodismo, y por aquello de que “todo dios tiene un blog”, el señor García no iba a ser menos. Y en su blog (García en blog) este pasado lunes colgó el artículo que aparecía en Tangentes. A continuación reproduzco íntegro el artículo de don Salvador García Llanos titulado “Anonimato y mensajes”:
"ANONIMATO Y MENSAJESLos hay de todo tipo. En foros de diarios digitales, en programas televisivos. En la inmensa mayoría de los casos, anónimos y nombres supuestos o falsos. También seudónimos. La empresa propietaria o editora lo explicita: no se hace responsable de las opiniones, de los contenidos que aparecen.
En algunas emisoras locales de televisión, el asunto desborda todos los límites imaginables. Es facilísimo atribuir un hecho a alguien que no lo realizó. Es moneda corriente calificar como delincuente, con nombre y apellidos, a quien ni siquiera está denunciado. Y claro, si los propietarios de la emisora o algunos telepredicadores a sus órdenes, recibiendo instrucciones, fomentan con un lenguaje tabernario a los espectadores y les incitan, pues el resultado es el que fácilmente se imaginan. Encima, muy prestos y diligentes, invocarán la libertad de expresión. Hay que regular, dirá el lector, y en esas se está, aunque no será fácil. Por los vacíos legales y por la inmensidad del universo mediático y cibernético. Al tratar la evolución de la comunicación en nuestro modelo constitucional en ocasión del 30 aniversario de la Cartamagna, ya advertimos que Internet cuenta con una capacidad incontrolada de difusión que lo convierte en una herramienta potentísima a la hora de difundir tanto las noticias como los bulos, las adulaciones, los infundios y las injurias. O sea, una auténtica perversión. Y como los daños de opinión nunca pueden ser reparados pues… más difícil todavía. En lo que concierne a los comentarios o frases de los lectores y telespectadores, la cantidad de mentiras, acusaciones e injurias que se vierte es inversamente proporcional a cualquier acción legal que no suponga, como quedó dicho, un camino muy tortuoso pues los autores no tienen la necesidad de identificarse y el medio no se hace responsable.La lucha contra el anonimato es uno de los valores en el ejercicio del buen periodismo. Ninguna opinión debe ser admitida en una redacción o en un programa cara al público si no se sabe quién la ha enviado, al igual que las cartas al director, a las que incluso se les corrige las faltas de ortografía. Por eso, cabe reafirmarse: el periodismo, como cualquier otra profesión, lleva aparejado unas obligaciones éticas. Periodismo es verificación, contraste de fuentes, capacidad de relacionar los antecedentes con las consecuencias, dar oportunidad de defenderse… Hay que hacer todos los esfuerzos posibles por recuperar esos valores.Lo demás es zaherir, bazofia, abuso, materia deleznable. Así que si usted se ve afectado por uno de esos mensajes anónimos, déjelo, no haga caso, salvo que sea una cuestión de honor y ahí sí es verdad que se respeta la iniciativa. Pero siga el consejo: ni lo comente con sus íntimos. Que se evapore. Que pase al territorio del olvido. Y que con su pan se lo coman los desalmados. (Publicado en el número 11, abril, de la revista TANGENTES)"
Hasta ahí el artículo del señor García Llanos. No voy a valorar el artículo por más que en un momento me apeteció decirle “Está bueno éste. Di a los tuyos que se dejen de mensajitos”, pues es clara y notoria la cruzada contra los nuestros y que ha sido corroborada en un estudio de televisión por un compañero que presencia cómo los sms con insultos hacia mi partido vienen únicamente desde dos o tres números de móvil diferentes que envían durante todo un programa un bombardeo de mensajes todos insultantes. También hay quienes se quejan de que sus mensajes no salen en antena o no se publican porque molestan a los dueños del medio o a quienes les pagan.
¿Nunca se han preguntado por qué solamente se insulta a unos y a otros no? ¿Somos nosotros acaso más tontos por no ponernos a la altura de ellos enviándoles mensajes de contraataque?
Creo que, independientemente de las ideas políticas de don Salvador, tengo que reconocer que su consejo resulta increíblemente útil. Encima que un medio (y todos sabemos de qué “medios” hablo) permite que se insulte a la gente cayendo en la peor de las bajezas, como es la complicidad en destruir impunemente el honor de las personas, no le vamos permitir tontamente que se enriquezca -porque a euro el mensaje, 30 mensajes son 30 euros-, a costa de nuestras ganas de despotricar o de nuestra impotencia o cobardía por no poder decir las cosas a la cara. Los habituados a mandar mensajitos dirán “sí, pero yo me quedo más a gusto diciéndole cuatro cosas”. Y yo pregunto: ¿y no se quedaría usted más a gusto si las dijese a la cara, de frente, o es tan cobarde como para no permitirse ese gustazo? ¿Por qué permite usted que se aprovechen de su ingenuidad o no es consciente de que alguien cobra para que usted dé rienda suelta a sus ganas de mandar mensajitos insultantes?
Definitivamente sale más barato decir las cosas a la cara y los efectos de la catarsis que produce son más duraderos y más exquisitos sus recuerdos. ¿O no? El patio de mi casa es particularTambién he estado actualizando mi canal de youtube El día después del viernes santo, sábado de resurrección![]() Puedo asegurar que no me he muerto, aunque ya quisieran algunos que por lo menos cerrara el pico. Pero sigo aquí porque soy fuerte y porque nunca he creído que haya algo que yo no sea capaz de superar. Hace dos días, el viernes santo, en lo que veíamos la maniobra de salida de santos a la calle para la procesión magna y, con la misma, cuando cayeron unas gotas de agua, la maniobra apresurada de entrada de santos a la iglesia (alabada sea la cordura, habida cuenta del valioso patrimonio que estábamos sacando a la calle), el amigo Ismael me preguntó un par de veces que qué pasaba con mis blogs, que si ya no escribo.
En realidad, ampliándole la respuesta a este amigo, diré que tengo varias cosas comenzadas y ninguna acabada. De hecho, hacía tiempo que no pasaba por aquí. Después de que una vez dijo un célebre icodense que “todo dios tiene un blog” y hasta los más criticadores se han hecho con un ejemplar y algunos blogs incluso son verdaderos granos en el culo (véase el de la compañera Dulce, cuya valentía y franqueza admiro) y otros bastante incendiarios y barriobajeros (me ahorraré ejemplos), me he dado cuenta de que, como no sea para dar caña, el fenómeno blog ya no me parece esa gran cosota ni me resulta tan tentador, quiero decir que después de varios años en esto, ya no me siento como niño con juguete nuevo con mis blogs, por más que últimamente he tenido en la mira cientos de temas sobre los que escribir, de lo más jugosos, porque las cosas que han pasado por mis manos recientemente ya las quisieran para sí algunos que yo me sé. Supongo que es una consecuencia de esa personalidad inquieta que algunos me achacan, o como decía mi madre “desinquieta”, que no significa ‘lo contrario de inquieta’ sino ‘más inquieta que inquieta’.
Siento que tanta desinquietud tiene que tomarse un respiro de vez en cuando para no volverse insoportable. Como vengo haciendo cada semana santa desde hace varios años -antes de dedicarme a la política también no sea que me critiquen por excesos de nueva rica-, estos últimos días estuve fuera de Icod, para variar. No suelo ser de mucha vacación yo, porque como no sea dosificada, me sale la vena hiperactiva, me aburro y me vuelvo muy insufrible, pero después de todo lo que me ha pasado últimamente: de una separación matrimonial fulminante, del intento descomunal de una vuelta a una normalidad forzada y de una tristeza infinitamente desoladora, cosa que jamás soñé que pudiera ocurrirme a mí, me sentía tan sin fuerzas y sin ganas de nada… Hasta sentía que con toda esta espiral de locura estaba largando a la deriva lo mejor que tengo en este mundo, o sea, a mis queridas niñas, que son en definitiva quienes sufren cuando yo sufro. Así que nos fuimos sólo cinco días para una casita preciosa perdida por esos sures, donde no se oía ni un perro ladrar por las noches. Me pareció que ya está bueno de salir de la isla cuando desconozco algunos maravillosos rincones de ésta donde vivo. Total, que llegué a la conclusión de que se puede estar aislado en esta isla y de que estoy enamorada perdidamente del suelo donde piso.
Allí ni había nada que hacer realmente, ni cobertura para el móvil ni internet, así que casi me alejé del mundanal ruido. Y aunque me llevé el ordenador portátil, porque lo hago siempre, no me dio por escribir ni una letra para ustedes ni para mí misma. Eso sí. Me leí Cosmofobia, de mi escritora preferida, Lucía Etxebarría, y me vi Hable con ella, de mi director preferido, Almodóvar, que la tenía por ahí en el disco duro pirateada desde el año de Maricastaña. Me dediqué a hacer lo que me encanta: pensar, cocinar, hacer bisutería, pasear por sitios que conocí hace mucho y observar sus cambios, estar con mis niñas y tomar casi nada de sol, que, por más que el clima de sur sea tentador, me cuesta admitir que soy alérgica y ahora lamento no poder someterme a su agradable caricia.
A no ser por una llamada aguafiestas de mi compañera Lourdes que recibí un día acabando de almorzar en Güímar, me pareció que el mundo se había olvidado de mi existencia pero no había sido así. El mundanal ruido seguía en su sitio, como siempre. Cuando volví a Icod el jueves por la mañana lo encontré tan animado: un par de policías regulando el tráfico en el Mercadona de la Avenida Príncipe de España, porque los coches ya ni cabían en el aparcamiento y luego decenas de personas en cola comprando pan y bollería en la panadería de El Calvario, y eso que dicen no sé qué de una crisis. Al llegar a casa, me encontré otro malvado regalito en mi coche, similar al de la mañana que me fui: alguien con una llave había rayado la otra puerta de mi pobre coche que no tiene culpa de nada: ya casi he perdido la cuenta de la tortura, pero dos arañazos en cinco días y cuatro pintados completos en dos años y medio es un currículum tan extenso para un coche tan pequeño… ¡Cuánta maldad nos rodea!
Y ayer para desestresarme me fui a ese parque de atracciones que tanto escándalo ha generado y que al final han llegado a la conclusión de que cosas como ésta no son tan malas porque le dan vida al pueblo durante unos pocos días. Después de ver a las niñas pasárselo genial en atracciones a su medida, me dicen de subir a la noria. Dudé un segundo. Pero soy un poco impulsiva y no dije que no. La noria estaba en plena faena y Vax estaba desesperado porque la tarde se nos iba rápidamente, así que decidimos otra atracción que estuviera a punto de iniciar y le dio por el suicidio repentinamente. Así que me subí a la uve, así, sin planteármelo dos veces. ¡Aaaaaaaaah! Jajajaj La risa floja y nerviosa de quien se deja llevar por las circunstancias sin luchar. Vax no quiso acompañarnos a subir a la noria y yo, por más que tenía invitaciones de sobra para repetir, consideré que subirse dos veces en la uve el mismo día es cosa de masoquistas.
Bueno. Y ya con las heridas cubiertas y el alma sosegada, creo que estoy lista para empezar otro ciclo, para superar otra espiral.
No sé, Ismael, si con esto he contestado un poco a tu pregunta, pero gracias por el interés con que sigues mis blogs. Descubriendo otros universos![]() En algún rincón de nuestro universo íntimo somos eternamente niños… Gracias, Erik
Hoy tengo la suerte de tener en mis manos uno de los 300 ejemplares que Ediciones Alternativas lanzó hace un año del cuento infantil “La Ciudad de las Moscas”. Se trata de una exquisita composición donde se suma el tierno realismo de las ilustraciones con el mundo de los animales visto desde una perspectiva infantil que observa lo que sucede en el entorno de una granja donde los animales son interpretados como presos bajo una gran nube de moscas, que dan lugar al nombre de la granja como “la ciudad de las moscas”
“La Ciudad de las Moscas” es la primera historia literaria escrita e ilustrada por Gloria Esther Rodríguez Rodríguez, artista palmera. Aparecen en este pequeño cuento expresiones y palabras de nuestra habla canaria y escenas que me recuerdan a mi propia infancia. Una hermosa canción![]() Bendito el lugar y el motivo de estar ahí Erik Cichosz: una exposición virtual![]() Los admiradores de Erik Cichosz estamos de suerte. Mi buen amigo tiene un lugar en la red, un canal en Youtube donde poco a poco ha venido colgando vídeos de sus obras para dárnoslas a conocer virtualmente a través de las nuevas tecnologías. Aunque nunca es la obra de arte tan hermosa como apreciada en vivo y en directo, ésta es, sin embargo, una oportunidad para un primer acercamiento y sobre todo para aquellos que no tienen la suerte de tenerla tan cerca. Les invito a conocer y seguir el canal de Erik, pero sobre todo a que se animen a visitar la muestra de murales tradicionales canarios que hacen irrepetibles las paredes del Parking El Drago, en la Plaza de América. Gracias, Erik, por ese cariño que has puesto en Icod. Es uno de tantos motivos para que me sienta orgullosa de pertenecer a esta tierra. Les pongo a continuación una muestra de uno de esos vídeos, que incluye mi cuadro, el del mero volador ("The flying gropper"), puesto "del revés" Candelaria y un telón negro![]() Estoy convencida de que la mejor manera de no olvidar las cosas es escribiéndolas. Últimamente me he dado cuenta de que muchas cosas se me olvidan con facilidad, si no fuera porque apunto todo y voy dejando un rastro de anotaciones por todos lados.
Hoy vi a Candelaria. Intentaba aparcar cuando mi coche se aproximó al suyo y frené para que pudiera maniobrar tranquilamente en medio de la calle e introducir su coche en el garaje. La observé cuando se bajó para abrir la puerta del edificio. Está muy delgada, con muy buen tipo, elegante. Su pelo de un rubio muñeca, muy artificial, la piel hiperblanca de la papada le formaba una arruga sostenida sobre el cuello alto de su suéter. Bajé el volumen de la música y les conté a mis niñas una anécdota que recuerdo con mucho cariño, mientras Candelaria se tomaba su tiempo, ajena por completo a mi pensamiento:
Cuando yo estaba en 6º de EGB en el Nicolás, Candelaria se sentaba conmigo en la clase de Inglés. Era mi primer año de esa materia y desde el primer momento me dediqué a cosechar sobresalientes. El maestro, don Domingo, nos ponía tarea para hacer en clase y ya estaba al tanto de que Candelaria era asidua copiando de mi cuaderno, por lo que, de vez en cuando, nos echaba un ojito disimuladamente. Por entonces ya yo era un poco más autónoma y comenzaba a dejarme la melena larga, cosa que no se me había permitido de pequeña, porque con una prole tan seguida –tres en cinco años- desenredar un pelo enmarañado como el mío era fuerte lío a la hora de alistarnos para salir, por lo que mi madre optaba por cortármelo cada vez que le estorbaba.
Un día hacía yo la tarea de Inglés con toda la largura de mi pelo extendida haciendo de telón a una Candelaria que esperaba impaciente para ver la escena de mi ejercicio terminado y deleitarse “cogiendo recortes” del mismo. Ni corta ni perezosa, Candelaria se aventuró a servirse ella misma y abrió con sus blancos deditos mi melena por la mitad, metió el hociquillo y empezó a copiar. Don Domingo que la traba, dice en voz alta “Candelaria, parece mentira, siempre estás abriendo la cortina”.
Es curioso. Cada vez que me encuentro a don Domingo o a Candelaria, me viene a la memoria esta sencilla anécdota, por mucho que pasen los años. Me pregunto por qué razón permanecerá ahí, después de casi treinta años, si estoy segura de que ninguno de ellos me recuerda ya. Feliz año 2009A todos aquellos que me quieren y me respetan pero también a los que no, que tengan un año 2009 lleno de deseos hechos realidad.
Pongo una variación de un poema que me gustó de Carlos Gargallo![]() Sé justo El solo hecho de que una persona no sea de tu agrado no quiere decir que siempre esté equivocada o que sea mala gente, o que todo lo haga mal. Esa persona con quien no congenias no necesariamente es torpe ni está siempre equivocada sólo porque no es tu amigo o por que no está de acuerdo contigo. ¿Eres suficientemente justo con los demás como para esperar que ellos lo sean contigo?
Sin acritud: ¡¡Ahhh!! Esto también estaba en internet...![]() Como una tiene también el grado de investigadora, ahí les dejo un enlacito para curiosos... ¡Increíble pero cierto! Nada... ¡Bienhallado! La verdad absoluta no existe Buscar la verdad es un sinsentido; es como nadar sin ver la orillaComentaba el otro día con una técnica del ayuntamiento que evidentemente tenemos que hacer las cosas en equipo, porque, por ejemplo, las fiestas de este municipio no son sólo cosa del área de Fiestas, que es la que hace de punta del iceberg a la hora de cosechar éxitos o fracasos, y ella me corroboraba que en efecto así es, pues es tan importante el cantante que se sube en el escenario como el último operario que clava el clavo del escenario, como el último administrativo del ayuntamiento que hace de “negro” y elabora silenciosamente el expediente de contratación del cantante, expediente que luego firmarán un jefe de sección, un concejal o un alcalde, muchas veces hasta obviando faltas graves de ortografía, que no se mandan a corregir por no dilatar los procesos infinitamente. Prácticamente todas las áreas y personas del ayuntamiento forman parte de una suerte de telaraña que participa, a veces mínimamente, es cierto, en la confección de los eventos festivos del municipio. Y no sólo sucede así con las fiestas. También con otros asuntos como el que ahora nos atañe. Qué fácil me resultaba criticarlo todo cuando estaba en la oposición. Lo reconozco y pido mis disculpas a todos aquellos que en su día se vieron afectados por el látigo tan poco comprensivo de mis palabras, porque por más que, siendo concejala, en algo te haces una idea de cómo funciona el aparato administrativo de un ayuntamiento, ni soñando me llegué a imaginar cómo es esto por dentro. Y aún estando dentro, admito que muchísimas cosas se escapan a mi modesta comprensión, que se va haciendo cada día más amplia. Reconozco haber crecido en este aspecto muchísimo más en estos últimos meses de mi vida que en los treinta y muchos años precedentes. Como dice un compañero mío: “por cada cosa que sé hay nueve que desconozco”, con lo cual, me queda tanto por aprender de lo que no tengo ni idea… El ayuntamiento se me asemeja a algo así como un cuerpo humano. Desde fuera, un cuerpo humano desnudo llega a ser bonito o feo, atractivo o repulsivo. Su piel, a veces suave, sana, uniforme, te invita irresistiblemente a la caricia frugal. Otras veces, el sólo hecho de observar algún bache en una piel, llámese cicatriz, obesidad, vello, etc., te puede llegar a producir asco o rechazo. Pero, en definitiva, sólo vemos piel y algunos órganos externos que actúan y cumplen sus funciones aparentemente, y sólo aparentemente, sencillas. Después de muchas investigaciones y observaciones, la humanidad ha llegado a entender el funcionamiento interno del cuerpo humano, aunque aún no en toda su complejidad… ¿Cómo? Pues sumergiéndose en él, en todas sus funciones, en todos sus mecanismos y no sin pocos sobresaltos e incomprensiones (que le pregunten si no a Miguel Servet). Hoy por hoy sabemos que algunos indicios externos significan que algo por ahí adentro no va bien. Por ejemplo: A nadie se le ocurriría que si su hijo se señala el ombligo diciendo “me duele aquí”, se le podría curar el dolor con una crema para la piel -porque es piel en definitiva lo que señala el pequeño-, pues posiblemente le duele el estómago o el intestino o el hígado o un riñón, o tiene gases o vaya usted a saber si el chiquillo tiene un cáncer de páncreas o una apendicitis. Pero, sin duda, cuando un órgano no funciona, el resto del cuerpo tiene problemas. Y hay evidentemente órganos que son más importantes que otros, y es imprescindible su funcionamiento para que el cuerpo responda como es debido. Por ejemplo, el corazón, la sangre, el cerebro, los pulmones… Un cuerpo en el que el corazón está tocado y sus pulsaciones van lentamente no podrá correr una maratón sin caer a los primeros metros de esfuerzo. Con la sangre pasa igual: la leucemia o cáncer de la sangre sucede cuando las células sanguíneas inmaduras (los blastos), se reproducen de manera incontrolada en la médula ósea y se acumulan tanto ahí como en la sangre, logrando reemplazar a las células normales. Muchas de nuestras administraciones, nuestro ayuntamiento no es la excepción, están aquejadas en ocasiones de baja frecuencia cardiaca y de leucemia. Que me perdonen los intocables que se puedan sentir aludidos o atacados por estas palabras; si no estuviera en lo cierto nadie tendría por qué sentirse aludido u ofendido. Pero es comprensible que así suceda porque ni todos nos comportamos de igual manera ni somos igualmente tolerantes. No echo la culpa de nada a las personas concretas; desde mi modesta opinión es el sistema que los hace intocables el que falla, en todo caso. Creo que no soy la única que opina esto. Verán: Cuando yo era pequeña (tres o cuatro años, algo recuerdo vagamente de unos pavorreales del Parque García Sanabria), mi madre y mi abuela me llevaron a un psicólogo de Santa Cruz porque creyeron que yo estaba loca, literalmente, porque no paraba quieta ni un minuto, no hacía caso de nada, todo el día haciendo diabluras peligrosamente en aquellos volcanes que rodeaban mi casa: una niña sin ley. El psicólogo este me prescribió unos tranquilizantes cuyos efectos llegaron a preocupar a mi madre y a mi abuela, porque me sumieron en una suerte de letargo que me amuermaba en una esquina y alguna que otra mosca se burlaba de mí atreviéndose a posarse en mi boca, no logrando por mi parte el menor aspaviento de autodefensa. Mi abuela, ni corta ni perezosa, convenció a mi madre de que la visita al psicólogo había sido un fracaso, que ese medicamento no me hacía nada bien, que me estaba dejando boba. Mi personalidad evidentemente era así, dinámica, rebelde y desobediente, y desde entonces me dejaron hacer a mi antojo, no sin atenerse a las consecuencias de liberarme del nefasto medicamento, y por supuesto les agradeceré siempre esa sabia decisión. Desde que conozco al completo esta anécdota siempre he pensado que este psicólogo desafortunado no logró detectarme los indicios evidentes de hiperactividad o será que definitivamente la hiperactividad no era un asunto que estuviera de moda en una época en que los manicomios estaban llenos, y cuántas veces de gente con rasgos de genialidad. Con todo esto quiero decir que usted puede ver un cuerpo humano bello y no imaginarse ni por asomo si sufre de cáncer o está sano, si quien lo lleva puesto es buena persona o es de una ínfima bajeza de principios incalculable, si está contento o arrastra consigo una terrible pena. Y luego de disfrazarse con hermosos gestos, vestidos y afeites, porque los adornos de nuestro cuerpo son simplemente un disfraz, menos aún puede usted saber que un cuerpo está tocado de una enfermedad, física o psíquica, o está sano. Todo se descubre a poco que se comience a indagar en él desde una óptica más cercana. Bueno. ¿A qué viene todo este argumento que ya ustedes conocen o imaginan por lo menos? Diré que detesto profundamente a las personas que se consideran poseedores de la verdad absoluta, porque la verdad absoluta simplemente no existe; todo depende de quien la interprete. Últimamente proliferan los que, teniendo un simple indicio, ya se autoproclaman soberanos del saber, de la verdad absoluta. ¡Pobres! Es como cuando un tipo ve a otro tipo con los ojos caídos de haber pasado una noche de parranda y le diagnostica un cáncer de útero. Si ni siquiera un solo médico puede diagnosticar una enfermedad complicada, cuánto menos un medio de comunicación que posee un papel con unos cuantos datos o un señor a quien le comentan una opinión interesada tomando un cortado en el Hespérides pueden aseverar un hecho por sencillo que sea. En los últimos tiempos mi pueblo desgraciadamente está dando que hablar y está siendo arrastrado por el fango por estar inmerso en las diligencias previas 736/2007. Digo mi pueblo, sí, aunque les pueda parecer que me he equivocado. Puede que tal vez más bien me quede corta y debiera haber dicho el planeta Tierra. En estas diligencias previas son tantísimos los hilos que se mueven que seguramente me quedé corta. No sólo es nuestro ex-alcalde y su junta de gobierno local; también participan en el proceso muchos comerciantes, muchos prestadores de servicio de todo tipo y de todas partes, no sólo de este pueblo, muchos técnicos, muchos funcionarios, no sólo los de este ayuntamiento, muchos políticos, muchos ciudadanos… Todos se merecen un respeto. Ahí está para algo la presunción de inocencia, que hasta la fecha se ha burlado por activa y por pasiva. El juzgado pide información para esta causa día sí y día también en unos volúmenes capaces de paralizar la administración más ágil, qué no diré de una medio maltrecha como la nuestra. Hay veces en que en ese cuerpo humano que es el ayuntamiento las manos van veloces como el rayo y el corazón a catorce pulsaciones por minuto o como dice una compañera “Yo voy a gasolina 2500 y el otro a gas, y yo dependo de ese otro”. Si la locomotora va a gas y los vagones a gasolina 2500 ¿qué te queda sino la desesperación? ¿O la burla y el escarnio de los que están afuera que consideran que todo depende de un vagón? ¿No es esto un análisis parcial o interesado? ¿No es esto un no enterarse de la misa la media (sin querer o porque sí, para hacer daño no se sabe con qué vil propósito)? En mi pueblo dicen aquello de “como éramos pocos, parió la abuela”. Como la cosa no está complicada, gracias a Dios, encima proliferan, cual cáncer que corroe la opinión pública, los poseedores de la verdad absoluta que dispersan esa verdad absoluta cual ventilador bocazas. No reparan en que existe una ley que protege los datos personales de la gente y en función de ella se pueden tomar medidas oportunas en su contra por divulgar ciertos datos sin respeto a diestro y siniestro. Pero nos queda la esperanza de que al final todos calvos, que si no, a ver para qué están las leyes entonces. Y lo peor de todo, encima la gente los cree a pie juntillas por más que en muchas ocasiones se contraponen unas cosas con las otras. Bueno ¿la gente qué sabe, qué culpa tiene la gente? A partir de estas opiniones interesadas la gente va sacando sus propias conclusiones, que al final son una parte de la realidad bastante minúscula. La verdad absoluta no merece la pena ser buscada. Ojalá los vagones de alta velocidad pudieran ir por libre sin necesidad de depender de locomotoras de la época de la revolución industrial. Ojalá el cuerpo tuviese todos los órganos sanos y esa salubridad pudiera traslucirse sólo con ver la superficie externa. Ojalá no existiera el cáncer de la autodestrucción en algunos cuerpos. Y ojalá esos proclamadores de las verdades absolutas, antes de hablar, tuvieran la paciencia de contrastar la información completa con todas las partes y dejaran de entorpecer el trabajo ajeno con su ímpetu suicida. Ojalá encontraran algo más interesante que hacer en sus vidas que sembrar la incertidumbre, y dejaran trabajar a la administración y a la justicia, para que podamos creer en ellas, que buena falta nos está haciendo, porque lo cierto es que, viendo que en la calle se manejan sin impunidad ni respeto las declaraciones de los juzgados a las que ni la propia administración local tiene acceso (por más que parte de ella parece ser partícipe) por ciudadanos cualesquiera y por medios cualesquiera -algunos de descomunicación, claro que sí-, no puedo pensar sino que esto es un cachondeo… Esto no es justicia ni es nada. Esto no es información ni es nada. Esto no es verdad ni es nada… Sabemos que la justicia es lenta. Por algo será que lo dicen. Ojalá estos mensajeros de la verdad absoluta pudieran ser menos impacientes y dejaran que esa lentitud sea, en efecto, y que los propios ciudadanos al final de todo el proceso puedan sacar sus propias opiniones y su propia verdad con autonomía. Quizás ésa en la que todos coincidiéramos, que no será otra que la verdad absoluta ¿¿Un gesto?? ¡¡¡Y una mieeeerda…!!! En estos últimos diez posts que he puesto anteriormente he intentado salvar las palabras que una vez existieron en este blog y que un día triste desaparecieron incomprensiblemente para muchos. En la web donde se alojaban mis textos, por ser de funciones más bien limitadas, es imposible recuperarlos con la complejidad original de enlaces, fotos, vídeos, sonidos, etc., por lo que he optado por salvar las palabras que son para mí lo más valioso del conjunto, no sin seguir pensando que ha sido la tontería más grande que he cometido en mi vida y que nunca jamás nadie va a poder compensarme el haberla llevado a cabo. En estos seis meses me he dado cuenta de que cuando se te exige un gesto es porque vas a recibir algo en compensación. A cambio de ese gesto, yo no he recibido nada positivo en todo este tiempo, por lo tanto “no hay gesto que valga si no es mutuo”. Lo siento de veras por quien ingenuamente pensaba en ello como una solución. Espero que no se me vuelva a exigir un gesto semejante si no se tiene claro lo que se está pidiendo. Como dice un compañero: “Aquí o follamos todos o matamos a la puta” (perdón, quise decir: “aquí o jugamos todos o rompemos la baraja”, aunque ésta última no es la frase de mi compañero sino la otra, pero no voy a jugar a la hipocresía). En todo este tiempo por supuesto que no he dejado de escribir un blog, un blog que sólo unos pocos y respetuosos amigos han conocido y compartido conmigo, unos pocos amigos que no se merecían ese “gesto” inexplicable de perderme para siempre. Aquél ha sido un blog temeroso, proscrito, clandestino, un espacio que no tiene sentido para una persona que defiende la libertad de expresión y aun el libertinaje expresivo si se quiere. Maldita la hora en que “celebré” ese primer año borrando los textos de este blog, pensando ingenuamente en que era una solución a todos los problemas, que no sólo no han cesado, sino que han ido en aumento. Prometo no volver a cometer la estupidez de amordazar algo tan bello como la libertad de la expresión, algo tan admirablemente hermoso como el idioma. Me resulta increíble que como filóloga me sienta la protagonista de este horrendo crimen contra la expresión, cuando yo jamás he exigido a nadie el gesto de abandonar su hobby ¿quién soy yo para pedir cosa semejante? Mis queridos lectores, si se me permite, pido mis más sinceras disculpas por esa estupidez y asumo lo que suceda a partir de este momento en que una rebelión expresiva sin precedentes se apodera de mi persona. Intentaré, sin embargo, ser discreta y respetuosa, aunque me apetezca contar muchas más cosas de las que realmente cuente. A veces, la envidia y la cortedad de miras hacen que ese respeto y esa discreción se tergiversen y se malinterpreten a conveniencia. Creo que no es tarde para enmendar los errores. Va por ustedes esta vez. ¡¡Viva la libertad de expresión!! Un gran beso y gracias por seguir ahí. No hay "gesto" que valga si no es mutuo (10ª parte)Se muestran los artículos pertenecientes al tema historia y costumbres. 27/11/2005La niña de los ojos de Blas (Por Camy Domínguez)Hace un par de meses me invitaron para dar una charla el 24 de noviembre de 2005 en el colegio del Buen Consejo de Icod acerca de la zona de las Angustias y, no habiendo encontrado demasiados datos al respecto, y teniendo como cometido cubrir una hora aproximadamente de exposición, me dediqué a divagar en una excusa argumental para entretener a mi auditorio mientras se asaban las castañas en el patio del colegio. Pido mil excusas a los que estuvieron por la decepción que debieron sufrir, pero ahí estaba el compromiso y no había marcha atrás posible. Se lo dedico con cariño a Elena, mi ex-compañera de instituto y actual de corporación, por demostrar mayor paciencia que yo para leer lo que escribo. También al "genio de las lámparas de aceite de soja refinado" por no haber estado presente entre el público como yo hubiera querido. "LA NIÑA DE LOS OJOS DE BLAS ¡Oye! Tanta demora empieza a parecerme bastante preocupante. Mi prometido, el mencey Belicar, hijo de Chincanayro el Grande, todavía no ha regresado y hace ya varios días que salió a pactar con unos invasores forasteros para evitar los encuentros sangrientos con nuestra gente, porque hay que ver que una batalla sangrienta es lo más inmundo y detestable que puede sucederle a un pueblo. Los nuestros, sin lugar a dudas, son muy valientes y conocen a fondo el terreno. ¡Estaría bueno que no! Pero tengo entendido que ellos, los extranjeros, van armados hasta los dientes con pólvora y unos peligrosos artilugios que llaman espingardas y arcabuces, que son capaces de matar a la gente de un fogonazo. Pero al valeroso Belicar le bastan su valentía, sus músculos y su capacidad de negociar en cualquier situación. Desde ayer estoy que si bajo, que si no bajo en su busca. Quedaron en que se reunirían cerca del río de Ycod, a la sombra de un enorme drago que hay en aquellos alrededores, y desde allí partirían a hablar con Bencomo, el mencey de Taoro. A lo mejor mi amado Belicar me necesita a su lado, pero ¿en qué podría ayudar una muchacha como yo ante tamaños interlocutores? Probablemente en nada. Un hombre valiente como él no necesita de mis humildes consejos, y mucho menos de mi fuerza física, que es prácticamente insignificante. Pero es mi deber enterarme de en qué anda metido mi futuro esposo y si ya se ha resuelto ese rollo para bien de nuestro pueblo y, por supuesto, de nuestro futuro matrimonio. Por las buenas, tal vez a estas horas estarán celebrando el pacto bailándose un tajaraste en cualquier rincón. Y por las malas, tampoco es que esos extranjeros sean un problema. Mi amado Belicar es un hombre fuerte y luchador y los hombres que lo acompañaban, al frente de Rosmén, el mencey de Daute, Pelinor el de Adeje, y Adjoña el de Abona, que también son bastante valerosos y sabios, seguro que se bastan y se sobran para dejarles claras cuatro cosas a esos bergantes. Ya lo creo que sí. ¿Con qué derecho arriban a nuestras playas y se hacen los dueños y señores de todo? ¡Vamos, hombre! Lo que faltaba. ¡Ay, pero qué angustia no saber nada de él! No puedo aguantar más este desasosiego. Yo tengo que hacer algo, porque aquí, en estas peñas de Ar Tahone, de poco voy a poder enterarme si no me muevo ahora mismo. ¡Ya sé lo que voy a hacer! Sí, señor. Me necesiten o no, voy a plantarme ahora mismo allá abajo. Primero tengo que dejar todo listo. Los rebaños ya han comido lo suficiente por hoy y los tengo resguardados en el corral de la otra cueva. Así que, si me pongo en camino ahora mismo, regresaré antes de que amanezca. El gran Magec que nos calienta ya pronto empezará a declinar. Iré, pues, allá abajo y que su espíritu me proteja. Por si acaso, llevaré conmigo algunas provisiones en este zurrón. No es cuestión de hacer tan largo camino con la tripa vacía. Y llevaré también una tabona afilada. Ésta de aquí parece la más aparente. Nunca se sabe. Bueno. Ya tengo todo lo necesario, así que… ¡En marcha! Está haciendo un poco de brisita, como si fuera a llover. No es de extrañar. Para el mes en que estamos, ya están tardando en caer las primeras lluvias. Habrá que pedirle al gran Dios que nos envíe las aguas cuanto antes para que no se nos pierdan las pocas cosechas que tenemos. Me abrigaré un poco mejor con el tamarco y con la caminata pronto entraré en calor. Sin embargo, la naturaleza es sabia, porque mira esos madroños coloraditos que parecen empachados de agua… Si pudiera trepar me los llevaría para comer con el gofio, pero están tan altos... Bueno. Ya los cogeré a la vuelta, porque no debo detenerme ahora. Con un poco de suerte todavía quedarán peras en las laderas del Río. Se supone que yendo todo el tiempo en dirección al poniente encontraré pronto el camino que me lleve hasta donde está mi amado Belicar. Nunca he estado allá abajo, pero a él mismo le he oído nombrar muchas veces que hay que seguir en línea recta hacia el poniente hasta donde el camino se bifurca. ¡Es que mira que yo soy temeraria también! Tenía que haberle pedido a alguien que viniera conmigo. ¡Ay, pero es que lo echo tanto de menos, que ni en eso pensé! El otro día, mientras cuidábamos las cabras, él me cantaba bajito una canción muy hermosa que decía así: Yo soy un pino del monte Él me cuenta sus tristezas Sube a la rama más alta Cántale a valles floridos, ¿A que Belicar es adorable? De verdad que sí. Para él soy la niña de sus ojos. Y hablando de dragos, ahora no sé yo por cuál de estos dos atajos se llega a ese drago grande. ¿Era por el de la derecha o por el que está junto al naciente? Creo que éste de la izquierda debe ser el que llaman el camino real. Voy a seguir por aquí y por Acorán que no me equivoque, porque, si no, se me hará de noche en el camino, y entonces sí que estaré perdida. Y volviendo a los dragos. Me acabo de acordar de una historia que me contaron que dice que los antiguos griegos llamaban al Estrecho de Gibraltar las “Columnas de Hércules” y que, más allá de éstas, en el extremo de la Tierra, estaba el divino “Jardín de las Hespérides”, que supuestamente se encontraba en estas islas. Las Hespérides, hijas de Atlante, eran siete y cuidaban su magnífico jardín, cuyos árboles producían manzanas de oro, de las que se apetitaban tanto los dioses como los hombres. Gea, la diosa griega que simbolizaba a la Tierra, había regalado estas maravillosas manzanas a la diosa Hera por su boda con Zeus. A la entrada del jardín, custodiándolo, había un horrible dragón de siete cabezas. Cuentan que en cierta ocasión, Euristeo ordenó a Hércules doce trabajos y uno de ellos consistía en robar las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides. Hércules, tras sortear muchos peligros, se enfrentó al dragón y logró apoderarse de las manzanas, aunque las Hespérides le advirtieron de que a los dioses no les iba a agradar este robo y que las manzanas, de una forma u otra, retornarían a su lugar. Esta advertencia fue contada por Hércules a Euristeo al entregarle el botín y Euristeo, para librarse de la ira de los dioses, le regaló las manzanas a Hércules como premio por su hazaña. Hércules se las ofreció a la diosa Atenea, quien las devolvió a su sitio. ¡Manzanas de oro! ¡Qué cosas! ¡Mmmm! A manzanas no, huele como a aserrín. A juzgar por el olor de la tea, yo diría que por aquí cerca está el Aserradero, donde los pinos se transforman en tablones para muebles, construcciones o barcos. ¡Ños! ¡Mira que es peligroso bajar por este lado del Río! Antes me pasó rozando los tobillos un tablón con un señor sentado encima y ahora acaba de pasar otro. Por sus voces pidiendo que me apartara, me pareció que era portugués. ¡Estos portugueses están por todas partes! Desde que llegaron a la isla, todos los pinos del monte acaban en San Marcos convertidos en barquitas de pesca. Fíjate que ya casi no queda ninguno en las laderas de Boquín. Es que arrasan con todo y todo lo arrastran por el suelo, acostumbrados a las corsas esas que usan allá en Madeira. ¡Qué peligro tienen! Yo no sé para qué querrán los remos si no los usan para frenar. ¡Adiós! Y ése que viene subiendo escarranchado en el mulo ¿no es el que escribió la historia de Robinson Crusoe? Miraré hacia el suelo para no saludarlo. Es que las mujeres de mi tribu no debemos tratar con los extranjeros así como así. Y mucho menos si estamos prometidas. A mi amado Belicar no le gusta que sea una mujer casquivana que habla con cualquier desconocido. Seguro que éste va a cas el señor Ravelo a comprar el famoso vino de malvasía. Lo acabo de mirar al rabo del ojo y, para mi gusto que, a pesar de su fama de gran literato, el hombre tiene cara de ser bastante… “vinagre”. ¡Y qué feo que se ve un viejo con esos tirabuzones blancos tan horrorosos! No me extraña que vengan de tan lejos con la fama que están teniendo los malvasías que se cosechan en esta zona. Dicen que son de los mejores del mundo y que en las cortes europeas se los rifan. ¡Cualquier día acabarán llamando a este lugar Ycod de los Vinos! Y hablando de beber. Ahí en el Bebedero me voy a parar un rato a tomar un buche de agua fresca, porque tengo la garganta más seca que un panasco. Así puedo comer un fisquito de gofio y unos higos, para matar un ajilorio, porque debe hacer ya un buen par de horas que estoy andando. ¡Ah! ¡Qué relajante suena el chorro del manantial y qué fresquita está el agua! ¡Jo! Y este gofio me ha quedado riquísimo. Si hubiera alguna manzana ahí encima en esas laderas, de buena gana me la robaba aunque estuviera custodiada por un dragón. Y hablando de laderas… Hace un par de días, mientras cuidaba las cabras en una ladera de la montaña grande del oriente, le oí decir a uno de los nuestros que el mencey Bentor se había suicidado lanzándose al vacío desde los riscos de Tigaiga. Parece que estaba bastante amargado porque no quería ser esclavo de los forasteros. ¿Y quién le habrá dicho a éste que va a ser esclavo de los forasteros? Creo que está un poco mal de la azotea. ¡Menudo gallina! ¡Bonita forma de enfrentar los problemas! Para eso, mi Belicar, tan valiente que no dudó un segundo en ir a hablar con esos extranjeros. Y si hace falta, acaba con ellos a pedradas. Aunque, pensándolo bien, yo no he visto nunca a los extranjeros. Dicen que son tan malvados que a los hombres los llevan a su tierra para hacerlos esclavos y, en el mejor de los casos, para cuidar rebaños, y a las mujeres las violan y pocas de ellas sobreviven. Creo que si a mí me quitasen por la fuerza la libertad o la honra, también me volvería loca. Cualquier cosa antes de ser esclava de esos indeseables. Bueno, creo ya he descansado bastante. Ahora debo continuar el camino, porque faltan pocas horas para que anochezca y he de encontrar a mi amado Belicar. Ah, mira, aquella de lo alto de la Furnia debe ser la casa del Corregidor don Jerónimo Boquín. Da la impresión de que la están arreglando porque las ventanas lucen nuevitas. Desde allá arriba la vista de Ycod debe ser espectacular. ¡Cómo me gustaría echar un vistazo al paisaje desde una de esas ventanas! ¡Ah! Por lo que veo, van a hacer una plaza aquí, porque tienen una fuente preparada para instalarla. Sssss. ¡Escuche! ¡Escuche! Es el traqueteo del viejo telar de doña Rosa del Sacramento, la madre superiora del convento de las Bernardas, que estará tejiendo sus tafetanes archiconocidos en el mundo. Dicen que la madre superiora, a pesar de sus años, teje sus ricas telas hasta la madrugada con la única compañía de una vela. Yo creo que una ancianita como ella debería retirarse a descansar más temprano, no sea que un día la vigilia y la vela le jueguen una mala pasada y vayamos a tener que lamentar una desgracia. ¡Ay! ¡Pero con cuánto gusto cambiaría yo estas pieles de cabra por el tacto suave de la seda! Dicen que cuanto mejor alimentados están los gusanos, más suave es el producto, y por aquí para abajo veo muy frondosos morales, así que el tacto de un vestido de tafetán o de unas medias debe ser maravilloso. ¡Pero qué ilusa soy! Una pobre muchacha como yo, por más que sea la prometida del gran mencey Belicar, me temo que nunca podré aspirar a semejante lujo, reservado únicamente a las damas de la corte de Felipe V, ese que tiene un apellido así como Bombón o Borbón o como se diga, que es nieto de Luis XIV, el rey de Francia, y que lleva una peluca como la de su abuelo, pero blanca. ¡Ahora los hombres, con peluca! ¡Vaya modas! Si es que cualquier día la confusión será tanta que acabarán casándose entre ellos. ¡Ah, mira! En esa ermita, detrás de la casa consistorial, debe ser donde pusieron a San Marcos, la imagen chiquitita que hace muchos años encontraron unos hombres de Chincanayro a la orilla del mar cuando enterraban en una cueva del acantilado a una mujer que murió durante el parto. ¡Pobrecita! Tanto esfuerzo para nada. Luego fue mi amado Belicar quien, después de mucho tiempo de venerarla nuestra gente, le mostró la cueva a un cura llamado Ruy Blas y le entregó la imagen que guardaba el alma de nuestros muertos, para que la custodiara él. El cura dijo que la imagen se llamaba San Marcos y que era un evangelista. No sé lo que será eso pero… ¡Desde luego! ¡Qué nombre más raro! Y también llamó con ese mismo nombre la cueva y la playa. Pero no sé si al final se entendieron porque el cura hablaba portugués y mi Belicar apenas sabía un poco de español en ese entonces. Total que el cura se trajo la estatuilla de San Marcos hasta aquí arriba y los extranjeros le hicieron esta ermita para adorarlo como hacían los de mi pueblo. ¡Por fin! Míralo ahí. ¡Ése es el drago grande! La fecha en que estamos y parece mentira que conserve todavía la flor. Dicen que un drago florecido es símbolo de buenas cosechas. ¡Qué bien! Y yo que ya empezaba a preocuparme por la lluvia… ¿Verdad que es enorme? La base del tronco debe medir por lo menos veinte metros y casi otros tantos de altura. Y ese tronco retorcido con un aspecto tan monstruoso… Cuentan que una vez arribó a la Playa de San Marcos un mercader en busca de la famosa “sangre de drago”, que se usaba en Europa para fabricar productos farmacéuticos, pinturas y lacres, y, que al llegar a la orilla, vio a unas jóvenes guanches que se bañaban desnudas y, loco de deseo, comenzó a perseguirlas, consiguiendo atrapar a una de ellas. La muchacha, para embelesarlo, le ofreció frutos de la tierra y el forastero, pensó que aquellos frutos eran las manzanas del Jardín de las Hespérides y, mientras comía y dejaba volar su imaginación, la muchacha se le escapó, refugiándose en el bosque junto al barranco. Él la persiguió un buen trecho, pero se tropezó con un drago que movía sus ramas amenazantes como espadas y tenía el tronco retorcido como una serpiente. En el interior del tronco se ocultaba la muchacha. El hombre, asustado, le lanzó una flecha al tronco, de donde brotó sangre de drago. Entonces huyó despavorido, convencido de que había dado con una de las Hespérides y de que el mítico dragón la había defendido. ¡Pues no me extraña que se haya confundido con la forma tan terrorífica que tiene! Dicen que el naturalista francés Bouquer de Grye le preguntó a un jardinero por qué los dragos tenían esa extraordinaria forma en sus ramas y aquél le contestó que si a un drago de veinte años le tronchásemos la cabeza, daría en seguida diez cabezas, y si a los diez años le volviésemos a repetir la operación, en cada una de las nuevas cabezas se volverían a reproducir otras diez. ¡Mi madre! ¿Qué alaridos serán ésos? Ah, claro, es que allí, detrás del drago, está la Casa de la Inquisición, que es la del balcón de tribuna saliente y ventanas de corredera. Parece que hace unos años, en 1687, y con la mejora económica debida al comercio de vinos, Ycod consiguió la independencia inquisitorial, y desde entonces tiene su propia Comisaría de Inquisición con un comisario y tres notarios que dependen del Tribunal de Las Palmas. El comisario se llama don Manuel Pérez Rijo, que hace poco fundó una ermita en Santa Bárbara. Esto de la inquisición a mí me da muy mala espina, porque parece que, cuando una persona es denunciada y se abre el proceso, el fiscal dicta la orden de arresto y, si la causa es grave, se le intervienen los bienes del acusado. Luego lo encarcelan y lo aíslan, sin comunicarle siquiera las causas de su detención. El reo tiene que confesar sus errores y pecados, y, si resultan contradictorios, lo torturan. ¡Qué fuerte!, ¿no? ¡Adiós! Mira, mira. Por ahí salen con una mujer vistiendo el sambenito, que es como un escapulario grande que llevan los penitentes reconciliados al cuello. El sambenito es la pena mínima que puede recibir un reo, porque lo siguiente serían los azotes, la cárcel y en los casos más graves los condenan a las galeras o a la muerte, sobre todo cuando se trata de herejes no arrepentidos o de reincidentes en faltas graves. Si se arrepienten previamente, los estrangulan y luego queman sus cuerpos, pero si no se arrepienten, los meten vivos en la hoguera. ¡Jo! ¡Menuda burrada! Menos mal que a los reyes Borbones no les gusta eso de la inquisición y dicen que la van a abolir. Parece que a mi amado Belicar se lo tragó la tierra, porque no está por estos alrededores tampoco. Pues seguiré para abajo a ver. ¡Huy! ¡Qué bonitas mariposas y qué alas tan grandes y coloridas tienen! ¿De dónde habrán salido estos bellos ejemplares? En mi vida los había visto. Seguro que no son de por aquí. Ahí pone “Calle de los Molinos”. ¿Qué será ese ruido que estoy oyendo a lo lejos? Parece como si fuera un tambor. ¡Eso es! Y está sonando un tajaraste que cada vez se acerca más. ¡Eso va a ser lo mismito que yo dije!: Belicar y sus hombres han llegado a un acuerdo con los extranjeros y ahora lo están celebrando al son del tajaraste. ¡Qué bueno! Por fin libres de ese rollo podremos pronto unir nuestras vidas y ser felices para siempre. Pero no. Yo lo que oigo es más bien un griterío como de niños asustados. Y parece que vienen hacia aquí. Sí, hacia aquí se dirigen. Están ahora por donde don Alonso Fernández de Lugo, el Adelantado, tenía sus posesiones, por eso la calle lleva su nombre. Ahí mismo fue donde se engendró la villa de Ycod. ¡Cruz, perro maldito! ¿Y qué es aquello que viene para acá corriendo detrás de los niños? Parecen monstruos que se acercan al son del tajaraste. Me está dando un miedo… Con razón huyen las pobres criaturas, porque lo cierto es que son bastante feos. ¡Santo Cristo del Calvario! Si es la imagen de la Guayota con el rostro regañado y unos enormes cuernos. Y viene corriendo hacia aquí con el rabo ardiendo. Me pregunto cómo se habrá escapado de las entrañas del Teide. Que Acorán me ampare porque yo voy a esconderme en esa casa en ruinas. Espérate que saque mi tabona afilada por si acaso. ¡Ay! ¿Y eso que está ahí? ¿qué es? Parece como uno de esos monstruos. Ah, no. Es sólo una cabeza enorme y unas ripias de madera cubiertas con un vestido de color púrpura que alguien ha debido dejar abandonado. El vestido es bastante bonito. Voy a probármelo, y como me sirva, me lo llevo puesto. Pues vaya que sí. Ni hecho a la medida. ¡Que bien! Parece que esos diablillos saltarines han pasado de largo y se han ido con la música a otra parte. Eso debe ser lo que llaman las libreas, lo último que queda de las procesiones medievales del Corpus Christi. En principio se trataba de una representación de la lucha del demonio y los pecados contra el Arcángel San Miguel, que siempre les vencía en la contienda y acababan huyendo de la Eucaristía. Por lo visto, en aquel entonces era una forma simbólica que servía para avivar la fe del pueblo de la forma más didáctica y amena posible. Debió ser introducida en Ycod por los hombres que llegaron con el Adelantado y se establecieron en estas tierras. Al principio se hacía la representación dentro de las iglesias, y luego pasó a las calles que debían estar barridas, regadas y enramadas con flores. Pero era de esperar que esto se les fuera de las manos, porque la cosa empezó a considerarse cada vez de peor gusto, por irreverente y poco religiosa. Llegó a un punto en que perdió todo el simbolismo que tenía inicialmente. Dicen que hace poco el rey Carlos III y sus ministros han prohibido que estas manifestaciones tengan lugar en las procesiones del Corpus y por eso se han ido desviando a otras celebraciones y haciéndose un lugar en las fiestas de los barrios gracias a la tolerancia del clero. ¡Adiós! ¿Quién será aquél que baja por la calle Hércules? Me suena la pinta. Por la casaca roja, las medias verdes y esa cara toda empolvada de blanco engalanada con la peluca de tirabuzones, yo diría que no es otro que don Cristóbal del Hoyo, el Vizconde de Buen Paso. Habrá venido a arreglar algo en la hacienda de la Acequia, en el solar de los Alzola, donde estuvo la plantación de caña de azúcar. ¡Fuerte rebelde que está hecho! Mira que ser el primero en Tenerife que se puso una peluca como los franceses. ¡Me imagino la revolución que se armaría! Y hay que ver qué pinta lleva. Pero como escritor es insuperable. No hace mucho, cuando volvió a Canarias, después de tantos líos y andanzas por la corte, escribió un soneto muy bonito que dice así: ¡Oh, cuán distinto, hermoso Teide helado, Tú mudas galas en el tiempo airado, ¡Dichoso tú, pues mudas por instantes Para ti llegará la primavera, ¡Ay! Parece que el Vizconde se me acerca. Voy a preguntarle si ha visto por aquí a mi amado Belicar. ¡Desde luego! ¡Qué hombre tan elegante y solícito es el Vizconde! Lo he saludado y, con un tono adulador, va y me suelta que mi silueta es tan “esbelta y grácil como su palmera de la Acequia”. Pues no sé si tomármelo como un cumplido o es que se está burlando de mí, porque ¿cómo puede decirme semejante cosa viéndome con este vestido que acabo de encontrar? Espero que mi bienamado Belicar no se entere nunca de esto porque sería capaz de emprenderla a pedradas con el Vizconde. Pero me ha pedido que lo acompañe hasta el final de la calle, para mostrarme la ermita de Nuestra Señora del Tránsito. Sólo podremos verla por fuera, porque es propiedad privada de una pariente suya que ahora no está en casa. Esta ermita la construyó el marido de ella, don Domingo de Torres, que fue Alcalde Real Ordinario de Ycod, tras obtener la licencia en 1766 y, por lo que me cuenta el Vizconde, es semejante a otra que está más allá, la de Las Angustias y las dos están llenas de tesoros traídos del otro lado del océano. Mientras echo un vistazo a la hermosa fachada de la ermita con sus rectos canalones de desagüe, el pequeño campanario y la hacienda contigua de los Ossuna, le pregunto al Vizconde si no habrá visto por casualidad a Belicar y sus hombres. Me explica que lleva un poco prisa, pero antes de alejarse calle abajo en dirección a su hacienda, con una sonrisa enigmática y burlona, me dice que vaya y pregunte al final de la Calle los Molinos, que allí encontraré la hacienda del Molino Nuevo, que pertenece al hermano de don Domingo de Torres, el Capitán don Marcos de Torres y Borges, que es el alcaide del castillo de San Antonio de la Marina del Puerto de Santa Cruz y regidor perpetuo de Tenerife. Aunque don Marcos está viviendo en Santa Cruz, pasa mucho de su tiempo libre por estas tierras de Ycod. Este don Marcos, como todos los indianos, tiene gran interés por mostrarse ante la gente como rico, generoso y privilegiado, y por eso no escatima en invertir en casas y donaciones al pueblo y a la iglesia. ¡Hombre! Si no fuera por sus riquezas sería imposible hacer tales alardes, porque, según me dijo el Vizconde, no hace mucho que don Marcos regresó de México, que es uno de los puertos de Indias con los que Canarias puede comerciar. Se embarcó allá por el año 1734 y desde aquellas tierras ha estado mandando objetos de gran valor. Sin ir más lejos, en la hacienda del Molino Nuevo fabricó la ermita a Nuestra Señora de las Angustias. Parece que su segunda esposa, doña Clara Magdalena de Chirino, hija de los marqueses de Fuente y Palmas, es una mujer piadosa donde las haya y estaba apenada porque los pobres de por aquí sentían vergüenza de asistir a misa, ya que sus vestidos raídos no estaban acorde con los de la gente que acude normalmente a la iglesia de San Marcos… Y claro que los pobres no son de llevar peluca, ni camisas de encaje de esas que se ponen las gentes de estamentos sociales superiores. En la hacienda de don Marcos de Torres había sucedido un horroroso incendio. La casa solariega fue pasto de las llamas y allí murió su primera esposa, doña Magdalena Méndez Fernández de Lugo. Pues como decía, la segunda esposa de don Marcos de Torres le pidió a su marido que en el solar donde había estado la casa construyera la ermita y, en septiembre de 1747, le pidió la licencia para construirla al obispo don Juan Francisco Guillén. Se ve que don Marcos ya lo tenía todo pensado, porque allí colocó la imagen de la Virgen María Santísima de Angustias y Dolores que se trajo consigo de la corte de Nueva España, una hermosa talla de madera policromada, cubierta con tejidos naturales que él mismo había mandado a esculpir en 1741 a un imaginero amigo suyo, cuyo nombre se desconoce. Dice que la ermita, que es de arte mudéjar, aunque yo no entiendo mucho de esos menesteres, sólo tiene una nave en forma rectangular con el tejado a dos aguas y una campana de buen metal traída también de México. Por lo que me dijo el Vizconde, el 22 de septiembre de 1748, que fue el día en que colocaron la imagen de la Virgen de las Angustias en la ermita, por la mañana la subieron en procesión desde la hacienda del indiano hasta la iglesia de San Marcos. Allí don Francisco José de Vergara, rector de la parroquia, dijo el sermón, que estaba escrito en ese lenguaje barroco grandilocuente que está de moda y que tanto le gusta al Vizconde, porque dice que le habían llamado especialmente la atención los versos iniciales, dedicados a don Marcos de Torres, que decían así: Desde lejos, o Torres, transportaste El día que para esto señalaste No se ha visto en el pueblo día otro Siendo el imán objeto y atractivo Aunque no entiendo de literatura, estoy de acuerdo con él, porque es un bonito poema. También me dijo que al final del sermón, en boca de la propia Virgen, el orador había puesto unas palabras de agradecimiento al benefactor, diciendo “que yo sabré pagar y premiar a quien debo y deberé mis aplausos, alcanzando de mi Hijo para él y para todos en esta vida dichas que sean de gracia y en la otra felicidades de Gloria”. Con esto, está claro que don Marcos de Torres ya tiene ganada la mitad del Cielo. Parece que el sermón lo han mandado para Cádiz para imprimirlo y que don Marcos de Torres se lo ha dedicado al comerciante de Indias amigo suyo, don Matías Bernardo Rodríguez Carta, que es el Tesorero General de la Hacienda Pública de Canarias. Algo andaría buscando don Marcos, porque no me cuadra a mí que la dedicatoria sólo sea en honor de la estrecha amistad que los une. Por lo que me contó, en 1751 don Marcos obtuvo una bula en Roma, por la que se le concedía a los capellanes de la ermita la posibilidad de imponer los escapularios de la Virgen y que establecía también la Cofradía de las Angustias, con indulgencias especiales para los cofrades, y para todos los fieles que recibieran el santo escapulario. Voy a acortar camino por aquí, por la calle Pez. La pez es una sustancia que se obtiene de la resina y que sirve para impermeabilizar edificios y sobre todo en la construcción de los barcos. También se exporta y, para que salga más rentable, se necesita quemar el pino completo y por eso ya por aquí no queda ni un pino. ¡Por fin estoy llegando! Menos mal, porque ya casi es de noche. Estoy desesperada por saber de mi amado Belicar. Aquí está la plazoleta. ¿Qué estarán celebrando con tanta gente dentro y fuera de la ermita? Por lo que veo, es cierto que de la hacienda de don Marcos de Torres no queda nada. Solamente la ermita y una huerta de frondosas plataneras que crecen en el lugar donde antes estuvo la casa. Dicen que por un lado lindaba con el camino que va al Río y con el ingenio de azúcar que el Adelantado fundó en 1505, y por otro, con los viñedos de don Fernando de Guanarteme y con el Molino de la Escalera. Ahí veo que están algunos restos del molino, que ya ha perdido gran parte de su estructura. Cómo se nota que no lo han cuidado, porque está destrozadito... Más allá hay algunos morales que recuerdan que hace mucho tiempo las sabias manos femeninas elaboraban hermosos y codiciados tejidos siendo una industria muy conocida en todo el mundo. Lo único que queda de aquella gloriosa época es la ermita que, después de tantos años, por lo menos se conserva aún en buen estado. En su frente hay un escudo mariano hecho de piedra que se colocó en 1775. A ver si consigo entrar entre la gente. Sobre el retablo acristalado con hornacina, hecho en 1759 por un vecino del Realejo de Abajo llamado Laureano Verde, está colocada la imagen de la Virgen, de unos ochenta centímetros de altura, que nos mira con sus manos juntas y la cara con expresión de gran amargura y humildad. Lleva, cubriendo su pelo trenzado, una toca blanca muy trabajada y un manto negro por encima. Un puñal de plata dorada hecho en Guatemala atraviesa, con contundencia y osadía, el lado izquierdo del divino pecho, mientras unas lágrimas caen por su delicado rostro. En el retablo principal, al lado derecho de la Virgen de las Angustias, se encuentra el primero y verdadero retrato de la Virgen de Candelaria, de 1493. En este óleo, sobre el fondo oscuro de la cueva, destaca la figura central de la Virgen, grande, morena, con el cabello suelto rodeado de una aureola y con un manto azul cubriendo sus vestiduras amarillas, ribeteadas con escrituras simbólicas. En la mano derecha porta al Niño desnudo, que sujeta entre sus pequeñas manos una paloma, y con la mano izquierda la Virgen sujeta una vela encendida. Alrededor de la imagen hay tres guanches, dos de ellos semidesnudos, cubiertos con el tamarco. Sus caras parecen sonrientes, a pesar de su sufrimiento, ya que uno de ellos sujeta una piedra con la mano en alto, el otro muestra su izquierda sangrante mientras en la derecha lleva una tabona afilada, y el tercero permanece arrodillado con las manos juntas en actitud de oración. Parece que este último es un mencey, a juzgar por la diadema que lleva en la cabeza y porque su cuerpo, a diferencia de los otros, está completamente vestido. A la derecha de la Virgen de las Angustias está el cuadro de la Divina Pastora, rodeado de sus ovejitas. Allá al fondo hay un retrato del Siervo de Dios Fray Juan de Jesús, un franciscano de San Diego del Monte de La Laguna. En el cuadro, de 1777, puede verse al religioso moreno, tuerto y con unas vestiduras de color pardo. La biografía de este franciscano fue escrita en exquisita prosa barroca por Fray Andrés de Abreu en 1701. Sobre la puerta hay un lienzo con moldura de charol encarnado y oro traído de México, que es la reproducción de Nuestra Señora de Guadalupe. El culto a esta Virgen ha tenido profundo arraigo en la Península, Canarias y América. Dicen que se originó en la Sierra de Guadalupe, en Extremadura, durante el siglo XIV, cuando la Virgen se le apareció a un pastor y le pidió que le hiciera un templo en aquel lugar. Éste se lo contó a los clérigos y no le creyeron. Más tarde, tras una nueva petición de la Virgen, los clérigos acompañaron al muchacho y allí, oculta entre unas piedras, hallaron la imagen de la Virgen a la que llamaron Nuestra Señora de Guadalupe, como la Sierra. ¡Mi madre! ¿Qué es eso? Allá arriba colgado del techo hay un gigantesco caimán disecado, con unas minúsculas manos de goma que sustituyen a las originales, seguramente quitadas de alguna muñeca, lo que le resta al monstruo parte de su fiereza y le da un aspecto un tanto ridículo. ¡Pobre bicho! Deberían de bajarlo de ahí y meterlo en una urna o algo, porque, ¡anda que como se le suelte el nudo de la cuerda o se parta la viga donde está colgado y le caiga encima a la gente mientras están en una misa…! Sí, señor. Más bajito y dentro de una urna acristalada, por lo menos para poder verlo de cerca y que no dé tanto miedo. Le he preguntado a una mujer por qué está ahí ese lagarto y, susurrando para no molestar a los que rezan, me cuenta que este bicho lo envió un señor de Ycod que vivía en México, que una vez, estando por aquellas lejanas tierras cruzando un río, se le acercó el terrible animal con intenciones de atacarlo. Por lo visto, el hombre, asustado, invocó a la Virgen de las Angustias y consiguió salvarse y luego atravesó el cuerpo del animal con su espada. Después lo disecó, lo rellenó y lo envió a Ycod para colocarlo aquí en la ermita. Me dice que el monstruo se merecía este final, porque había atacado a mucha gente ya. Esta historia del lagarto me resultó nueva, porque yo conocía la otra, que es diferente y todavía más fantástica, porque decía que al principio había sido un lagarto tizón común y corriente, criado por un pastor a fuerza de leche y queso. De comer tanto, el animal se engordó y creció de tal manera que cada vez exigía mayor cantidad de comida, con lo que al pastor se le hacía difícil alimentarlo. Un día el pastor no pudo darle la cantidad de comida que el lagarto demandaba y el muy desagradecido atacó al pobre hombre, que, para librarse de él, le pidió ayuda a la Virgen de las Angustias y consiguió matarlo, y por esa razón se lo ofreció a Ella en agradecimiento. ¿Qué es eso que está en el suelo? ¿Qué es lo que está pasando aquí? ¿Una tumba? Es una lápida de mármol de Génova con letras de bronce y un escudo de armas, que debe ser el de la familia Torres. Lo sé por las cinco torres y el yelmo de perfil mirando a diestra en su timbre. Un señor vestido de negro me explica que don Marcos de Torres en 1756 mandó construir un sepulcro para él y su segunda esposa y aquí reposan sus restos desde su muerte ocurrida el 17 de octubre de 1780. Entonces, si don Marcos de Torres está muerto, ¿para qué me ha mandado a venir aquí el Vizconde? No debí fiarme de su sonrisa burlona. Hace ya rato que ha anochecido, y como es lunes santo, la gente se prepara para sacar la procesión de Nuestra Señora de las Angustias hasta la iglesia de San Agustín. Después de la misa, será transportada en otra procesión hasta la ermita de San Marcos. La acompañará toda esta multitud de cofrades con sus ropajes negros, medallas en el pecho pendientes de cordones morados y portando luminarias encendidas. Algunos niños visten también túnicas moradas como la que yo llevo. De pronto, un señor calvo vestido de negro, destacado entre la multitud, me sonríe con su espléndida dentadura blanca. Me hace una ligera reverencia y me ofrece su mano. Yo le alargo lentamente la mía en señal de saludo. Me dice que se llama don Julio y que es el alcalde. ¡Vaya! ¡Qué vergüenza! ¡Y yo con esta pinta! Creo que ha debido confundirme con alguien de la cofradía porque este vestido se parece bastante a los de ellos. Don Julio me invita a ponerme a su lado en la formación procesional. Poco a poco, un río de puntos luminosos va subiendo lentamente delante de la imagen de la Virgen por la Calle de las Angustias, antes llamada de Los Molinos. Mientras tanto, la banda de música, bajo la dirección del maestro Tricás, entona una angustiosa melodía que se me clava en el pecho como la fulgurante daga de la Virgen y continúo andando descalza, en silencio sobre los adoquines hacia la calle Nicolás Estévez Borges, que lleva el nombre del ilustre arzobispo de La Habana, nacido en Ycod hacia 1617 y que comenzó como misionero en Cuba y más tarde nos mandó como regalo una gran joya de la de orfebrería mexicana, la cruz de plata que fue labrada por encargo en Puebla de los Ángeles por el orfebre Jerónimo Espellosa hacia 1665. ¡Qué raro! Pero ahí donde está esa iglesia junto a la enorme plaza, ¿no era donde estaba antes la ermita de San Marcos? ¿Y dónde están las casas consistoriales y las otras que esta misma tarde estaban ahí? ¿Y el convento de las Bernardas? De pronto y rompiendo el silencio de la procesión, le pregunto a don Julio si él ha visto a Belicar y si sabe dónde puede estar y muy serio me dice que sí, que me llevará junto a él. Me cuenta que Belicar y sus hombres, al negarse a negociar con Bencomo para hacer una alianza entre todos los menceyes de Tenerife y enfrentarse a los invasores, perdió su reino y su reputación de valeroso. Que tanto él como los menceyes de Daute, Adeje y Abona fueron tan imprudentes como para pretender defender sus reinos, su independencia y su libertad en solitario, al margen de la confederación de Bencomo, porque Bencomo no era de su mismo linaje y no quisieron aceptar que se les impusiera como jefe del ejército guanche. Continúa diciéndome que, de haber contado con la ayuda de Belicar y los otros, los guanches hubieran logrado la victoria, acabando con los forasteros de una vez por todas, pero, sin ellos, Bencomo sucumbió en una batalla en La Laguna, dejando al frente del menceyato de Taoro a su hijo Bentor, el que se desriscó en Tigaiga. ¡Ah, claro! Ahora entiendo su desesperación. ¡Pobrecito Bentor! ¿Y entonces cuál ha sido el paradero de mi amado Belicar? Don Julio me contesta que el 25 de julio de 1496, en vista de que la lucha estaba siendo desigual, un grupo de menceyes, entre los que se encontraba Belicar, se asomó a la cumbre del Valle de Taoro e hizo señales a los españoles de sus intenciones de parlamentar y en la Iglesia de Santiago Apóstol del Realejo Alto presentaron su rendición al Adelantado, que les prometió ante los evangelios que ninguno de ellos sería esclavo. Dos meses más tarde acabó la conquista, cuando las tropas invasoras tomaron posesión de las tierras de toda la isla y la mayoría de los menceyes fueron deportados. En esas fechas el cura Ruy Blas ofició la primera misa bajo el pino de Buen Paso. Varios de los conquistadores se quedaron en Ycod, entre ellos Pablo Martín, venido de Gran Canaria, a quien el Adelantado entregó las cuevas y sembrados de Belicar en Ar Tahone. Éste Pablo Martín hizo que el mencey se bautizara, adoptando su apellido, como Blas Martín. Al no tener un sitio donde vivir a sus anchas, el mencey Belicar marchó a Los Realejos y allí se casó con Ana, la hija del hidalgo guanche Pedro Vizcaíno. Dos lágrimas de angustia resbalan lentamente por mis mejillas. No puedo creer lo que oigo pero tampoco puedo rebelarme ante lo que es evidente. ¿Entonces eso quiere decir que Belicar y sus hombres no fueron lo suficientemente valientes; que no supieron defender la libertad de mi pueblo guanche? ¿O sea, que tengo que aceptar su cobardía y la incapacidad de unirse para defender mi tierra por temor a que Bencomo, que al fin y al cabo era uno de los nuestros, se hiciera con todo? ¡No lo puedo creer! La larga fila de débiles luminarias entra en una iglesia, tras ascender por unas amplias escalinatas. Don Julio ha sacado una gran llave de su bolsillo y se dispone apresuradamente a abrir las puertas del ayuntamiento. Sigo sus pasos que suben en silencio los tres tramos de escalera que conducen al piso alto. En el último escalón su alargada figura se detiene bruscamente y se gira señalándome el gran tapiz que cuelga glorioso ocupando toda la pared del fondo. En él pueden reconocerse los cuatro menceyes, Pelinor Rosmén, Adjoña y Belicar, flanqueando el escudo de la ciudad de Ycod, donde se distinguen, en el lado izquierdo el Teide, y, en el derecho, el drago, orlados por ocho racimos dorados y encima una corona española que resulta, por su descomunal tamaño, aplastante respecto a todo el conjunto. Lo miro durante un largo rato, mientras don Julio permanece callado con sus ojos claros atentos al más imperceptible de mis movimientos. Todos los recuerdos se me agolpan llegados desde los rincones más lejanos de mi memoria. No tengo ninguna pregunta que hacer, porque ha quedado muy claro el mensaje. Nunca mejor dicho lo de “una imagen vale más que mil palabras”… ---000--- Corre el año del señor de 1955. Don Julio toma entre sus manos un librito de una de las estanterías del pasillo y, con aire de solemnidad, me dice: -Querida niña, entiendo la decepción que sientes en este momento, pero como nos dijo el año pasado, durante las fiestas del Cristo, el amigo Heraclio Díaz Mesa, que es cronista oficial de esta ciudad: “Han pasado los siglos, y en la Isla sólo queda un Mencey, el Teide, nacido de volcanes, con ardientes y profundas raíces que enlazan continentes, palpitando, en su interior, el fuego que por las grietas aflora en fumarolas, para más tarde, en los fríos inviernos, revestirse de nieves, que el sol luego deshiela, convirtiéndolas en aguas que brotan en las fuentes, alegres, cristalinas, y riegan nuestras tierras… El Mencey de la Isla, soberbio y voluptuoso y con mucho de mimos –achaques de la edad-, recibe las caricias de la brisa, los halagos del mar, en sus besos de espuma, nítidos rizos blancos, al romperse las olas en sus acantilados rocajes, que susurran lamentos ante el constante recuerdo de antiguos cataclismos, de que fueron testigos”." 27/11/2005 18:59. #. Tema: historia y costumbres No hay comentarios. Comentar.
No hay "gesto" que valga si no es mutuo (9ª parte)Se muestran los artículos pertenecientes al tema habla local. 06/01/2008Una respuesta para IvánMe decía Iván Lemos que en la cafetería de la Facultad de Química de Madrid solía tener largas discusiones “lingüísticas” con sus compañeros peninsulares por esa especial manera de hablar que tenemos los canarios. Pues sí, mi querido Iván. Somos muy especiales. ¿Cómo, si no, te explicas que yo –o cualquiera- te pudiera haber entendido una frase como “las risas se partieron”? ¿Es que acaso las risas se parten? Ponte a pensar, a ver. Jejeje Bueno. Esto no era una burla, sino una introducción al tema que nos ocupa, el de la expresión en el español de Canarias. Está claro que la nuestra es una variedad dialectal con similitudes y diferencias respecto al español estándar, como todas las demás. Lo que ocurre es que, a pesar del aluvión de estudios desde todos los puntos de vista que ha surgido en los últimos tiempos, la investigación sobre el español de Canarias sigue siendo un filón a medio descubrir, habida cuenta de que en Canarias la Facultad de Filosofía y Letras, de la que surgió entre otras, la de Filología, no tiene nada más que medio siglo o poco más desde que fue creada. Tampoco es que estudiar las variedades lingüísticas de nuestro idioma sea un tema práctico como para vivir de ello –a menos que seas profesor en una universidad o similar-, pero es sin duda algo apasionante. Una vez le comenté a mi directora de tesis que me había metido en política y me hizo un comentario puntiagudo de esos que te atraviesan las entrañas y la conciencia. Algo así como que en la política se gana más que en la filología. En ese momento me molestó mucho pensando que Mariángeles podría estar equivocada. Ahora sé que lo estaba. La política es también apasionante pero tiene demasiados sinsabores mientras que en la filología siempre se asciende hacia un mayor conocimiento. Y si se refería a sueldo, el año pasado dando clases de lengua, ganaba algunos euros más haciendo menos horas y con menos quebradero de cabeza… A mí me da igual. No soy tan materialista. A mí, por ejemplo, me pierde sobre todo escuchar a la gente de cierta edad. Es como otro mundo al que me acerco con curiosidad y respeto porque sé que para analizar el habla se requiere de oído fino y de precisión en el gesto, como la que requeriría un entomólogo que fuera a operar un piojo de peritonitis crónica. No se puede uno dejar llevar por las apariencias pensando alegremente que alguien que usa un término, como lo hizo Iván, está equivocado. No voy a decir, mi querido Iván, que tus compañeros fueran ignorantes, Dios me libre. Por lo menos tenían conciencia lingüística suficiente para detectar la presencia de una nota discordante en la melodía de la conversación. Más bien los acusaría de irrespetuosos, porque tan genial y perfecta era la expresión usada por ellos “yo todavía no había nacido” como la tuya “yo todavía no era nacido”. De hecho, fíjate lo que te digo, la tuya era más genuina y etimológicamente correcta. Y esto no lo digo gratuitamente, sino que, en el caso de la expresión usada por Iván, se trata de un arcaísmo que permanece de forma esporádica en nuestra habla canaria, sobre todo en las generaciones más viejas, lo que delata la pérdida de vigencia en su uso. En su origen latino, siendo verbo deponente, formaba también los tiempos de perfectum, y por supuesto el pretérito pluscuamperfecto, que es el que nos ocupa, por medio del auxiliar “ESSE”, como “natus eram” (de “NASCOR”, verbo deponente, esto es, con forma pasiva y traducción activa, ya que el neologismo con forma activa “NASCERE” se considera invención del escritor latino Catón, el cual desde tiempos inmemoriales se ha tomado como autoridad en la materia). Esta forma latina, tal cual vertida en el romance español recién nacido, debió extenderse por todos los territorios hispanohablantes tras la colonización y conquista de Canarias y América y todavía era legítimo su uso en escritores clásicos como Quevedo (madrileño, 1580-1645). De hecho, hoy en día también en algunas lenguas romances es necesario el auxiliar “ser” para conjugar los tiempos perfectos.
06/01/2008 22:47. Autor: laotracamy. #. Tema: habla local Hay 2 comentarios. 31/12/2007Un verbo en trance de desaparición: "empascuar"Tenía tres opciones para esta tarde del 31 de diciembre: seguir machacándome los pies para conseguir audiencia con Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente (hablo así porque desde que mis retoños conocen verbo, hay demasiada ropa tendida en esta casa, y eso que yo uso secadora); hacerme un hermoso collar de cuentitas, pero me da una pereza tremenda quitarme las lentillas para volvérmelas a poner más tarde; o sentarme al solecito en el patio con el portátil a escribir cualquier chorrada. Evidentemente las letras me pueden, detesto ir de compras y me hago mucho daño cada vez que me saco las lentillas. Así que, como tenía por ahí pendiente un asunto lingüístico de esos entrañables, lo voy a comentar. Y es que, estando el otro día en el ayuntamiento esperando para celebrar una comisión, en lo que me acomodaba en la mesa grande del salón de plenos, no pude evitar escuchar a dos de mis compañeros de corporación hablando de cómo iban a celebrar las navidades. Uno de ellos dijo algo así como que iba a “empascuar”. Dijeron que era una buena costumbre aunque la palabra “empascuar” ya ni se usa. Uno de ellos, que no sé si lee en este blog, dijo “yo creo que ni siquiera esa palabra existe”. ¿Ah, no? Pues yo juraría que sí, la he escuchado toda la vida. Otra cosa es que no aparezca en el diccionario. Qué manía tiene la gente de pensar que una cosa que no aparece en el diccionario de la Real Academia es porque no existe. Que conste que yo pensaba lo mismo hasta que tope con Gonzalo Ortega, profesor de lexicografía que me hizo comprender la inexistencia en el ámbito del español de un diccionario que pueda considerarse perfecto. Enaltecer un diccionario anacrónico y al margen de los usos lingüísticos de las comunidades del español como el de la Real Academia es algo tan comprometido como querer meter un pie del 42 dentro de un zapato del 35. Me recuerda aquel caso que describí en la página 22 del primer tomo de mi tesis de lo que le sucedió a mi alumno Óliver. El pobre chico se quedó hecho polvo cuando escribió una frase en su clase de geografía diciendo algo así como que “los jóvenes en algunas comunidades asiáticas tienen que realizar trabajos forceados”. El profesor de Geografía, ni corto ni perezoso, le dijo que no se decía “forceados”, porque eso no existe, sino “forzados”. El chiquillo, tímido como era, se quedó callado, pero conmigo sin embargo no iba a dejar su duda por despejar. Así que para contestarle le hice una pregunta: ¿Qué es “forzar” y qué es “forcear”? Casi todas las respuestas al primer término las relacionaba, a veces hasta con pudor, con la violencia o la obligación, mientras que el segundo le sugería fuerza o intento reiterado, lo mismo que “forcejeo” (tampoco quise poner a Oli en un brete, pudiéndole preguntar por un tercer verbo, “forcejear”, cosa que también hubiese sido posible). Se estaba dando a sí mismo la razón. Por supuesto que existía y existe “forcear”. ¿Acaso no lo había usado toda la vida? ¿Acaso no lo había aprendido de sus mayores y se comunicaba hasta ese momento a través de esa palabra? Otra cosa es que no estuviera en el diccionario de la Real Academia y si sigue sin estar pues el problema no era de Oli, desde luego, sino del DRAE, por seguir viviendo de espaldas al uso de los hablantes, y de quienes temerariamente piensan que las únicas palabras que existen están contenidas en sus páginas. Pues bien. No olvidando la promesa que le hice a mi compañero de corporación, un par de días después me puse a peregrinar por todos los diccionarios que tengo en casa, en busca de “empascuar”: el DRAE, el TLEC, el DC, el también errático Gran Diccionario del Habla Canaria, el DDEC. Mayoritariamente busqué en diccionarios canarios por pensar que fuese canarismo. No hallé nada. Después miré en Internet y al parecer alguien dio de alta este verbo en el Instituto de Verbología Hispánica en mayo de 2005, pero por lo visto ese alguien ni siquiera era canario. La voz es usada en Chile para significar “Divertirse en Pascuas” y como pronominal (empascuarse) en Andalucía en el sentido de hartarse de comida, sobre todo de la que se consume en Pascuas. Pues mira por dónde hemos venido a dar con una acepción canaria del verbo “empascuar”. ¿Y qué es empascuar? De toda la vida he escuchado esta palabra, por lo que no puedo decir que no ha existido. Mis antepasados, como mucha gente que conozco, la usaban para definir algo en extremo agradable como ir el día de Pascua a reunirse todos los descendientes en casa de los patriarcas. Cuando mis bisabuelos de la Marzola eran vivos, sus hijos y nietos, dondequiera que estuvieran viviendo, cogían una hermosa canastra de brimbe (en la familia siempre las hubo como hubo cesteros y si no las quemó el último incendio, las brimberas deben seguir en el terreno de la Marzola) y la llenaban con las viandas de navidad más apetecidas: higos pasados, rosquetes, mistela (de café), pan, galletas… la tapaban con un paño y a la Marzola se iban. Mi madre me cuenta alguna anécdota de su niñez referida a esta costumbre. Ya muertos mis bisabuelos, mi abuelo José, el mayor de la cría, tomó relevo en la costumbre de empascuar. Recuerdo con añoranza el engloreo de vernos todos reunidos ese día en aquellos patios. Nada más llegar, abuela Carmen convidaba a una taza de caldo de gallina, el mismo que servía para hacer la sopa del almuerzo. Más tarde seguiría sacando exquisiteces de la misma gallina, como el pescuezo relleno con los propios huevos que la gallina aún tenía a medio formar en las entrañas. Después trozos de los distintos ñames guisados para comprobar a quién le habían quedado más gustosos o más eslabados. Tampoco era que los chicos reparáramos mucho en esos aperitivos, que eran cosa de mayores, porque estábamos totalmente entregados al reencuentro y a jugar a cualquier cosa en la azotea soleada del aljibe, donde abuela nos tenía prohibido saltar. Pero en cuanto veíamos poner las botellas del vino y el pan picado en rodajas en la mesa, todos corríamos a comer. Ninguna sopa me ha sabido como aquélla, caldosita con su hoja de hortelana enorme, humeante, exquisita. Después las papas bonitas, guardadas a conciencia desde principio del verano, con conejo en salmorejo. Pero lo mejor, aquel postre de café y almendra de mi tía. Ella se habrá olvidado ya de la receta, pero yo la conservo de alguna vez que se la escribió a mi madre. Después venían las golosinas de navidad: una hartada de turrón de almendra y peladillas. Y envites y partidas de parchís hasta que se hacía de noche, siempre con la mesa llena porque no faltaba el cuidado de mi abuela rellenando los platos vacíos toda la tarde. Nos ofrecían de cenar algo decente cuando no nos cabían más chucherías y sólo nos apetecía revolcarnos y gatear por el tablado de la alcoba, jugando a la escondidilla en la oscuridad y agotando las últimas horas de aquellos días de Pascuas que más tarde se llamarían “de Navidad”. Lo cierto es que no recuerdo en qué momento en mi familia pasamos a llamarlo “Día de Navidad”. Supongo que la escuela hizo mucho a favor del uso de esta expresión y la muerte de mi abuela también. Ninguna mujer de la familia se esmeró por sujetar al resto de los componentes en torno a sí misma, aunque cada quien sigue empascuando a su manera con los suyos. Así viene de atrás. Ahora seguimos yendo a empascuar a casa de mi madre y supongo que algún día, cuando ella no esté para atarnos, mis hijas y mis nietos vendrán a mi casa a celebrar el día de Navidad. Sin embargo, creo que la palabra “empascuar”, si no hacemos algo por seguir utilizándola, dejará de “existir” como palabra para ser un mero fósil… Si es que, como plantean algunos, existió alguna vez. 31/12/2007 19:25. Autor: laotracamy. #. Tema: habla local Hay 2 comentarios. 26/09/2007El carácter portugués
Sem a loucura que é o homem A un querido amigo y asiduo lector de Fernando Pessoa y a mi abuela cuya presencia extraño
Por esa razón que señalo, ahora mismo no sabría decir con certeza qué autor afirmaba que el carácter de la mujer canaria era heredado de las portuguesas que en otros tiempos poblaron nuestra tierra. El ensayista Eduardo Lourenço, en su libro “O laberinto da saudade” de 1978, definía este fenómeno diciendo que "o fundo do carácter português é constituído pela mistura fascinante de fanfarronice e humildade, de imprevidência moura e confiança sebastianista, de «inconsciência alegre» e negro presságio". Así, esas portuguesas que arribaron a Canarias algunos años después de la conquista, en busca de un futuro para ellas y sus familias, seguramente la mayoría de clase baja (las de alta alcurnia no habrían necesidad), trabajadoras sufridas e incansables, que debieron dedicarse principalmente a conseguir que estos volcanes dieran algún fruto y fueron en buena medida las matriarcas transmisoras de elementos tan interesantes como el folklore, porque –don Tino que me corrija- de los portugueses hemos heredado sin duda la folía, que con toda su carga de terrible sentimiento, dolor y melancolía nos llegó a las Islas por la vía cortesana más inesperada, asemejándose a elegantes bailes europeos como el minué francés. Pero bien lejos de esa alegre elegancia europea, el carácter de la mujer canaria, heredado al parecer del tan nombrado carácter portugués de aquellos que en otro tiempo nos colonizaron, al parecer, ha trascendido a través de las generaciones, manifestando una tendencia a la tristeza, el pesimismo, la resignación, el desasosiego y la superstición a semejanza del sentimiento de la “saudade” o melancolía contemplativa que también al parecer tiene su origen en el fatalismo oriental adquirido de los musulmanes que ocuparon la península. (¡Ños, fuerte argumento! Menos mal que tanto “al parecer” deja la cosa muy en la duda por si me encuentro quien me lo rebata). ;-) Pues fue por designios del destino, o vaya usted a saber si del fatalismo oriental, que yo vine a parar a una familia de ascendencia portuguesa y por esa razón una vez visité el Algarve a conocer a los familiares por motivo de una herencia de un tío político lejano. Allí tuve el gusto (debo ser espécimen único en la familia) de conocer a la tía de mi marido, Cecilia, más popular en su vecindario adoptivo de Niebla (provincia de Huelva) como “la Portuguesa”, no por lo usurera, sino por haber nacido en Tavira, del lado allá de la frontera que establece el Guadiana, y siendo pequeña en épocas en que no existía el puente se trasladó a este otro lado con su familia en una travesía en barca. De aquella mujer larga, de cuya boca nacía un diente único por donde escapaba la tacañería más declarada, lo que recuerdo con mayor vivacidad son sus insufribles quejas. Todo el santo día y sin más ni más ese “Aaaaay…” que me ponía de los nervios. Se parecía tanto a un reproche que en una ocasión le pregunté a mi Jose: “¿Tú crees que tu tía no estará molesta conmigo? Me da la impresión de que tanta queja a lo mejor es porque no le estoy ayudando lo suficiente en la cocina o algo”. Jose se sonrió y me dijo que no me preocupara, que la tía Cecilia era siempre así y estaba encantada de tenernos de visita, que esos eternos “aaaay…” no tenían motivo alguno, que eran como un rasgo innato de los portugueses. Y de hecho su padre, mi supuesto suegro, era igual y se pasaba el tiempo con un “aaaaay…” colgado de la boca que nunca venía a cuento. ¡Adiós! ¡Qué cosa más rara! Lo cierto es que me recordaba tantísimo a abuela Carmen que también sin venir a cuento te espetaba sin más ni más un “¡Aaaay, señor!” “Siá por Dios”. “Aaaay, Dios de la vida”. Y nunca parecía una queja, sino como la forma de llenar un vacío en la conversación. Abuela Carmen, que Dios la tenga en la gloria, no era portuguesa que yo sepa, pero su primer apellido era Báez, lo cual me resulta de lo más sospechoso, teniendo en cuenta que los Báez canarios proceden de dos ramas y una de ellas era portuguesa. Y en ella también coincidían esos rasgos que al parecer definen el carácter portugués y, además, hacía escarnio de todo y de todos, y maldecía sin descanso, aunque era una mujer muy religiosa y de buen corazón. Como los niños de la familia de pequeños éramos, a juicio de ella, bastante malvados, se daba a la perseverante tarea de insultarnos y escarnecernos en un canario aportuguesado, descafeinado por el tiempo y el desgaste etimológico de muchísimas generaciones. Y en boca de ella, y por supuesto de mi madre, que para algo era su digna hija en todo, oíamos términos que son cada vez menos frecuentes en el habla canaria actual y que han sido acreditados por estudiosos como portuguesismos del español de Canarias: ardilosa, ajeitado, abobancado, alcagüete, alguacil, alveita, atoletado, arbolario, bocoi, bosta, bostiona, bozal, cambaletiado, cangallo, cisquento, cisquillento, claquiento, comechoso, chocallero, chamizo, desatento, desinquieto, escorajado, escanchado, esmorecido, ensapado, empecinado, espantajo, embostado, opilado, entumido, estroncado, escamento, escriado, esmagado, embelecado… Y por ahora me quedo en la “e”, pero en este sentido, el campo de los insultos y las palabras usadas para insultantes menesteres es bastante inmenso. Y yo, que era sin lugar a dudas la más revoltosa de las nietas de mi abuela y de los hijos de mi madre y de las sobrinas de mis tíos, tuve el honor de escucharlas y recibirlas toditas. Lo que todos ellos ignoraban es que alguna vez tanto insulto iba a suponer para mí un tesoro lingüístico al que le tengo un gran aprecio.
26/09/2007 20:19. Autor: laotracamy. #. Tema: habla local No hay comentarios. Comentar. 17/03/2005Julito es como una caja de sorpresasCuando hice mi tesis, uno de mis informantes, mi abuelo, me contaba cómo su madre fue madrina de un niño de la Hoya Nadías, que resultó ser primo de mi abuela, por lo que fue en la celebración del batiado y con unos once años que mi abuelo conoció a la que más de veinte años después sería su esposa. Me quedé traspuesta porque yo había oído esa coplilla antes, justamente el último domingo de septiembre del año pasado y en boca del ilustre ex-alcalde de Icod de los Vinos, don Lucio Borges Mesa. En lo que esperábamos en el vestíbulo del ayuntamiento a formar las filas protocolarias para el traslado del pendón el día mayor de la Fiesta del Cristo, don Lucio me contó sobre las fiestas de antaño y me recitó la misma copla, con la que al parecer un personaje famoso, no recuerdo cuál, invitado a venir desde la península para engrandecer la fiesta hace más de medio siglo, había desafiado, y yo diría que ridiculizado, al propio poeta Emeterio Gutiérrez Albelo y su inmortal verso de "péscame una sirena". “Yo vi un igenio moler Sobra decir que se me puso la carne de gallina ante el hallazgo que me revelaba aquel chico de ojos vivarachos. Era indudablemente una décima como otra cualquiera -evidentemente su abuelo había estado en Cuba-, pero de riqueza lingüística incalculable, sólo basta con observar cuántas variantes diferentes para una misma forma del verbo “ver” (vi, veí, vide), cuántos arcaísmos, vulgarismos y formas olvidadas. Julito no tenía ni idea de qué tenía que ver un “igenio” con la caña, y tampoco qué pintaba un “nahuei” (tigre de la Patagonia) en todo aquel paisaje figurado. Lo cierto es que estábamos ante otro canto dorado que probablemente en alguna época llegó a formar parte de un puzzle de desafíos entre cantadores que presumían de haber visto escenas disparatadas, una de cuyas piezas yo había recogido para mi tesis de una anciana vecina mía, recientemente fallecida, que era la amiga del alma de mi abuela: “Yo vide un cangrejo arando También Fernando Díaz Medina recogió de su tío Antonio Medina Cámara en “Al prado de los amores” ejemplos parecidos, en los que deja constancia de que estos versos, seguramente improvisados, se cantaban “en porfía”: “Yo vi un piojo trabajar Desde luego que Julito, por muchas razones, es para mí una caja de sorpresas y una de ellas es porque mantiene viva una parte de la memoria oral de sus antepasados, que también fueron los míos, y lo que es más importante, que es capaz de transmitirla con una memoria casi prodigiosa para un niño de su edad y mirándote a los ojos con un brillo de desafío en la mirada como ha visto hacer a su abuelo. Y como sólo es un chico de doce años, me ha prometido que le sonsacará al viejo más cosillas a cambio de que le copie el CD “Kilates”, lo último del reggaeton, y me lo dice así, con esos ojos vivarachos que te llevan a delinquir sin pensarlo. 17/03/2005 13:41. #. Tema: habla local No hay comentarios. Comentar. 16/03/2005Gobernoso a tus gobiernosVenía yo el otro día conduciendo por las destartaladas calles de mi barrio escuchando a todo volumen lo último de Carlos Baute que me pirateé de internet,… “¡Qué cosas! Con lo hortera que es Carlos Baute, ni que fuera una adolescente” dirán ustedes, pero es que tengo que ponerme al día porque tengo un amigo, Bambi, que es pariente de ese chico de los morros recauchutados y cada vez que nos encontramos, como sabe que me gusta, me dice con cierto retintín: “¿Le digo a Carlitos que venga, que se quedó en el coche?” Y conociendo como se las gasta Bambi eso sí que es para mí una amenaza cuando ya me ha conseguido una foto firmada y dedicada. ¿De qué voy a hablar yo con Carlos Baute si no conozco sus canciones? Para ser sinceros, si me hiciera un movimiento de cadera a lo Elvis Presley me caería de culo, y es que así es imposible concentrarse en la letra de sus canciones… ¿Y esto a qué venía? Ah, sí… Que estaba yo escuchando a Carlos Baute y esquivando los baches de las calles de mi barrio pero, por repetitivos, ni lo uno ni lo otro lograban mantener mi atención, así que mi cerebro se fue a otra cosa. Me acordé de un retazo de conversación que había tenido esa misma mañana con mi madre. Mi madre habla así: “La Menganita –no voy a decir su nombre- estaba en el Centro Cultural todo el rato corre acá y corre allá como la gobernosa…” ¡Ooooj, compadre! Ahí mismo se me encendió el bombillito: “¿Gobernosa?”… “Y a mí que me suena que esa palabra no se encuentra en el DRAE. Y a mí que me suena que entre tantos localismos que he anotado me he saltado ése. Y parece como de oro puro”. Y como aquellos buscadores de oro de las pelis del Oeste americano que se pasaban el día metidos en el riachuelo con los pies enfangados hasta las rodillas y sacudiendo una bañadera con agujeros en busca de algún canto brillante, me acerqué el gobernoso a los dientes y le hinqué un colmillo como aquel que dice,… digo… Que en cuanto pude salí corriendo a consultarlo en diccionarios y… ¡sorpresa! No figura en el TLEC. Busqué entonces en el Diccionario diferencial del español de Canarias y allí estaba como vocablo de Tenerife con el significado “Que tiene aptitud para hacer las cosas” y en una segunda acepción, también para Tenerife, “Que domina y gobierna a los demás” y luego añade que “el DRAE-92 la registra con dos aceps. [sic] relacionadas con la primera: “fam. p. us. Que gusta de tener en buen orden la casa, la hacienda o los negocios” y “fam. p. us. Que tiene aptitud para ello”. ¿Y no hay más? Me quedé totalmente chasqueada y a la vez satisfecha con aquel canto brillante, porque era imposible que mi madre y todos aquellos a los que he escuchado el término no sepan usarlo con propiedad. Chasqueada porque no encontré una respuesta que me viniera a cuento -y con razón decía Gonzalo Ortega, el eminente lexicógrafo del español de Canarias, que no había ningún diccionario que respondiera perfectamente con las exigencias de los usuarios-. Ahora me tocaba la responsabilidad de gestar una definición que responda por lo menos a mis exigencias más inmediatas. Y también me sentía satisfecha por haber descubierto la acepción inexistente… y redescubierto el término que ya conocía desde niña y del que me he apropiado para usarlo en mi léxico activo con dicha acepción incorporada como si de un talismán dorado se tratara. 16/03/2005 16:32. #. Tema: habla local No hay comentarios. Comentar.
Se muestran los artículos pertenecientes al tema historia y costumbres. 27/11/2005La niña de los ojos de Blas (Por Camy Domínguez)Hace un par de meses me invitaron para dar una charla el 24 de noviembre de 2005 en el colegio del Buen Consejo de Icod acerca de la zona de las Angustias y, no habiendo encontrado demasiados datos al respecto, y teniendo como cometido cubrir una hora aproximadamente de exposición, me dediqué a divagar en una excusa argumental para entretener a mi auditorio mientras se asaban las castañas en el patio del colegio. Pido mil excusas a los que estuvieron por la decepción que debieron sufrir, pero ahí estaba el compromiso y no había marcha atrás posible. Se lo dedico con cariño a Elena, mi ex-compañera de instituto y actual de corporación, por demostrar mayor paciencia que yo para leer lo que escribo. También al "genio de las lámparas de aceite de soja refinado" por no haber estado presente entre el público como yo hubiera querido. "LA NIÑA DE LOS OJOS DE BLAS ¡Oye! Tanta demora empieza a parecerme bastante preocupante. Mi prometido, el mencey Belicar, hijo de Chincanayro el Grande, todavía no ha regresado y hace ya varios días que salió a pactar con unos invasores forasteros para evitar los encuentros sangrientos con nuestra gente, porque hay que ver que una batalla sangrienta es lo más inmundo y detestable que puede sucederle a un pueblo. Los nuestros, sin lugar a dudas, son muy valientes y conocen a fondo el terreno. ¡Estaría bueno que no! Pero tengo entendido que ellos, los extranjeros, van armados hasta los dientes con pólvora y unos peligrosos artilugios que llaman espingardas y arcabuces, que son capaces de matar a la gente de un fogonazo. Pero al valeroso Belicar le bastan su valentía, sus músculos y su capacidad de negociar en cualquier situación. Desde ayer estoy que si bajo, que si no bajo en su busca. Quedaron en que se reunirían cerca del río de Ycod, a la sombra de un enorme drago que hay en aquellos alrededores, y desde allí partirían a hablar con Bencomo, el mencey de Taoro. A lo mejor mi amado Belicar me necesita a su lado, pero ¿en qué podría ayudar una muchacha como yo ante tamaños interlocutores? Probablemente en nada. Un hombre valiente como él no necesita de mis humildes consejos, y mucho menos de mi fuerza física, que es prácticamente insignificante. Pero es mi deber enterarme de en qué anda metido mi futuro esposo y si ya se ha resuelto ese rollo para bien de nuestro pueblo y, por supuesto, de nuestro futuro matrimonio. Por las buenas, tal vez a estas horas estarán celebrando el pacto bailándose un tajaraste en cualquier rincón. Y por las malas, tampoco es que esos extranjeros sean un problema. Mi amado Belicar es un hombre fuerte y luchador y los hombres que lo acompañaban, al frente de Rosmén, el mencey de Daute, Pelinor el de Adeje, y Adjoña el de Abona, que también son bastante valerosos y sabios, seguro que se bastan y se sobran para dejarles claras cuatro cosas a esos bergantes. Ya lo creo que sí. ¿Con qué derecho arriban a nuestras playas y se hacen los dueños y señores de todo? ¡Vamos, hombre! Lo que faltaba. ¡Ay, pero qué angustia no saber nada de él! No puedo aguantar más este desasosiego. Yo tengo que hacer algo, porque aquí, en estas peñas de Ar Tahone, de poco voy a poder enterarme si no me muevo ahora mismo. ¡Ya sé lo que voy a hacer! Sí, señor. Me necesiten o no, voy a plantarme ahora mismo allá abajo. Primero tengo que dejar todo listo. Los rebaños ya han comido lo suficiente por hoy y los tengo resguardados en el corral de la otra cueva. Así que, si me pongo en camino ahora mismo, regresaré antes de que amanezca. El gran Magec que nos calienta ya pronto empezará a declinar. Iré, pues, allá abajo y que su espíritu me proteja. Por si acaso, llevaré conmigo algunas provisiones en este zurrón. No es cuestión de hacer tan largo camino con la tripa vacía. Y llevaré también una tabona afilada. Ésta de aquí parece la más aparente. Nunca se sabe. Bueno. Ya tengo todo lo necesario, así que… ¡En marcha! Está haciendo un poco de brisita, como si fuera a llover. No es de extrañar. Para el mes en que estamos, ya están tardando en caer las primeras lluvias. Habrá que pedirle al gran Dios que nos envíe las aguas cuanto antes para que no se nos pierdan las pocas cosechas que tenemos. Me abrigaré un poco mejor con el tamarco y con la caminata pronto entraré en calor. Sin embargo, la naturaleza es sabia, porque mira esos madroños coloraditos que parecen empachados de agua… Si pudiera trepar me los llevaría para comer con el gofio, pero están tan altos... Bueno. Ya los cogeré a la vuelta, porque no debo detenerme ahora. Con un poco de suerte todavía quedarán peras en las laderas del Río. Se supone que yendo todo el tiempo en dirección al poniente encontraré pronto el camino que me lleve hasta donde está mi amado Belicar. Nunca he estado allá abajo, pero a él mismo le he oído nombrar muchas veces que hay que seguir en línea recta hacia el poniente hasta donde el camino se bifurca. ¡Es que mira que yo soy temeraria también! Tenía que haberle pedido a alguien que viniera conmigo. ¡Ay, pero es que lo echo tanto de menos, que ni en eso pensé! El otro día, mientras cuidábamos las cabras, él me cantaba bajito una canción muy hermosa que decía así: Yo soy un pino del monte Él me cuenta sus tristezas Sube a la rama más alta Cántale a valles floridos, ¿A que Belicar es adorable? De verdad que sí. Para él soy la niña de sus ojos. Y hablando de dragos, ahora no sé yo por cuál de estos dos atajos se llega a ese drago grande. ¿Era por el de la derecha o por el que está junto al naciente? Creo que éste de la izquierda debe ser el que llaman el camino real. Voy a seguir por aquí y por Acorán que no me equivoque, porque, si no, se me hará de noche en el camino, y entonces sí que estaré perdida. Y volviendo a los dragos. Me acabo de acordar de una historia que me contaron que dice que los antiguos griegos llamaban al Estrecho de Gibraltar las “Columnas de Hércules” y que, más allá de éstas, en el extremo de la Tierra, estaba el divino “Jardín de las Hespérides”, que supuestamente se encontraba en estas islas. Las Hespérides, hijas de Atlante, eran siete y cuidaban su magnífico jardín, cuyos árboles producían manzanas de oro, de las que se apetitaban tanto los dioses como los hombres. Gea, la diosa griega que simbolizaba a la Tierra, había regalado estas maravillosas manzanas a la diosa Hera por su boda con Zeus. A la entrada del jardín, custodiándolo, había un horrible dragón de siete cabezas. Cuentan que en cierta ocasión, Euristeo ordenó a Hércules doce trabajos y uno de ellos consistía en robar las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides. Hércules, tras sortear muchos peligros, se enfrentó al dragón y logró apoderarse de las manzanas, aunque las Hespérides le advirtieron de que a los dioses no les iba a agradar este robo y que las manzanas, de una forma u otra, retornarían a su lugar. Esta advertencia fue contada por Hércules a Euristeo al entregarle el botín y Euristeo, para librarse de la ira de los dioses, le regaló las manzanas a Hércules como premio por su hazaña. Hércules se las ofreció a la diosa Atenea, quien las devolvió a su sitio. ¡Manzanas de oro! ¡Qué cosas! ¡Mmmm! A manzanas no, huele como a aserrín. A juzgar por el olor de la tea, yo diría que por aquí cerca está el Aserradero, donde los pinos se transforman en tablones para muebles, construcciones o barcos. ¡Ños! ¡Mira que es peligroso bajar por este lado del Río! Antes me pasó rozando los tobillos un tablón con un señor sentado encima y ahora acaba de pasar otro. Por sus voces pidiendo que me apartara, me pareció que era portugués. ¡Estos portugueses están por todas partes! Desde que llegaron a la isla, todos los pinos del monte acaban en San Marcos convertidos en barquitas de pesca. Fíjate que ya casi no queda ninguno en las laderas de Boquín. Es que arrasan con todo y todo lo arrastran por el suelo, acostumbrados a las corsas esas que usan allá en Madeira. ¡Qué peligro tienen! Yo no sé para qué querrán los remos si no los usan para frenar. ¡Adiós! Y ése que viene subiendo escarranchado en el mulo ¿no es el que escribió la historia de Robinson Crusoe? Miraré hacia el suelo para no saludarlo. Es que las mujeres de mi tribu no debemos tratar con los extranjeros así como así. Y mucho menos si estamos prometidas. A mi amado Belicar no le gusta que sea una mujer casquivana que habla con cualquier desconocido. Seguro que éste va a cas el señor Ravelo a comprar el famoso vino de malvasía. Lo acabo de mirar al rabo del ojo y, para mi gusto que, a pesar de su fama de gran literato, el hombre tiene cara de ser bastante… “vinagre”. ¡Y qué feo que se ve un viejo con esos tirabuzones blancos tan horrorosos! No me extraña que vengan de tan lejos con la fama que están teniendo los malvasías que se cosechan en esta zona. Dicen que son de los mejores del mundo y que en las cortes europeas se los rifan. ¡Cualquier día acabarán llamando a este lugar Ycod de los Vinos! Y hablando de beber. Ahí en el Bebedero me voy a parar un rato a tomar un buche de agua fresca, porque tengo la garganta más seca que un panasco. Así puedo comer un fisquito de gofio y unos higos, para matar un ajilorio, porque debe hacer ya un buen par de horas que estoy andando. ¡Ah! ¡Qué relajante suena el chorro del manantial y qué fresquita está el agua! ¡Jo! Y este gofio me ha quedado riquísimo. Si hubiera alguna manzana ahí encima en esas laderas, de buena gana me la robaba aunque estuviera custodiada por un dragón. Y hablando de laderas… Hace un par de días, mientras cuidaba las cabras en una ladera de la montaña grande del oriente, le oí decir a uno de los nuestros que el mencey Bentor se había suicidado lanzándose al vacío desde los riscos de Tigaiga. Parece que estaba bastante amargado porque no quería ser esclavo de los forasteros. ¿Y quién le habrá dicho a éste que va a ser esclavo de los forasteros? Creo que está un poco mal de la azotea. ¡Menudo gallina! ¡Bonita forma de enfrentar los problemas! Para eso, mi Belicar, tan valiente que no dudó un segundo en ir a hablar con esos extranjeros. Y si hace falta, acaba con ellos a pedradas. Aunque, pensándolo bien, yo no he visto nunca a los extranjeros. Dicen que son tan malvados que a los hombres los llevan a su tierra para hacerlos esclavos y, en el mejor de los casos, para cuidar rebaños, y a las mujeres las violan y pocas de ellas sobreviven. Creo que si a mí me quitasen por la fuerza la libertad o la honra, también me volvería loca. Cualquier cosa antes de ser esclava de esos indeseables. Bueno, creo ya he descansado bastante. Ahora debo continuar el camino, porque faltan pocas horas para que anochezca y he de encontrar a mi amado Belicar. Ah, mira, aquella de lo alto de la Furnia debe ser la casa del Corregidor don Jerónimo Boquín. Da la impresión de que la están arreglando porque las ventanas lucen nuevitas. Desde allá arriba la vista de Ycod debe ser espectacular. ¡Cómo me gustaría echar un vistazo al paisaje desde una de esas ventanas! ¡Ah! Por lo que veo, van a hacer una plaza aquí, porque tienen una fuente preparada para instalarla. Sssss. ¡Escuche! ¡Escuche! Es el traqueteo del viejo telar de doña Rosa del Sacramento, la madre superiora del convento de las Bernardas, que estará tejiendo sus tafetanes archiconocidos en el mundo. Dicen que la madre superiora, a pesar de sus años, teje sus ricas telas hasta la madrugada con la única compañía de una vela. Yo creo que una ancianita como ella debería retirarse a descansar más temprano, no sea que un día la vigilia y la vela le jueguen una mala pasada y vayamos a tener que lamentar una desgracia. ¡Ay! ¡Pero con cuánto gusto cambiaría yo estas pieles de cabra por el tacto suave de la seda! Dicen que cuanto mejor alimentados están los gusanos, más suave es el producto, y por aquí para abajo veo muy frondosos morales, así que el tacto de un vestido de tafetán o de unas medias debe ser maravilloso. ¡Pero qué ilusa soy! Una pobre muchacha como yo, por más que sea la prometida del gran mencey Belicar, me temo que nunca podré aspirar a semejante lujo, reservado únicamente a las damas de la corte de Felipe V, ese que tiene un apellido así como Bombón o Borbón o como se diga, que es nieto de Luis XIV, el rey de Francia, y que lleva una peluca como la de su abuelo, pero blanca. ¡Ahora los hombres, con peluca! ¡Vaya modas! Si es que cualquier día la confusión será tanta que acabarán casándose entre ellos. ¡Ah, mira! En esa ermita, detrás de la casa consistorial, debe ser donde pusieron a San Marcos, la imagen chiquitita que hace muchos años encontraron unos hombres de Chincanayro a la orilla del mar cuando enterraban en una cueva del acantilado a una mujer que murió durante el parto. ¡Pobrecita! Tanto esfuerzo para nada. Luego fue mi amado Belicar quien, después de mucho tiempo de venerarla nuestra gente, le mostró la cueva a un cura llamado Ruy Blas y le entregó la imagen que guardaba el alma de nuestros muertos, para que la custodiara él. El cura dijo que la imagen se llamaba San Marcos y que era un evangelista. No sé lo que será eso pero… ¡Desde luego! ¡Qué nombre más raro! Y también llamó con ese mismo nombre la cueva y la playa. Pero no sé si al final se entendieron porque el cura hablaba portugués y mi Belicar apenas sabía un poco de español en ese entonces. Total que el cura se trajo la estatuilla de San Marcos hasta aquí arriba y los extranjeros le hicieron esta ermita para adorarlo como hacían los de mi pueblo. ¡Por fin! Míralo ahí. ¡Ése es el drago grande! La fecha en que estamos y parece mentira que conserve todavía la flor. Dicen que un drago florecido es símbolo de buenas cosechas. ¡Qué bien! Y yo que ya empezaba a preocuparme por la lluvia… ¿Verdad que es enorme? La base del tronco debe medir por lo menos veinte metros y casi otros tantos de altura. Y ese tronco retorcido con un aspecto tan monstruoso… Cuentan que una vez arribó a la Playa de San Marcos un mercader en busca de la famosa “sangre de drago”, que se usaba en Europa para fabricar productos farmacéuticos, pinturas y lacres, y, que al llegar a la orilla, vio a unas jóvenes guanches que se bañaban desnudas y, loco de deseo, comenzó a perseguirlas, consiguiendo atrapar a una de ellas. La muchacha, para embelesarlo, le ofreció frutos de la tierra y el forastero, pensó que aquellos frutos eran las manzanas del Jardín de las Hespérides y, mientras comía y dejaba volar su imaginación, la muchacha se le escapó, refugiándose en el bosque junto al barranco. Él la persiguió un buen trecho, pero se tropezó con un drago que movía sus ramas amenazantes como espadas y tenía el tronco retorcido como una serpiente. En el interior del tronco se ocultaba la muchacha. El hombre, asustado, le lanzó una flecha al tronco, de donde brotó sangre de drago. Entonces huyó despavorido, convencido de que había dado con una de las Hespérides y de que el mítico dragón la había defendido. ¡Pues no me extraña que se haya confundido con la forma tan terrorífica que tiene! Dicen que el naturalista francés Bouquer de Grye le preguntó a un jardinero por qué los dragos tenían esa extraordinaria forma en sus ramas y aquél le contestó que si a un drago de veinte años le tronchásemos la cabeza, daría en seguida diez cabezas, y si a los diez años le volviésemos a repetir la operación, en cada una de las nuevas cabezas se volverían a reproducir otras diez. ¡Mi madre! ¿Qué alaridos serán ésos? Ah, claro, es que allí, detrás del drago, está la Casa de la Inquisición, que es la del balcón de tribuna saliente y ventanas de corredera. Parece que hace unos años, en 1687, y con la mejora económica debida al comercio de vinos, Ycod consiguió la independencia inquisitorial, y desde entonces tiene su propia Comisaría de Inquisición con un comisario y tres notarios que dependen del Tribunal de Las Palmas. El comisario se llama don Manuel Pérez Rijo, que hace poco fundó una ermita en Santa Bárbara. Esto de la inquisición a mí me da muy mala espina, porque parece que, cuando una persona es denunciada y se abre el proceso, el fiscal dicta la orden de arresto y, si la causa es grave, se le intervienen los bienes del acusado. Luego lo encarcelan y lo aíslan, sin comunicarle siquiera las causas de su detención. El reo tiene que confesar sus errores y pecados, y, si resultan contradictorios, lo torturan. ¡Qué fuerte!, ¿no? ¡Adiós! Mira, mira. Por ahí salen con una mujer vistiendo el sambenito, que es como un escapulario grande que llevan los penitentes reconciliados al cuello. El sambenito es la pena mínima que puede recibir un reo, porque lo siguiente serían los azotes, la cárcel y en los casos más graves los condenan a las galeras o a la muerte, sobre todo cuando se trata de herejes no arrepentidos o de reincidentes en faltas graves. Si se arrepienten previamente, los estrangulan y luego queman sus cuerpos, pero si no se arrepienten, los meten vivos en la hoguera. ¡Jo! ¡Menuda burrada! Menos mal que a los reyes Borbones no les gusta eso de la inquisición y dicen que la van a abolir. Parece que a mi amado Belicar se lo tragó la tierra, porque no está por estos alrededores tampoco. Pues seguiré para abajo a ver. ¡Huy! ¡Qué bonitas mariposas y qué alas tan grandes y coloridas tienen! ¿De dónde habrán salido estos bellos ejemplares? En mi vida los había visto. Seguro que no son de por aquí. Ahí pone “Calle de los Molinos”. ¿Qué será ese ruido que estoy oyendo a lo lejos? Parece como si fuera un tambor. ¡Eso es! Y está sonando un tajaraste que cada vez se acerca más. ¡Eso va a ser lo mismito que yo dije!: Belicar y sus hombres han llegado a un acuerdo con los extranjeros y ahora lo están celebrando al son del tajaraste. ¡Qué bueno! Por fin libres de ese rollo podremos pronto unir nuestras vidas y ser felices para siempre. Pero no. Yo lo que oigo es más bien un griterío como de niños asustados. Y parece que vienen hacia aquí. Sí, hacia aquí se dirigen. Están ahora por donde don Alonso Fernández de Lugo, el Adelantado, tenía sus posesiones, por eso la calle lleva su nombre. Ahí mismo fue donde se engendró la villa de Ycod. ¡Cruz, perro maldito! ¿Y qué es aquello que viene para acá corriendo detrás de los niños? Parecen monstruos que se acercan al son del tajaraste. Me está dando un miedo… Con razón huyen las pobres criaturas, porque lo cierto es que son bastante feos. ¡Santo Cristo del Calvario! Si es la imagen de la Guayota con el rostro regañado y unos enormes cuernos. Y viene corriendo hacia aquí con el rabo ardiendo. Me pregunto cómo se habrá escapado de las entrañas del Teide. Que Acorán me ampare porque yo voy a esconderme en esa casa en ruinas. Espérate que saque mi tabona afilada por si acaso. ¡Ay! ¿Y eso que está ahí? ¿qué es? Parece como uno de esos monstruos. Ah, no. Es sólo una cabeza enorme y unas ripias de madera cubiertas con un vestido de color púrpura que alguien ha debido dejar abandonado. El vestido es bastante bonito. Voy a probármelo, y como me sirva, me lo llevo puesto. Pues vaya que sí. Ni hecho a la medida. ¡Que bien! Parece que esos diablillos saltarines han pasado de largo y se han ido con la música a otra parte. Eso debe ser lo que llaman las libreas, lo último que queda de las procesiones medievales del Corpus Christi. En principio se trataba de una representación de la lucha del demonio y los pecados contra el Arcángel San Miguel, que siempre les vencía en la contienda y acababan huyendo de la Eucaristía. Por lo visto, en aquel entonces era una forma simbólica que servía para avivar la fe del pueblo de la forma más didáctica y amena posible. Debió ser introducida en Ycod por los hombres que llegaron con el Adelantado y se establecieron en estas tierras. Al principio se hacía la representación dentro de las iglesias, y luego pasó a las calles que debían estar barridas, regadas y enramadas con flores. Pero era de esperar que esto se les fuera de las manos, porque la cosa empezó a considerarse cada vez de peor gusto, por irreverente y poco religiosa. Llegó a un punto en que perdió todo el simbolismo que tenía inicialmente. Dicen que hace poco el rey Carlos III y sus ministros han prohibido que estas manifestaciones tengan lugar en las procesiones del Corpus y por eso se han ido desviando a otras celebraciones y haciéndose un lugar en las fiestas de los barrios gracias a la tolerancia del clero. ¡Adiós! ¿Quién será aquél que baja por la calle Hércules? Me suena la pinta. Por la casaca roja, las medias verdes y esa cara toda empolvada de blanco engalanada con la peluca de tirabuzones, yo diría que no es otro que don Cristóbal del Hoyo, el Vizconde de Buen Paso. Habrá venido a arreglar algo en la hacienda de la Acequia, en el solar de los Alzola, donde estuvo la plantación de caña de azúcar. ¡Fuerte rebelde que está hecho! Mira que ser el primero en Tenerife que se puso una peluca como los franceses. ¡Me imagino la revolución que se armaría! Y hay que ver qué pinta lleva. Pero como escritor es insuperable. No hace mucho, cuando volvió a Canarias, después de tantos líos y andanzas por la corte, escribió un soneto muy bonito que dice así: ¡Oh, cuán distinto, hermoso Teide helado, Tú mudas galas en el tiempo airado, ¡Dichoso tú, pues mudas por instantes Para ti llegará la primavera, ¡Ay! Parece que el Vizconde se me acerca. Voy a preguntarle si ha visto por aquí a mi amado Belicar. ¡Desde luego! ¡Qué hombre tan elegante y solícito es el Vizconde! Lo he saludado y, con un tono adulador, va y me suelta que mi silueta es tan “esbelta y grácil como su palmera de la Acequia”. Pues no sé si tomármelo como un cumplido o es que se está burlando de mí, porque ¿cómo puede decirme semejante cosa viéndome con este vestido que acabo de encontrar? Espero que mi bienamado Belicar no se entere nunca de esto porque sería capaz de emprenderla a pedradas con el Vizconde. Pero me ha pedido que lo acompañe hasta el final de la calle, para mostrarme la ermita de Nuestra Señora del Tránsito. Sólo podremos verla por fuera, porque es propiedad privada de una pariente suya que ahora no está en casa. Esta ermita la construyó el marido de ella, don Domingo de Torres, que fue Alcalde Real Ordinario de Ycod, tras obtener la licencia en 1766 y, por lo que me cuenta el Vizconde, es semejante a otra que está más allá, la de Las Angustias y las dos están llenas de tesoros traídos del otro lado del océano. Mientras echo un vistazo a la hermosa fachada de la ermita con sus rectos canalones de desagüe, el pequeño campanario y la hacienda contigua de los Ossuna, le pregunto al Vizconde si no habrá visto por casualidad a Belicar y sus hombres. Me explica que lleva un poco prisa, pero antes de alejarse calle abajo en dirección a su hacienda, con una sonrisa enigmática y burlona, me dice que vaya y pregunte al final de la Calle los Molinos, que allí encontraré la hacienda del Molino Nuevo, que pertenece al hermano de don Domingo de Torres, el Capitán don Marcos de Torres y Borges, que es el alcaide del castillo de San Antonio de la Marina del Puerto de Santa Cruz y regidor perpetuo de Tenerife. Aunque don Marcos está viviendo en Santa Cruz, pasa mucho de su tiempo libre por estas tierras de Ycod. Este don Marcos, como todos los indianos, tiene gran interés por mostrarse ante la gente como rico, generoso y privilegiado, y por eso no escatima en invertir en casas y donaciones al pueblo y a la iglesia. ¡Hombre! Si no fuera por sus riquezas sería imposible hacer tales alardes, porque, según me dijo el Vizconde, no hace mucho que don Marcos regresó de México, que es uno de los puertos de Indias con los que Canarias puede comerciar. Se embarcó allá por el año 1734 y desde aquellas tierras ha estado mandando objetos de gran valor. Sin ir más lejos, en la hacienda del Molino Nuevo fabricó la ermita a Nuestra Señora de las Angustias. Parece que su segunda esposa, doña Clara Magdalena de Chirino, hija de los marqueses de Fuente y Palmas, es una mujer piadosa donde las haya y estaba apenada porque los pobres de por aquí sentían vergüenza de asistir a misa, ya que sus vestidos raídos no estaban acorde con los de la gente que acude normalmente a la iglesia de San Marcos… Y claro que los pobres no son de llevar peluca, ni camisas de encaje de esas que se ponen las gentes de estamentos sociales superiores. En la hacienda de don Marcos de Torres había sucedido un horroroso incendio. La casa solariega fue pasto de las llamas y allí murió su primera esposa, doña Magdalena Méndez Fernández de Lugo. Pues como decía, la segunda esposa de don Marcos de Torres le pidió a su marido que en el solar donde había estado la casa construyera la ermita y, en septiembre de 1747, le pidió la licencia para construirla al obispo don Juan Francisco Guillén. Se ve que don Marcos ya lo tenía todo pensado, porque allí colocó la imagen de la Virgen María Santísima de Angustias y Dolores que se trajo consigo de la corte de Nueva España, una hermosa talla de madera policromada, cubierta con tejidos naturales que él mismo había mandado a esculpir en 1741 a un imaginero amigo suyo, cuyo nombre se desconoce. Dice que la ermita, que es de arte mudéjar, aunque yo no entiendo mucho de esos menesteres, sólo tiene una nave en forma rectangular con el tejado a dos aguas y una campana de buen metal traída también de México. Por lo que me dijo el Vizconde, el 22 de septiembre de 1748, que fue el día en que colocaron la imagen de la Virgen de las Angustias en la ermita, por la mañana la subieron en procesión desde la hacienda del indiano hasta la iglesia de San Marcos. Allí don Francisco José de Vergara, rector de la parroquia, dijo el sermón, que estaba escrito en ese lenguaje barroco grandilocuente que está de moda y que tanto le gusta al Vizconde, porque dice que le habían llamado especialmente la atención los versos iniciales, dedicados a don Marcos de Torres, que decían así: Desde lejos, o Torres, transportaste El día que para esto señalaste No se ha visto en el pueblo día otro Siendo el imán objeto y atractivo Aunque no entiendo de literatura, estoy de acuerdo con él, porque es un bonito poema. También me dijo que al final del sermón, en boca de la propia Virgen, el orador había puesto unas palabras de agradecimiento al benefactor, diciendo “que yo sabré pagar y premiar a quien debo y deberé mis aplausos, alcanzando de mi Hijo para él y para todos en esta vida dichas que sean de gracia y en la otra felicidades de Gloria”. Con esto, está claro que don Marcos de Torres ya tiene ganada la mitad del Cielo. Parece que el sermón lo han mandado para Cádiz para imprimirlo y que don Marcos de Torres se lo ha dedicado al comerciante de Indias amigo suyo, don Matías Bernardo Rodríguez Carta, que es el Tesorero General de la Hacienda Pública de Canarias. Algo andaría buscando don Marcos, porque no me cuadra a mí que la dedicatoria sólo sea en honor de la estrecha amistad que los une. Por lo que me contó, en 1751 don Marcos obtuvo una bula en Roma, por la que se le concedía a los capellanes de la ermita la posibilidad de imponer los escapularios de la Virgen y que establecía también la Cofradía de las Angustias, con indulgencias especiales para los cofrades, y para todos los fieles que recibieran el santo escapulario. Voy a acortar camino por aquí, por la calle Pez. La pez es una sustancia que se obtiene de la resina y que sirve para impermeabilizar edificios y sobre todo en la construcción de los barcos. También se exporta y, para que salga más rentable, se necesita quemar el pino completo y por eso ya por aquí no queda ni un pino. ¡Por fin estoy llegando! Menos mal, porque ya casi es de noche. Estoy desesperada por saber de mi amado Belicar. Aquí está la plazoleta. ¿Qué estarán celebrando con tanta gente dentro y fuera de la ermita? Por lo que veo, es cierto que de la hacienda de don Marcos de Torres no queda nada. Solamente la ermita y una huerta de frondosas plataneras que crecen en el lugar donde antes estuvo la casa. Dicen que por un lado lindaba con el camino que va al Río y con el ingenio de azúcar que el Adelantado fundó en 1505, y por otro, con los viñedos de don Fernando de Guanarteme y con el Molino de la Escalera. Ahí veo que están algunos restos del molino, que ya ha perdido gran parte de su estructura. Cómo se nota que no lo han cuidado, porque está destrozadito... Más allá hay algunos morales que recuerdan que hace mucho tiempo las sabias manos femeninas elaboraban hermosos y codiciados tejidos siendo una industria muy conocida en todo el mundo. Lo único que queda de aquella gloriosa época es la ermita que, después de tantos años, por lo menos se conserva aún en buen estado. En su frente hay un escudo mariano hecho de piedra que se colocó en 1775. A ver si consigo entrar entre la gente. Sobre el retablo acristalado con hornacina, hecho en 1759 por un vecino del Realejo de Abajo llamado Laureano Verde, está colocada la imagen de la Virgen, de unos ochenta centímetros de altura, que nos mira con sus manos juntas y la cara con expresión de gran amargura y humildad. Lleva, cubriendo su pelo trenzado, una toca blanca muy trabajada y un manto negro por encima. Un puñal de plata dorada hecho en Guatemala atraviesa, con contundencia y osadía, el lado izquierdo del divino pecho, mientras unas lágrimas caen por su delicado rostro. En el retablo principal, al lado derecho de la Virgen de las Angustias, se encuentra el primero y verdadero retrato de la Virgen de Candelaria, de 1493. En este óleo, sobre el fondo oscuro de la cueva, destaca la figura central de la Virgen, grande, morena, con el cabello suelto rodeado de una aureola y con un manto azul cubriendo sus vestiduras amarillas, ribeteadas con escrituras simbólicas. En la mano derecha porta al Niño desnudo, que sujeta entre sus pequeñas manos una paloma, y con la mano izquierda la Virgen sujeta una vela encendida. Alrededor de la imagen hay tres guanches, dos de ellos semidesnudos, cubiertos con el tamarco. Sus caras parecen sonrientes, a pesar de su sufrimiento, ya que uno de ellos sujeta una piedra con la mano en alto, el otro muestra su izquierda sangrante mientras en la derecha lleva una tabona afilada, y el tercero permanece arrodillado con las manos juntas en actitud de oración. Parece que este último es un mencey, a juzgar por la diadema que lleva en la cabeza y porque su cuerpo, a diferencia de los otros, está completamente vestido. A la derecha de la Virgen de las Angustias está el cuadro de la Divina Pastora, rodeado de sus ovejitas. Allá al fondo hay un retrato del Siervo de Dios Fray Juan de Jesús, un franciscano de San Diego del Monte de La Laguna. En el cuadro, de 1777, puede verse al religioso moreno, tuerto y con unas vestiduras de color pardo. La biografía de este franciscano fue escrita en exquisita prosa barroca por Fray Andrés de Abreu en 1701. Sobre la puerta hay un lienzo con moldura de charol encarnado y oro traído de México, que es la reproducción de Nuestra Señora de Guadalupe. El culto a esta Virgen ha tenido profundo arraigo en la Península, Canarias y América. Dicen que se originó en la Sierra de Guadalupe, en Extremadura, durante el siglo XIV, cuando la Virgen se le apareció a un pastor y le pidió que le hiciera un templo en aquel lugar. Éste se lo contó a los clérigos y no le creyeron. Más tarde, tras una nueva petición de la Virgen, los clérigos acompañaron al muchacho y allí, oculta entre unas piedras, hallaron la imagen de la Virgen a la que llamaron Nuestra Señora de Guadalupe, como la Sierra. ¡Mi madre! ¿Qué es eso? Allá arriba colgado del techo hay un gigantesco caimán disecado, con unas minúsculas manos de goma que sustituyen a las originales, seguramente quitadas de alguna muñeca, lo que le resta al monstruo parte de su fiereza y le da un aspecto un tanto ridículo. ¡Pobre bicho! Deberían de bajarlo de ahí y meterlo en una urna o algo, porque, ¡anda que como se le suelte el nudo de la cuerda o se parta la viga donde está colgado y le caiga encima a la gente mientras están en una misa…! Sí, señor. Más bajito y dentro de una urna acristalada, por lo menos para poder verlo de cerca y que no dé tanto miedo. Le he preguntado a una mujer por qué está ahí ese lagarto y, susurrando para no molestar a los que rezan, me cuenta que este bicho lo envió un señor de Ycod que vivía en México, que una vez, estando por aquellas lejanas tierras cruzando un río, se le acercó el terrible animal con intenciones de atacarlo. Por lo visto, el hombre, asustado, invocó a la Virgen de las Angustias y consiguió salvarse y luego atravesó el cuerpo del animal con su espada. Después lo disecó, lo rellenó y lo envió a Ycod para colocarlo aquí en la ermita. Me dice que el monstruo se merecía este final, porque había atacado a mucha gente ya. Esta historia del lagarto me resultó nueva, porque yo conocía la otra, que es diferente y todavía más fantástica, porque decía que al principio había sido un lagarto tizón común y corriente, criado por un pastor a fuerza de leche y queso. De comer tanto, el animal se engordó y creció de tal manera que cada vez exigía mayor cantidad de comida, con lo que al pastor se le hacía difícil alimentarlo. Un día el pastor no pudo darle la cantidad de comida que el lagarto demandaba y el muy desagradecido atacó al pobre hombre, que, para librarse de él, le pidió ayuda a la Virgen de las Angustias y consiguió matarlo, y por esa razón se lo ofreció a Ella en agradecimiento. ¿Qué es eso que está en el suelo? ¿Qué es lo que está pasando aquí? ¿Una tumba? Es una lápida de mármol de Génova con letras de bronce y un escudo de armas, que debe ser el de la familia Torres. Lo sé por las cinco torres y el yelmo de perfil mirando a diestra en su timbre. Un señor vestido de negro me explica que don Marcos de Torres en 1756 mandó construir un sepulcro para él y su segunda esposa y aquí reposan sus restos desde su muerte ocurrida el 17 de octubre de 1780. Entonces, si don Marcos de Torres está muerto, ¿para qué me ha mandado a venir aquí el Vizconde? No debí fiarme de su sonrisa burlona. Hace ya rato que ha anochecido, y como es lunes santo, la gente se prepara para sacar la procesión de Nuestra Señora de las Angustias hasta la iglesia de San Agustín. Después de la misa, será transportada en otra procesión hasta la ermita de San Marcos. La acompañará toda esta multitud de cofrades con sus ropajes negros, medallas en el pecho pendientes de cordones morados y portando luminarias encendidas. Algunos niños visten también túnicas moradas como la que yo llevo. De pronto, un señor calvo vestido de negro, destacado entre la multitud, me sonríe con su espléndida dentadura blanca. Me hace una ligera reverencia y me ofrece su mano. Yo le alargo lentamente la mía en señal de saludo. Me dice que se llama don Julio y que es el alcalde. ¡Vaya! ¡Qué vergüenza! ¡Y yo con esta pinta! Creo que ha debido confundirme con alguien de la cofradía porque este vestido se parece bastante a los de ellos. Don Julio me invita a ponerme a su lado en la formación procesional. Poco a poco, un río de puntos luminosos va subiendo lentamente delante de la imagen de la Virgen por la Calle de las Angustias, antes llamada de Los Molinos. Mientras tanto, la banda de música, bajo la dirección del maestro Tricás, entona una angustiosa melodía que se me clava en el pecho como la fulgurante daga de la Virgen y continúo andando descalza, en silencio sobre los adoquines hacia la calle Nicolás Estévez Borges, que lleva el nombre del ilustre arzobispo de La Habana, nacido en Ycod hacia 1617 y que comenzó como misionero en Cuba y más tarde nos mandó como regalo una gran joya de la de orfebrería mexicana, la cruz de plata que fue labrada por encargo en Puebla de los Ángeles por el orfebre Jerónimo Espellosa hacia 1665. ¡Qué raro! Pero ahí donde está esa iglesia junto a la enorme plaza, ¿no era donde estaba antes la ermita de San Marcos? ¿Y dónde están las casas consistoriales y las otras que esta misma tarde estaban ahí? ¿Y el convento de las Bernardas? De pronto y rompiendo el silencio de la procesión, le pregunto a don Julio si él ha visto a Belicar y si sabe dónde puede estar y muy serio me dice que sí, que me llevará junto a él. Me cuenta que Belicar y sus hombres, al negarse a negociar con Bencomo para hacer una alianza entre todos los menceyes de Tenerife y enfrentarse a los invasores, perdió su reino y su reputación de valeroso. Que tanto él como los menceyes de Daute, Adeje y Abona fueron tan imprudentes como para pretender defender sus reinos, su independencia y su libertad en solitario, al margen de la confederación de Bencomo, porque Bencomo no era de su mismo linaje y no quisieron aceptar que se les impusiera como jefe del ejército guanche. Continúa diciéndome que, de haber contado con la ayuda de Belicar y los otros, los guanches hubieran logrado la victoria, acabando con los forasteros de una vez por todas, pero, sin ellos, Bencomo sucumbió en una batalla en La Laguna, dejando al frente del menceyato de Taoro a su hijo Bentor, el que se desriscó en Tigaiga. ¡Ah, claro! Ahora entiendo su desesperación. ¡Pobrecito Bentor! ¿Y entonces cuál ha sido el paradero de mi amado Belicar? Don Julio me contesta que el 25 de julio de 1496, en vista de que la lucha estaba siendo desigual, un grupo de menceyes, entre los que se encontraba Belicar, se asomó a la cumbre del Valle de Taoro e hizo señales a los españoles de sus intenciones de parlamentar y en la Iglesia de Santiago Apóstol del Realejo Alto presentaron su rendición al Adelantado, que les prometió ante los evangelios que ninguno de ellos sería esclavo. Dos meses más tarde acabó la conquista, cuando las tropas invasoras tomaron posesión de las tierras de toda la isla y la mayoría de los menceyes fueron deportados. En esas fechas el cura Ruy Blas ofició la primera misa bajo el pino de Buen Paso. Varios de los conquistadores se quedaron en Ycod, entre ellos Pablo Martín, venido de Gran Canaria, a quien el Adelantado entregó las cuevas y sembrados de Belicar en Ar Tahone. Éste Pablo Martín hizo que el mencey se bautizara, adoptando su apellido, como Blas Martín. Al no tener un sitio donde vivir a sus anchas, el mencey Belicar marchó a Los Realejos y allí se casó con Ana, la hija del hidalgo guanche Pedro Vizcaíno. Dos lágrimas de angustia resbalan lentamente por mis mejillas. No puedo creer lo que oigo pero tampoco puedo rebelarme ante lo que es evidente. ¿Entonces eso quiere decir que Belicar y sus hombres no fueron lo suficientemente valientes; que no supieron defender la libertad de mi pueblo guanche? ¿O sea, que tengo que aceptar su cobardía y la incapacidad de unirse para defender mi tierra por temor a que Bencomo, que al fin y al cabo era uno de los nuestros, se hiciera con todo? ¡No lo puedo creer! La larga fila de débiles luminarias entra en una iglesia, tras ascender por unas amplias escalinatas. Don Julio ha sacado una gran llave de su bolsillo y se dispone apresuradamente a abrir las puertas del ayuntamiento. Sigo sus pasos que suben en silencio los tres tramos de escalera que conducen al piso alto. En el último escalón su alargada figura se detiene bruscamente y se gira señalándome el gran tapiz que cuelga glorioso ocupando toda la pared del fondo. En él pueden reconocerse los cuatro menceyes, Pelinor Rosmén, Adjoña y Belicar, flanqueando el escudo de la ciudad de Ycod, donde se distinguen, en el lado izquierdo el Teide, y, en el derecho, el drago, orlados por ocho racimos dorados y encima una corona española que resulta, por su descomunal tamaño, aplastante respecto a todo el conjunto. Lo miro durante un largo rato, mientras don Julio permanece callado con sus ojos claros atentos al más imperceptible de mis movimientos. Todos los recuerdos se me agolpan llegados desde los rincones más lejanos de mi memoria. No tengo ninguna pregunta que hacer, porque ha quedado muy claro el mensaje. Nunca mejor dicho lo de “una imagen vale más que mil palabras”… ---000--- Corre el año del señor de 1955. Don Julio toma entre sus manos un librito de una de las estanterías del pasillo y, con aire de solemnidad, me dice: -Querida niña, entiendo la decepción que sientes en este momento, pero como nos dijo el año pasado, durante las fiestas del Cristo, el amigo Heraclio Díaz Mesa, que es cronista oficial de esta ciudad: “Han pasado los siglos, y en la Isla sólo queda un Mencey, el Teide, nacido de volcanes, con ardientes y profundas raíces que enlazan continentes, palpitando, en su interior, el fuego que por las grietas aflora en fumarolas, para más tarde, en los fríos inviernos, revestirse de nieves, que el sol luego deshiela, convirtiéndolas en aguas que brotan en las fuentes, alegres, cristalinas, y riegan nuestras tierras… El Mencey de la Isla, soberbio y voluptuoso y con mucho de mimos –achaques de la edad-, recibe las caricias de la brisa, los halagos del mar, en sus besos de espuma, nítidos rizos blancos, al romperse las olas en sus acantilados rocajes, que susurran lamentos ante el constante recuerdo de antiguos cataclismos, de que fueron testigos”." 27/11/2005 18:59. #. Tema: historia y costumbres No hay comentarios. Comentar.
No hay "gesto" que valga si no es mutuo (8ª parte)Se muestran los artículos pertenecientes al tema cosas mías. 30/04/2008Verba volant; scripta manent
La amnesia es un mal terrible. Hoy tuve no sé si la suerte o la desgracia de encontrarme por casualidad frente a frente con el que fue el odioso cómplice de una traición dolorosa que ya me dormía en los algodones del olvido. -Eh, Camy, ¡Cuánto tiempo! (beso) La verdad es que hubiera preferido el olvido pero en mi vida es difícil pasar de amigo a traidor sin que quede huella confusa de lo uno y de lo otro; no sé en estos casos mantener de forma unívoca el rencor o el cariño porque la mayoría de las cosas, para suerte mía, las olvido y las desconecto de mi mente para siempre, y si vuelven a aparecer por una fortuita casualidad es de una forma imprecisa y desdibujada que no permite elegir entre un sentimiento u otro. Lo siento principalmente por los que creían ser mis enemigos pero no voy a derrochar ni un gramo de pasión en mantener los rencores. Prefiero la sedante dulzura de esta amnesia. 30/04/2008 22:56. Autor: laotracamy. #. Tema: cosas mías No hay comentarios. Comentar. 14/04/2008¡Por Dios! Otra nota aclaratoria...¡Una verdadera pérdida, desde luego que no salgo de mi asombro! Se ha dicho que yo elimino los artículos de este blog. Aclaro que por la configuración del mismo, en la portada de este blog sólo se me permite poner 20 artículos, por lo que puede dar la impresión de que el resto han sido eliminados. Nada más lejos de la realidad; sobre todo los que conocen cómo funciona un blog saben que si se quieren visitar los artículos anteriores, puede prefectamente hacerse usando el buscador, o bien visitar los enlaces por fechas o por temas. Confieso que no he eliminado ningún artículo desde que se creó el blog, salvo por recomendación de una amiga en una ocasión en que hablaba del caso de un menor, alumno mío, y quedé en averiguar si había algún inconveniente para colgarlo y, no viendo el tema claro, por precaución decidí descolgarlo. El resto está ahí, organizado por fechas y temas. Les invito a los lectores a visitarlos cuando quieran. 14/04/2008 19:08. Autor: laotracamy. #. Tema: cosas mías No hay comentarios. Comentar. 26/03/2008Un recomendación para los lectoresComo veo que muchos se amargan después de leer este blog y a continuación reaccionan de las formas más siniestras, si lo que quieren es tener una vida más tranquila, no pierdan el tiempo viniendo aquí a envenenarse. Les aseguro que en la red hay muchos sitios más interesantes y agradables que éste. Nada más hace falta "googlear" un poco y verán montones de ellos. Ya me apañaré con yo con esos pocos buenos amigos que sé que están ahí siempre. Con eso me basta. Sean felices. 26/03/2008 22:22. Autor: laotracamy. #. Tema: cosas mías No hay comentarios. Comentar. 22/03/2008La canción del veranoSiempre he tenido esta canción por una de mis favoritas, pero hasta ahora no le había encontrado el encaje en mi vida, de no ser porque la bailábamos hasta la hartura en aquellos carnavales de los primeros noventa. A ver si aprovechando el tirón de Pepe Benavente y el amigo Manuel Dorta, que están tan de moda por estos lares, logramos convertirla en la canción del verano. Yo no he hecho nada, te lo juro. Cuando desperté, la canción ya estaba ahí. ;-) 22/03/2008 15:22. Autor: laotracamy. #. Tema: cosas mías No hay comentarios. Comentar. 11/03/2008blablablablaQuerido diario: Sé, por mucho que digan que del amor al odio hay un paso, que el cariño es algo muy distinto al desprecio. Acordándome de mis clases de Cultura Clásica, les explicaba a mis chicos que Cupido iba vendado y ciego y para divertirse un rato disparaba a capricho a unos flechas de oro, que simbolizaban el cariño, y a otros flechas de plomo, que simbolizaban el desprecio, y nunca nunca nunca las confundía. ¿Acaso va a hacer excepciones este dios caprichoso porque haya en la esquina un kiosco donde venden gominolas? Del Señor Rolo, a quien echo de menos, aprendí la expresión "terrorismo informativo", que la usaba para referirse a cosillas muy lejanas de lo que vemos actualmente. La utilizaremos más a menudo para referirnos a las prácticas de ciertos personajillos que dicen ser periodistas y que no saben que la tercera acepción de "golfa" en el diccionario de la Academia significa "prostituta", esto es "Persona que mantiene relaciones sexuales a cambio de dinero". ¿Esto es calumnia, injuria, insulto, atentado contra el honor de las personas? ¿Qué es? ¿Cómo denominaríamos a un llamémoslo "pseudoperiodista" (tener o no carrera es lo de menos, porque algunos pasan por la universidad y la universidad no pasa por ellos) o a un presentador de televisión que en su programa llama "golfa" a una señora a la que no conoce? Reitero la pregunta: ¿Qué persiguen los medios que utilizan estos recursos? Menos mal que ciertas emisiones de esta basura (Iván, me resisto a usar el vocablo telemierda, tío, pero acabaré usándolo sin remedio como las cosas sigan así) no llegan a los hogares de forma masiva. Supongo que alguien o algo se habrá encargado de que así sea. Mea culpa non est. 11/03/2008 20:28. Autor: laotracamy. #. Tema: cosas mías Hay 2 comentarios. 09/03/2008El elemento "Y"La primera parte de este artículo está escrito con datos copiados íntegramente de Wikipedia. "La Y es la vigésimo sexta letra del alfabeto español y la vigésima consonante. Su nombre es i griega, también conocida como ye. Uso fonético La Y hace las veces de consonante y de vocal (concretamente la i semivocal) en diptongos y triptongos a final de una palabra, (como en hoy, buey), aisladamente el signo y tiene el valor vocal equivalente a la i plenamente vocal. Como consonante su valor fonético suele ser el correspondiente a un fonema de articulación palatal sonoro, generalmente fricativo siendo según los casos de articulación más o menos abierta, llegando a tener en español una sonoridad semejante a la j inglesa y francesa, aunque suele ser más próximo al valor fonético de la j alemana. En gran parte de Argentina y Uruguay la "y" se articula con rehilamiento de modo que el sonido es [Ŷ] -comparable a la dj[/diyei/] en el inglés y el francés-; incluso en ciertos estratos socioeconómicos de Argentina llega a ser frecuente una pronunciación de la "y" muy semejante a una "sh" con valor fonémico [Ž]. Historia Proviene de la letra griega ípsilon (υψιλον) -"i larga"- , que se pronunciaba /u/, más tarde /y/ (como la u francesa o la ü alemana) y actualmente /i/. Inicialmente los romanos la transcribieron con el grafema ’v’, hacia mediados del siglo I adC utilizaron la letra ’Y’ para transcribir palabras de origen griego en las que se hallaba presente, por ello se corresponde con la letra Y del alfabeto latino o romano moderno. La introducción en Imperio Romano se dio en un periodo tardío en cuanto al desarrollo del alfabeto, por lo que la /y/ pronunciada como "U" produjo confusiones entre las grafías "Y" y "V", pudiendo hallarse la palabra "Satvra" por "Satyra" y "Svlla" por "Sylla". En el año 1726 la Real Academia Española separa los usos de las íes latina y griega: decide que sólo la i latina se use como vocal. Todavía hoy es posible leer el letrero Yglesia, en las fachadas de algunas viejas iglesias. Algunos apellidos, como Ybarra, han guardado la antigua grafía. Representaciones alternativas En el alfabeto fonético de la OTAN está representada por Yankee. Significados En castellano, significa la conjunción copulativa que une palabras o cláusulas en concepto afirmativo; forma grupos de palabras; da énfasis o fuerza de expresión a lo que se dice a principio de período o cláusula (¿Y si acaso no me ama?) o denota la idea de repetición indefinida (horas y horas esperándola). Para evitar aliteraciones cacofónicas, la y se cambia en e ante palabras que comienzan en i (José e Isabel ), sin embargo, tal cambio se efectúa cuando la ’i’ es vocal plena no con un valor semiconsonante (por ejemplo, se dice y escribe: oro y hierro), o cuando la palabra comenzada con i carece de valor tónico en una interrogación, por ejemplo: ¿Y Ivana?. Curiosidades En el mundo grecorromano la letra "Y" también era conocida con el nombre de "Letra de Pitágoras" o "Árbol de Samos", por ser esta isla la patria del filósofo. Esta asociación se debe a la creencia de que la letra representaba la doctrina de Pitágoras, que sostenía que todos los hombres seguían la misma senda durante sus vidas, hasta que llegar al sitio donde aquella se dividía en dos partes, el momento en que debían enfrentar una opción, es donde algunos tomaban la de la derecha, que es áspera, escarpada y conduce a la virtud y la sabiduría, mientras que los otros optaban por la de la izquierda, lisa y sembrada de flores, pero que conducía al abismo de los vicios. En neerlandés, la letra "Y" no forma originalmente parte del alfabeto. En cambio, se ha usado (y aún se usa, aunque en menor medida) para representar (informalmente) la letra IJ (que también se escribe en ocasiones como Ÿ/ÿ (donde la diéresis representa los puntos de la "i" y la "j" unidas); es fácil comprobar que la combinación "ij" manuscrita es muy parecida a la grafía "ÿ". No obstante, las grafías IJ/ij se consideran más correctas; existe también un carácter único en Unicode, IJ/ij para representar el mismo sonido, pero su uso es desaconsejado y muy poco común. Nótese que en afrikaans (idioma derivado del holandés) la y corresponde y es pronunciada como la ij neerlandesa. En la Edad Media la letra "Y" se usó con otras letras como parte de un sistema numeral, donde se le asignaba el valor de 150, mientras que una "Y" con una raya encima representaba 150.000. El nombre i griega surge a causa de una confusión, porque el equivalente a la y griega nuestra para el griego es en realidad la g. Entonces, los griegos al hablar español sobre esta letra, decían: Como nuestra ge griega; pero como es sonido vocálico es una i, se la llamó ’i griega’. Existen dos lugares cuyo nombre es simplemente "Y", uno es una pequeña población que está en Alaska y el otro es una comunidad en el departamento de Somme, en Francia. La autopista que une las ciudades de Oviedo, Gijón y Avilés se la conoce como "Autopista Y" por tener la forma de esta letra”. Algunos de estos argumentos explican la nomenclatura toponímica en algunas zonas de Icod, como aquella que pone REIES (Calle Los Reyes) o la que pone VILLA DE YCOD (En la zona de Las Angustias). Allá por septiembre de 1993, en el curso de doctorado “La interpretación como fenómeno comunicativo: relaciones entre semántica y pragmática” del profesor Joaquín Garrido, presenté un ejercicio de pragmática de apenas dos páginas que me valió el sobresaliente y la nota diferenciada respecto al resto de mis compañeros porque dicho ejercicio trataba un análisis pragmático del elemento “Y”, para la explicación de lo cual elegí varios ejemplos de diversos orígenes, algunos bastante novedosos en este tipo de cuestiones. Uno de ellos era de la novela La hojarasca, de Gabriel García Márquez, con una presentación de hechos en sucesión consecutiva, con elementos de una misma categoría. Era un típico ejemplo del montón, elegido al azar al abrir un libro cualquiera –bien podría haber elegido Cien años de soledad, que es mi favorito-. Sin embargo, este ejemplo no era más que una simple excusa introductoria para analizar los otros dos, uno de ellos un trozo de la telenovela Rubí, también usado como relleno y elegido por la necesidad de contar con más de uno que avalara mi explicación e hiciera compañía a mi ejemplo estrella. En éste, Lucrecia, la mamá de Víctor Alfonso, le decía a su hijo favorito: Lucrecia: Ah, a propósito, Víctor Alfonso, llamó Gladys. En mi pequeño ejercicio analizaba pragmáticamente el ejemplo argumentando que Víctor Alfonso desafiaba a su madre con el uso de la entonación interrogativa para que ella revelara sus verdaderas intenciones en su siguiente enunciado. Ella a continuación “cantó”, dejando claro que su objetivo era destrozar el matrimonio de su hijo metiéndole por los ojos a la arpía de Gladys: Lucrecia: Yo quiero que la invites a salir. Pero mi ejemplo estrella era nada menos que una tira de Mafalda que siempre me ha fascinado, por lo poco que dice y a la vez lo mucho que expresa. En las cuatro viñetas sólo hay una palabra comprensible. Y ya que mi escáner está averiado intentaré describir el contenido de las viñetas. En la primera viñeta hay un muchachote guapo y Susanita observa cómo le pasa por delante una mujer joven y bien puesta y el tipo susurra entre dientes: “¿Mbssñssbñs ñssstrblss? ¿Eehee?”. En la segunda viñeta, el tipo, medio babeando, le dice a otra chica guapa que pasa: “¡Mmmh!... ¡Mñsblts bssslzzmbssñs!”, mientras Susanita observa un tanto sorprendida. Así pues, en la siguiente viñeta, Susanita, con su mejor sonrisa y sus armas de mujer, se decide a pasar delante del tipo, que esta vez permanece serio e impasible. Por último, ya en la cuarta viñeta, Susanita se da la vuelta hacia él y le grita muy enfadada: “¿Y?” Bueno hasta aquí las explicaciones, así que, como las cosas mías sólo las entiendo yo y algunos que a veces me siguen la pista, viendo tantas estupideces sin sustancia que se cuentan por ahí, me doy la vuelta y pregunto:
09/03/2008 23:16. Autor: laotracamy. #. Tema: cosas mías No hay comentarios. Comentar. 07/03/2008Otra aclaraciónDespués de ver que hoy sucedió un atentado en Mondragón, ese "poco de sal" al que me referí en el artículo anterior, acabo de darme cuenta de que el dominio donde está alojado este blog no reconoce el 29 de febrero y tal parece que el artículo que colgué anoche, lo hubiera colgado a las once de la noche de hoy, cuando todavía son apenas son las 16.40. En cualquier caso, este hecho corrobora lo que decía en dicho artículo e intensifica ese vértigo al que me refería antes. 07/03/2008 16:44. Autor: laotracamy. #. Tema: cosas mías Hay 2 comentarios. Unos momentos antes de la batalla
Gracias a los amigos de Canarias Insurgente, de quienes he tomado esta foto Estas elecciones generales del 9 M serán más de lo mismo. Nada cambiará en el panorama político cada vez menos convincente de este país, a no ser que suceda –Dios no lo quiera- otra circunstancia tristemente conmovedora similar a la del 11 M, que le ponga “un poco de sal” a la contienda electoral más reñida de la historia. Seguimos en el mismo punto que hace cuatro años y todas las encuestas y debates entre candidatos presagian un esperado empate técnico que sólo un hecho como el atentado de Atocha puede desigualar, aunque sea usando métodos desleales como una convocatoria a través de sms. ¿No has sentido alguna vez ese vértigo inquieto previo a un suceso histórico? Tengo últimamente la sensación de que este país está a punto de una guerra civil cuando oigo a esos dos mercaderes de la palabra que se presentan con mayor porcentaje de posibilidades de ocupar el “despacho oval” monclovita. Algunos otros partidos mientras tanto permanecen expectantes como quien dice “ellos sabrán”. Parece como si ninguno quisiera tomar parte para que la sangre no nos salpique. Hace ya tiempo que observo que los españoles nos hemos cansado hasta del fútbol. Del fútbol ya casi no se habla ni cuando se acercan los mundiales. Sin embargo, me acuerdo de emocionarme aquella vez que, para variar, ganó el Dépor. Fue allá por el 2000. Mi conocimiento de fútbol es limitadísimo, aunque he llegado a hacer alguna que otra vez una quiniela, aplicando un poco el sentido común, y acertar hasta once resultados. Pero solía sentir esa misma emoción de lo diferente cuando escuchaba en la radio los domingos de la primera mitad de los noventa aquellos inolvidables partidos del Tenerife de cuando entrenaba Valdano, que supo hacérselo contra el Madrid, llegando a meterles el miedo en el cuerpo vestido de “la bestia negra”, con ese gesto maestro de alinear de manera irrepetible a Latorre, Miñambres y Fernando Redondo, entre otros; o cuando el España-Malta de los 12 goles; o viendo la resistencia de unas piernas de absoluta locura, las del mítico Luis Arconada, guardameta de la Real Sociedad en el mundial de Naranjito. Pero lo cierto es que el discurso de los dos candidatos a presidir la Moncloa ya da de cara. ¿La gente no se cansa de esa ñoñería trasnochada de votar siempre a los mismos, o al PSOE o al PP? Incluso llega a darse el increíble caso de los que votan en unas elecciones a uno y en las siguientes al otro. ¿Es esto ético o se puede ir de un extremo a otro como quien se prostituye sin sufrir remordimientos, como quien se cambia unos interiores sucios? En otras ocasiones que había elecciones generales me llegaba a ilusionar el resultado posible, porque se reñían candidatos con carisma e inteligencia, pero ocurre que la oferta que hay en la actualidad es tan paupérrima que no consigue ilusionar más que a los amigos de la crispación y a los que no les queda más remedio. Hoy ya la gente no vibra con el fútbol, porque el fútbol, desde que se instalaron en la parte alta del ránking los dos de siempre, el Madrid y el Barça, ha perdido interés para muchos españoles que no viven en la corte o en la ciudad condal, porque no le encontramos ningún sentido a apoyar a un equipo que no nos es ni sal ni agua ni pescado. Únicamente siguen ahí unos Ultrassur trasnochados, esos ridículos fanáticos xenófobos que apalean y se viran a navajazos con todo lo diferente que se les ponga por medio, sobre todo cuando muestra color blaugrana. Y del otro flanco, tres tantos de lo mismo. Tampoco parece que la gente se ilusione con la política estatal. Es tan poco interesante, tan maniqueísta… La historia de siempre entre los whigs y los tories, los conservadores y los liberales, la derecha y la izquierda, los demócratas y los republicanos… El PSOE y el PP. Al resto de los españoles parece que nos importa poco si en Génova-13 alzan la voz más que en Ferraz-70. Ya no nos quedamos callados ante ese griterío incesante y cuestionamos todo lo que dicen e incluso nos atrevemos a decir “mentirosos”: a los que están tan alto los hacemos caer tan bajo y encima hasta les perdemos el respeto. Además, ya lo decía Esopo “la rueda más estropeada del carro es la que hace más bulla”, pero me queda una duda: cuál de las dos está más estropeada. Ya ninguno de los dos nos convence, por eso este país va siempre de uno a otro dando tumbos. 07/03/2008 23:04. Autor: laotracamy. #. Tema: cosas mías No hay comentarios. Comentar. 05/03/2008Aclaración de la nota aclaratoria que realmente aclaraba muy poco
Varias personas me han preguntado hoy que qué es lo que aclaraba la nota aclaratoria del artículo anterior y qué pintaba la pobre Rita Haytworth en todo ese pastel, porque nada ha quedado claro. Y sobre todo por qué esa manía de El Digital de Canarias de cortar últimamente mis artículos íntegros para elaborar otros que parece que sólo los entiende el que los redacta, porque se refieren a mí y ni yo misma los entiendo. Si los redacta sólo para mí, o eso es lo que me dicen, agradezco el esfuerzo a quienquiera que se toma esas molestias, pero si no me lo explica con claridad me quedo como acabante. Pues está bien, explico a qué venía el tema y nos enteramos todos. Este pasado domingo a las 12 de la mañana abrí El digital de Canarias y en una noticia sobre los afectados del anillo insular, vi que sin mi permiso habían cogido la fotografía de este blog que ilustra el artículo “y suma y sigue” y en el pie de foto decía que las cajas rojas contenían “las actas firmadas para comenzar el proceso de expropiación”. Me pareció que eran ganas de morbo y de hurgar más en las heridas por parte del que usó esa foto con tan mala leche para ilustrar la noticia de los afectados por las expropiaciones del anillo insular. Así que yo, con el ánimo de evitar la confusión y ayudar al que no sabe, como es el deber de un enseñante, le envié a dicho diario digital el siguiente correo que permanece en mi carpeta de correos enviados, y que copio íntegramente: Fecha: Sun, 2 Mar 2008 12:20:21 +0100 (CET) De: "Camy"
Un saludo
Por esa razón y por otras similares en mi artículo anterior insistí en lo de preguntar y contrastar los datos de la información que se publica en este diario y en otros tan sensacionalistas como éste. Y por poner alguna foto para ilustrar dicho artículo, puse una mía y con un poco de ironía hice un guiño con lo de que no me confundieran con Rita Haytworth, por decir lo primero que se me ocurrió en el momento de ver la foto. Pues funcionó el guiño, porque hoy han vuelto a cortar un artículo completo sin consultarme lo más mínimo. Así que, como algunos ya me lo han preguntado, me lo preguntaré yo y se lo preguntaré a quien quiera contestarme: ¿Qué busca esta empresa exactamente con esta provocación? Y ya que estamos... ¿Qué busca exactamente cuando publica cosas que no son ciertas de mí o de mis compañeros y de mi entorno? Una vez o dos, allá por el mes de julio, tuve una muy muy breve conversación por teléfono de un par de minutos con un representante de esta empresa que me llamaba, me pareció, en plan curioso, para saber quién sentaba su culito en la silla del despacho que usaba la anterior jefa de prensa y que yo, por no existir un periodista, ocupé por ser bastante céntrico y por no haber otro vacío en ese momento. Pues hasta hoy. No he sabido más de estas gentes, excepto que han estado por el ayuntamiento en varias ocasiones y no he tenido el placer de tropezármeles –siendo, como ellos mismos dicen que he sido, la jefa de prensa, lo más normal es que un medio de comunicación vaya a dar con el jefe de prensa-, por lo que me sorprende ese interés o persecución hacia mi persona cuando ni siquiera se han presentado como han hecho tantísimos medios. En fin. Tengo mi propia hipótesis, pero dejo esa reflexión en el aire por si alguien quiere contestármela en los comentarios bajo estas líneas. Espero haber aclarado lo que me pedían de la foto de Rita Haytworth y vuelvo a poner esa misma foto de aquel verano de 1991 que me trae gratísimos recuerdos. 05/03/2008 23:30. Autor: laotracamy. #. Tema: cosas mías Hay 2 comentarios. 02/03/2008Un viejo refrán
Dice un viejo refrán que "el que se pica es porque ajos come". Para quienes dicen de mí sin contrastar lo que dicen, les voy a revelar un secreto a voces. Hace varios meses que no hago las notas de prensa del ayuntamiento, porque para ello tengo un montón de profesionales que las hagan a los que les agradezco la paciencia y la dedicación. De hecho, creo que en cinco años habré escrito yo sola unas dos o tres notas de prensa, y ni estoy segura de tanto, pues también en las enviadas desde mi partido sólo me limitaba a revisar la redacción y la ortografía, porque es lo más parecido a mi profesión de profesora, supongo. Por si leen lo contrario, aclaro que ni soy periodista, ni pretendo, ni ejerzo como tal. Pero estos artículos míos están levantando ampollas por lo que veo, y bien podrían no darse mala vida con lo que yo digo, que en la red hay miles y millones de sitios donde pasar un rato sin comerse tanto el coco. Pero vuelvo a aclarar que esto no es periodismo, claro que no. Es un hobby de alguien a quien le gusta escribir y opinar. Además, creo que en esto del periodismo (o lo que se entiende por tal, que es una amalgama de cosas muy dispares, a mi modesto entender) hay tanta batalla y tanto intrusismo que... ¿qué puede pintar alguien como yo en esa batalla si puedo permitirme el lujo de dar órdenes para que se mojen otros en lugar de arremangarme y arrimar el hombro? Si por no saber, no sé ni dónde le queda el zoom a la cámara de fotos. De hecho, hemos comprobado que cuesta Dios y ayuda seleccionar un buen periodista con titulación, predisposición y las ideas claras, alguien a quien mandar. Pero no es imposible, afortunadamente hemos tenido suerte. Esto viene a que no me voy a retractar de todo lo que he dicho en el artículo anterior; después de todo lo que he escuchado y leído en estas últimas semanas creo que más bien cabría reafirmarlo con ejemplos de la vida diaria. Señores periodistas, un poquito de profesionalidad y contrasten los datos si lo que quieren es tener credibilidad, porque digo yo que debería ser la aspiración de los periodistas, la credibilidad. Públicamente doy las gracias a Miguel Ángel Reyes por aclarar este asunto de las "amenazas" y a Juan Antonio Vázquez (que aquí nadie sabe quién es) por hacerme saber que hay una manera aún más contundente de arreglar estas cosas que yo desconocía. Y a los que dicen de mí tantas tonterías de oídas o por intuición, a riesgo que estromparse como kamikazes, allá ellos si no las han contrastado; yo todavía no me he comido a nadie ni soy el ogro del cuento, lo puede corroborar quien me conoce de verdad y no de vista o de oídas. Ah, y gracias a aquellos que me hacen publicidad gratuita, porque dispara las estadísticas de visitas a este blog, lo que me enorgullece tremendamente. Mil gracias, pues. Y como dicen el refrán, "al que le pique que se rasque..." NOTA ACLARATORIA: La de la foto soy yo cuando tenía 23 años, no sea que vayan a cortarla de aquí para ilustrar una nota sobre Rita Haytworth. ;-) 02/03/2008 12:43. Autor: laotracamy. #. Tema: cosas mías No hay comentarios. Comentar. 22/01/2008Con los Tiralenguas otro año más
Santa Cruz,... ¡¡¡que lo disfrutes!!! 22/01/2008 17:25. Autor: laotracamy. #. Tema: cosas mías No hay comentarios. Comentar. 10/01/2008A un estudiante audaz...Las "cosas mías" sólo las entiendo yo, aunque a veces alguien me sigue la pista... Lo cierto es que los últimos los he leído con menos interés. Me pasó lo mismo con cierto diario digital. Al principio arrancó muy bien, pero últimamente da la impresión de que quien redacta escribe sólo para sí mismo, en esa jactancia absurda del que cree conocer el asunto mejor que nadie. Imagínate que ninguno de los que estamos por así decirlo "en el ojo del huracán" entendemos lo que ponen los escritos de ese medio, entonces… ¿qué podrá entender la gente de a pie si los mensajes están totalmente encriptados? Intento empezar a leer los artículos y antes de terminar el primer párrafo ya me he perdido porque no me cuadra lo que se dice con los datos que yo manejo y que me consta que no están equivocados. En varias conversaciones en las que he participado se ha hablando de tu tema. Las opiniones han sido diversas pero confluían en que es una situación un tanto temeraria y acabamos relacionándola con la inmadurez debida a la juventud, lo cual es perdonable, por supuesto, porque se comprende que todos pasamos por esa edad alguna vez. Y ahí ha quedado todo. Yo por mi parte sigo pensando que crear un estado de opinión de oídas, desde la distancia, y sin más datos que algunas opiniones (pues son opiniones, no olvides que detrás de cada noticia hay un periodista que la redacta, con mayor o menor asepsia) que se leen en la prensa es muy peligroso, porque se confunde a los ciudadanos sin necesidad y nos resta tiempo a todos para ocuparnos de lo que realmente interesa, que es echar este pueblo para delante. Dice el refrán que “bastante colabora quien no entorpece”. ¿Qué se gana con crear crispación? Además, observo una manía irreprimible de dar consejos. Desde luego que las intenciones pueden ser muy buenas pero, a mi entender, sólo se deberían dar consejos desde la experiencia y el conocimiento. Pregunto yo, y, por favor, no lo consideres una falta de respeto hacia tu persona: ¿Quién eres tú para dar consejos a tanta gente? ¿Quién o qué los avala? Explícame cómo te atreves a creer que se deben seguir tus consejos, o tus exigencias, los de una sola persona, e ignorar la voz de toda la ciudadanía. Perdona, compañero, pero mi corazón me dice que es preferible equivocarse siguiendo el consejo popular que el de una sola persona. De las dictaduras siempre queda un mal sabor de boca. También se habló de la ambigüedad política de tus escritos. Ese quiero pero no quiero. ¿Qué pasa? ¿Eres de izquierdas o de derechas o simplemente vas a favor del viento que más sopla? Defínete a ver. ¿Es que ya conoces a fondo todos los proyectos de todas las formaciones incluido mi partido y por eso lo criticas o también es una simple crítica de oídas? Ya sé que “ni soy santo de devoción ni monedita de oro para caerle bien a todos”, y a lo mejor te tomas a mal mis palabras, pero no ha sido mi intención molestarte. Todo esto que te he comentado es desde el máximo respeto y cariño hacia tu persona. Mi correo está a tu disposición: camy_dominguez@yahoo.es Por último, sólo un consejo: Prudencia. Lo demás son refranes. Piénsalos. Te dejo con ellos: De las vacas sagradas se hacen mejores hamburguesas. 10/01/2008 23:41. Autor: laotracamy. #. Tema: cosas mías Hay 1 comentario. 26/12/2007¡Feliz Navidad!26/12/2007 19:16. Autor: laotracamy. #. Tema: cosas mías No hay comentarios. Comentar. 19/12/2007Un gran Concierto de NavidadA Juan Carlos León, el Mosco, con cariño, este clásico de nuestra época. ¡Felicidades por ese trabajo, artista! 19/12/2007 22:01. Autor: laotracamy. #. Tema: cosas mías No hay comentarios. Comentar. 21/11/2007Música para mis oídos
También agradezco a Erik Cichosz ese Warsaw Concert, por el modo tan original de presentarlo. No tengo palabras... 21/11/2007 17:16. Autor: laotracamy. #. Tema: cosas mías No hay comentarios. Comentar. 17/11/2007Recuerdos infantilesEse jueves, 20 de noviembre, amaneció lloviendo. Mi madre me había vestido con un pantaloncito de campana de color lila brocado que formaba conjunto con una torerita que me había hecho mi abuela, pero como ya me iba quedando corto, le habían adjuntado un tramo de unos cinco centímetros de otro tipo de tela azul turquesa en lo bajo de las perneras. Había cogido mi maleta, la verde con gatitos no, porque ya la había desechado el verano anterior (alguna que otra cosa desechábamos también por entonces), y mi paraguas de plástico transparente con olor a plástico transparente y con muñequitas japonesas que, por la forma, demasiado curva, casi acampanada, hacía que cuando llovía nos ensopáramos las piernas de los gemelos para abajo, teniendo que arrastrar los pantalones enchumbados y pesados si nos cogía el aguacero por la mañana, cuando íbamos a clase, porque justo en esa parte a los pantalones les sobraba demasiada tela. Salí a la puerta con el paraguas abierto, que era mi ilusión, como la de todos los críos, seguida de mi madre que me acompañaba sólo hasta la puerta… de casa. Los dos kilómetros hasta la escuela de doña Juana los hacía solita o en el mejor de los casos con alguna amiga que me espabilaba, porque sí que me gastaba paciencia, aunque era lenta pero segura, pues aun sin reloj llegaba a tiempo a la escuela –el primer reloj me lo regaló mi madrina de obispo cinco años después lo que me obligó a aprender la hora-. Justamente cuando mi madre me iba a decir lo de “el fundamento y por la orillita”, asoma la nariz la vecina y le dice: “¿La vas a mandar a l’iscuela? No la mandes que dice que se murió Franco. Yo los chicos míos no los voy a mandar tampoco”. “¡Adiós! Se murió Franco”. Mira que hacía tiempo que venían esperándolo. Me dio la sensación, a pesar de mis siete años, de que aquello iba a ser algo trascendental, no sabía entonces para quién o para qué, y por eso ahí se quedó, ocupando un espacio en las estanterías de mi memoria. En la siguiente escena no serían más de las diez y ya sin mis pantalones de campana, con la tele encendida porque esa mañana iniciaron la retransmisión tempranito, al contrario que los otros días en que nos sentábamos a ver la carta de ajuste, que era nuestro programa favorito hasta la hora de la merienda, me ocupaba en pelar con los escasos dientes una castaña a los pies de doña Matilde, que venía de vez en cuando a ver la tele con su hija, y hoy con más motivo, y el eterno pañuelo negro que habitualmente se ataba en la nuca, ese día sólo dejaba ver el rostro arrugado. Horas y horas, días y días, con la lluvia de fondo y el ronroneo de la única cadena de televisión. Todos los niños y grandes de casa, así como varias vecinas, sentados alrededor de la única cadena de televisión que había en España, que a pesar de iniciar la emisión más temprano, emitió un único programa desde el jueves por la mañana hasta el domingo al mediodía: Los cascareros de castañas daban miedo en esa casa, hasta el punto de que acabamos con la caja verde de castañas que le regaló a mi padre Antonio el feo, castañas de las buenas, traídas de los castañeros de Barroso en los altos de la Orotava. Siempre esperábamos con ilusión el sábado y a las dos y media nos sentábamos a ver Heidi, pero ese sábado no cayó esa breva. El incansable ronroneo de la tele, a la que le bajaron el volumen porque ya la gente se estaba desquiciando, seguía allí… ¿Es que no se cansaban o qué? Menuda rabieta. Mira que sustituir mi programa tan ansiado por aquella majadería… Tal vez no enterraban al caudillo porque esperaban que alguno de todos los que estábamos en mi casa fuese a hacer la reverencia o el paripé con llantina incluida delante de aquel cadáver que, de no ser por el embalsamado, ya estuviera con los gusanos asomando. Si es que a través de los puntitos de la imagen de la pantalla se escapaba el sopor de la capilla ardiente y el agobio empezaba a hacer mella. ¡Aquello había que enterrarlo! ¿Es que esa gente era masoquista o es que esperaban que todos los españoles fueran a comprobar que efectivamente estaba muerto? Cuando ya nos habían torturado bastante que pensábamos que no iba a acabar nunca, decidieron que era hora enterrarlo para siempre y con él todas las ataduras que habían sujetado a este país. Puede que empezara a oler mal allí dentro incluso a aquellos que se resistían a enterrarlo. Sucedió por fin el domingo a mediodía: En los primeros momentos, a pesar de respirar aliviados, a algunos les flojeaban las piernas, inseguros… ¿Qué va a pasar ahora? A otros les asomaba por algún lado una sonrisa cuyo motivo eran incapaces de explicar. Yo, en cambio, que seguía sin saber de qué iba el rollo, andaba por allí rabiando: “Miá parai. Va y se muere Franco y quitan a Heidi”. Después de comer me senté a ver la tele y me llevé una de las mayores sorpresas de mi vida… Aquí las he rescatado, después de ver que mis niñas llevan un rato pegadas del youtube: No sólo el capítulo que nos habían quitado el día anterior sino otro más, los dos últimos de la serie para compensarnos a los más pequeños. Creo que ahí, el mismo día que enterraron a Franco, empezaron a malcriar a las generaciones posteriores, bueno a la mía un poco menos porque ya estaría encaminada y nuestros padres tenían unos ideales. Poco después crearon una segunda cadena y una tercera y una cuarta y la TDT y miles de canales temáticos. Pero ya nada entretiene a los niños y los protegemos porque nos los pueden raptar… Pobre de que no acompañemos a los niños a la puerta del cole con lo que hay que ver. Después de treinta y dos años, ver que mis niñas, especialmente la mayor con la misma edad que yo tenía entonces, siete años, puede elegir ver un capítulo u otro, una serie u otra, y no sienta el culo más de cinco minutos a ver una tele en la que no aparece nada parecido ni semejante a los dos rombos de entonces, el que esté viendo en estos precisos momentos el capítulo 52 de Heidi, justamente ahora que es noviembre, que no llueve ni por equivocación y el rey de España es el hazmerreír del mundo mundial, me he quedado un tanto confusa como para pensar con preocupación: “Pero bueno… ¿qué diablos ha pasado aquí?” 17/11/2007 12:20. Autor: laotracamy. #. Tema: cosas mías No hay comentarios. Comentar. 09/11/20079 de noviembreHoy es uno de esos días en que pienso que no debería haber salido de este escondrijo para abrir los ojos y ver cuánta ambición y cuánta miseria hay por todas partes disfrazadas de virtud. Menos mal que la nieve inhóspita de pronto puede aparecer salpicada de violetas de suave perfume. Gracias a todas esas sonrientes violetas que me han alegrado este amargo 9 de noviembre. Hoy he aprendido una lección: sólo por ver la sonrisa de esas violetas mereció la pena este día. En cuanto a la nieve, nieve sucia que ojalá se derrita pronto en esa desenfrenada carrera hacia una gloria infeliz y vacía, por ahí le he encontrado este trocito de imaginación: Pero todos los 9 de noviembre no son iguales. Por ejemplo, el último 9 de noviembre contaba entre las caras sonrientes cómo las violeteras de Madrid engatusaban a los hombres con su belleza el día de la Almudena y escuchábamos a Cecilia. Hoy, cubierta de nieve, recuerdo con añoranza a esas violetas. Gracias Günther, Helga, Ruth, Mirosa, Peter, Hans, Sallie, Anne, Valerie. 09/11/2007 21:18. Autor: laotracamy. #. Tema: cosas mías No hay comentarios. Comentar. 28/10/2007Sensaciones y tentaciones tras la última exposición de Erik Cichosz en Icod (por Camy Domínguez)
Lo siento, Erik. Soy incapaz de escribir con otra cosa que no sea el corazón y se me hace eterno esperar a que algún periódico escuche los latidos de mis artículos y decida publicarlos. De las cálidas manos de Erik Cichosz siguen naciendo trazos que parecen no esperar otro reconocimiento de la comunidad que el permiso para salir a la luz, a pesar de los conceptos divergentes que le suponen lo amado y lo deseable. Porque a través de su inagotable producción se deja ver el amor que el artista siente por la belleza, la historia, las costumbres y la singularidad de nuestra tierra isleña y lo deseable hubiera sido que sus últimas exposiciones realizadas en Icod de los Vinos, la del 2000 y la más reciente de 2007, fuesen su gran canto de cisne en nuestro municipio, pero no parece haber sido realmente así. Este Icod que cautiva la sensibilidad artística y las emociones, que es centro de atención de todas las miradas, se comporta esta vez como una ninfa bella que huye del dios perseguidor, prodigándole por doquier desdenes e indiferencias, como una María Antonieta imprudente, cruel y altanera, como una Camila Lucinda, bella e inculta, incapaz de apreciar los versos que le son dedicados con devoción y profusión. Después de que su pintura haya cosechado éxitos en al menos siete países, Erik Cichosz vino a afincarse en este confín del mundo, bello donde los haya, y sin embargo rudo, con la ruda belleza del diamante, pero con la bella rudeza del mármol. Un Icod de los Vinos ya adulto, senil y decadente, que a través de muchos años sometido a una incultura interesada, muestra su más ignorante ingratitud y desdén hacia sus enamorados. Un Icod que en su edad dorada llegó a coquetear con las más sublimes poesías, con las más serenas melodías y con las más delicadas y selectas pinturas, pero que se ve en la actualidad inevitablemente sumido en la cómoda barbarie hecha a golpe de años de esfuerzo de la clase gobernante de las últimas décadas por estandarizar y empobrecer el conocimiento, llevándolo al gusto por lo mediocre y a la prostitución de la sensibilidad, o como diríamos ahora, a un quiero ser como Pepe. Por eso, aunque todos tenemos algo que ver en este asunto, no culpo a Icod, no culpo a los organizadores de sus exposiciones, no culpo a Erik, pero sí a esa inopia acomodada en la que en los últimos años hemos descansado y descansamos los icodenses sin oponer la más mínima resistencia. En el lado opuesto al confín mágico de formas y colores, lo más cercano a mi realidad cotidiana que he visto de la pintura de Erik es el Drago de Icod, “MI drago: Viejo, solitario y orgulloso”, como él mismo lo definió, y que ahora ni él mismo sabe en qué lugar de este planeta apoyará su reverso, ni qué ojos lo contemplarán con indiferencia como a una especie vegetal más a quien alguien dedicó bajo encargo un rato libre de su afición pictórica. Un drago que fue separado de las manos de su progenitor, como si de un mero vientre de alquiler se tratase, para ser entregado a una nueva familia adoptiva de cuyas condiciones de adoptabilidad no tenemos referencias. Un drago de cuya existencia muy pocos hemos tenido la suerte de conocer. Así, en la exposición de 2007 la gran ausencia fue la de ese amado drago, aunque hubiera sido lo deseable. Sí estuvieron, sin embargo, cincuenta y dos de sus hijos llenando de pinceladas de creatividad, de exquisito colorido y luz selecta el sobrio espacio de corredores en el patio del exconvento icodense del Espíritu Santo. En este amplio conjunto de obras, agrupadas en nueve series de diversa temática, se desgranó simplemente un breve recorrido por la senda creativa de un prolífico artista como es Erik Cichosz. En estos retazos pequeños y grandes se entremezcla en extraños binomios la cruel realidad con una bien definida vaguedad onírica que coquetea con el ensueño. La sabia elección de suaves tonos con la alegre luminosidad que atenúa escenas crueles y dolorosas, la asociación ilógica y poco convencional de elementos aparentemente lejanos entre sí, reales y ficticios hacen de su obra un todo único e irrepetible. Pero sucede que cuando se mezcla la realidad y la ficción se corre el riesgo de no ser creído, o por el contrario, de crear una extraña sensación de devoción difícil de definir con palabras. A mí me ha picado el segundo bicho. Ésta es tal vez la razón por la que desde hace algunos días en la “casa del pueblo de Icod” alegra mis momentos mágicos y mitiga los ingratos una obra provocadoramente sensual y extraordinariamente hermosa. Todavía no está a la vista para nadie, sólo para mí, que me reservo el grandioso momento en que decida el lugar que ocupará durante los próximos tres años y medio. Parece que las personas son como sus despachos demuestran. Hay despachos con un escueto ramo de flores exóticas, en otros, un misterioso adorno oriental, en otros, una sencilla foto familiar enmarcada con flores silvestres… El mío pronto tendrá otro aspecto menos lúgubre. Antes de encontrarle el lugar, quería comprobar con mis propios ojos, con mis propias manos, que The Flying Groper tiene la capacidad de volverse del revés como planteaba Carlos Silva aquel 21 de septiembre de 2007 con la cantarina fuente de Neptuno como música de fondo. Así, con esa curiosidad infantil que a veces se apodera de mí en los momentos más insospechados, con esmero liberé de su prisión de celulosa transitoria la obra que, tal vez pensando en mí, había sido cuidadosamente envuelta en papel kraft, y, como a un hijo recién nacido, la tomé entre mis manos. Como nadie me observaba, estuve unos diez minutos felizmente extasiada, contemplando la adherencia de los colores a cada uno de los 362.100 milímetros cuadrados de lienzo, la suavidad de contornos de las redondeadas formas femeninas, la brillante elección de colores, la nítida perfección de las sombras, la fiereza aparente de la bestia. Me asaltaron de pronto preguntas inútiles que no tienen contestación en un universo neosurrealista: ¿Quién era aquella sirena recién convertida en mujer, umbilicalmente unida y hasta sometida a un monstruo marino de mirada temible? ¿Cuál sería la historia atroz que generó semejante prodigio bajo La Mar Insólita? Permanecí unos minutos observando milimétricamente y luego todo el conjunto, y sin pensarlo dos veces, el misterio se apoderó de mis manos, que comenzaron a someter el marco a un giro lento de noventa grados hacia la derecha, con lo que el cabello rojo de la mujer cayó verticalmente de pronto, atraído por la misma fuerza con que la gravedad atrae a todos los cuerpos en el espacio. ¡Sorprendente! Pero aún así, mis manos, no convencidas del todo de aquel feliz resultado, tal vez avisándome de que ninguna mujer debe arrodillarse ante un monstruo, continuaron dándole un nuevo ángulo de noventa grados a la derecha sin encontrar fuerza alguna que se opusiera. La cetrifugacidad de aquella rotación me dio entonces otra perspectiva más sensual del cabello rojo serpenteando merced al viento de poniente, venciendo al detestable animal alado, haciéndolo desfallecer y desfalleciendo con él, asida a su cuerpo… De pronto me pareció estar rozando lo prohibido y temí que el gran Erik regresara para sorprender, tal como esperaba, a una niña enfrascada en una flagrante vuelta de tuerca a su obra genial. 28/10/2007 20:15. Autor: laotracamy. #. Tema: cosas mías No hay comentarios. Comentar. 22/10/2007TODAS ESAS COSAS ME ACUERDO YOEl otro día cuando llegué a casa recibí una noticia dolorosa, aunque no con uno de esos dolores que sientes cuando pierdes a un ser querido, sino un dolor de desarraigo cuando pierdes cosas materiales a las que tienes mucho aprecio. En este caso, mi niña Aída había dejado caer desde aproximadamente medio metro de altura uno de los tres discos duros de mi ordenador, el disco externo, de 164 Gbs. de capacidad. En él podía haber miles de documentos y de archivos de texto, sonido, vídeo y fotografías. Recuerdo con muy poca concreción qué era exactamente lo que había en ese disco. Echo de menos, sin embargo, las fotos de la última campaña, un montón de películas y los capítulos de la Pantera Rosa que tanto les gustaban a mis niñas, algunas de ellas en realidad irrepetibles. Pero de pronto me entró el terror de la pérdida absoluta y comencé a buscar en los otros discos duros y por todos los CDs a ver si se había perdido un texto que escribí en 1999, un poco después de la muerte de abuelo José, momento en que decidí anotar las cosas que algunos años antes me contaba y que me hacían sentir alguien muy especial… y ¡uf! ¡Qué suerte tuve! El documento estaba a buen recaudo en uno de tantos CDs que tengo por ahí amontonados. Entonces comencé a releerlo por partes que ya se habían perdido en lo más recóndito de mi memoria y me pareció estar redescubriendo la entrañable biografía familiar y escuchando nuevamente su voz cascada por los noventa y tantos años, pero amena y afectuosa como siempre, contándome todo de nuevo, muchas cosas desconocidas incluso para sus propios hijos. Muy pronto, el 23 de marzo de 2008, será el centenario del nacimiento de mi abuelo, así que me gustaría adelantarme a colgar aquí ese archivo que por suerte no se perdió, no sea que un día regrese a casa y me encuentre que mis niñas están jugando a la guerra de las galaxias con mis preciados CDs. Le dedico este texto a Ismael Martín, y a esa devoción con que él y su señora leen mis escritos.
El 12 de Junio de 1999 fue para mí un día muy triste. En ese atardecer mi abuelo abandonó este mundo para irse para otro, para el que había estado preparándose durante toda su vida. Mi abuelo era José González de León, de la familia de los Leones de La Patita, José Valerio, hijo de José Valerio y nieto de José Valerio. -¿Cómo se llamaba? -¡Ay, Dios de la vida! De sus propias palabras, recogidas en los últimos años de su vida, nace este homenaje a su memoria. Cuando todos estaban ocupados en dar una imagen agradable a su casa, yo acudía a él para escucharlo y para sentir un poco de paz a su lado, para beber un poco de su sabiduría: -Yo me acuerdo, cuando tu madre me dijo ayer que dice que tú venías hoy pa’ dentro a... ¿A qué cosa era, me dijo ella? -Je, je, je. Yo iba a hacer el cuento. Digo: "Cuando tú te casastes, fi yo a la boda. Cuando llegué allá arriba con un compañero de áhi del Lance, del Amparo, de la misma familia de ellos, y llegué allá arriba y encontré a tu madre y a los hermanos todos...” Así era de sencillo, humilde, dispuesto a conciliar los afectos y a ayudar a los demás porque nadie es mejor que nadie. Y así pasó por este mundo, ayudando a los demás: ...la mujer de Cho Vitorino, y unas hijas que tenía, que se casaron casi todas ellas. La vida de ellas era ir pa’l monte en aquellos tiempos. Tenían un mulo y ellas venían todas, cada una con un jase pinocho, y la madre con el mulo cargado. Y lo llevaban pa’ las pesas, donde pesaban el pinocho, se lo llevaban pa’ allá pa’ La Orotava, pa’ estiércol pa’ la platanera. Ya está el pinocho podrido en el monte y no lo ajuntan. Y entonces estaba yo allá arriba, en lo que hacíamos del viejo Basilio , cerca por allí, un poquito más allá. Yo no me acuerdo qué estaba yo haciendo, si estaba cogiendo jelechos, si estaba cogiendo tagasastes pa’ las vacas. Yo no sé. Y llegaron ésas cantando, que siempre bajaban del monte cantando, y escansó una allí, en un escansadero que había, y la madre bajó un ratito más tarde, que venía más atrás. Bajó con el mulo. Y las otras hermanas, y siguieron, porque no tenían allí dónde escansar. Pero cuando ella se fue a cargar, yo no sé qué trompicón dio allí y se fue y se le cái el jase y se le va el jase pa’ el camino y le baja pa’ el camino el jase. Se asoma más abajo: "¡Madre! ¡Ma! Yo me caí". Y la madre dice: "Si te caístes, levántate". Y no le hizo más caso. ¡Amarguras de muchacha! Después hasta llorando, revoltillando el jase, y no jallaba pa’ dónde echarlo pa’ poderse cargar. Digo: "¡Ay, Señor!" Me dio hasta pena, llorando. Y salí. Digo: "¿Qué te pasa, muchacha?" Dice: "Mire usté, que me caí y mi madre no me hizo caso y se fue. Y ¿cómo me cargo yo?" Digo: "No llores. Por eso no se llora. Espera. Yo te ayudo a cargar". Y le ayudé por un lado y ella por otro y se cargó el jase. Y se quedó más contenta. Dice: "Muchas gracias, José. José, muchas gracias", me decía ella. Y la madre no podía dejar el mulo solo y correr pa’ atrás a... Pero la madre tan tranquila: "Si te caístes, levántate". Un corazón como el suyo no iba a permitir que otros sufrieran, porque su padre le había enseñado, sin necesidad de ir a la escuela, que hay que ayudar a los demás, sin esperar nada a cambio. Él siempre hizo las cosas sin interés, sin egoísmo, acaso ganarse el pan para alimentar a su familia fuera el mayor interés al hacer las cosas, pero muchas las hacía desinteresadamente: ...Tenía una huerta allí y ellas la hacían. Y me dijo éste mismo, yo no sé si ya se ’bía casado, que tenían unas parras de viña allí, viejas y hechas una porquería, que ’bían hecho allí, ’bían sembrado y no las ’bían cuidado y estaban aquellos troncos viejos allí, uno más aquí y otro más allí, que le hiciera unos injertos de viña buena que yo tenía aquí, en la finca de don Enrique, cuando yo estaba en la finca de don Enrique. Digo: "Cuidado que yo cuando sea Luna nueva, porque eso ahora no se puede, yo voy y te hago allí unos injertos". Voy por la mañana cuando la Luna iba subiendo, que era nueva en esos días, cuando iba subiendo, voy y corto una jalada de puyitas de viña negra y la viña mejor que me parecía, unas varitas, unas varitas, una manotada así, y la puse pa’ allí. Digo: "A la tarde voy allá adentro y la corto toda". Llevé las tijeras y no dejé un estropajo de aquéllos allí. Y me puse a afilar varitas y llevé un junco pa’ amarrarla, llevé un sacho pa’ cavar tierra, pa’ abrigarla con tierra, y... Pero había un tiempo, amigo... Preparándose un tiempo de allí, que día a hacer viento. Perecía que día a hacer viento. Digo: "Como me coja a mí esta tarde el viento y el agua, me..." Y pego a espabilarme. Digo: "Esto no pega ni la madre que la parió". Y no tenía más que espetarle la puya, amarrarla un poco, cavarla y taparle el tronco, porque era el tronco tapado. Y una y otra y otra y otra vez. Hice yo creo que más de quince injertos hice. Y luego me eché el sacho al hombro, y ya el tiempo llegando allí. Echo el sacho al hombro y traspongo pa’ casa. Y cuando venía por áhi acá por cas Odulia pa’ acá, ya me empezó a llover. Cuando vine aquí, viento y agua. Me tuve que mudar la ropa. Y aquello se me olvidó. No me acordé más de aquello. Cuando allá a los dos meses o tres, que yo fi un día pa’ dentro no sé a qué, y me acuerdo y: "¡Ay! No sé si vaya por allí a ver si es que yo estuve ya jeringando eso. A ver si los injertos pegaron". Digo: "Aquello no pegó ni uno". Y voy por allí, y de todos los injertos que hice, uno se secó nada más. Uno nada más se secó. Yo no ha ido más allí, pero luego compró Aquél... ¿Cómo lo llaman? Le compró aquello a Eloy y la huerta es de él y creo que tiene allí un parral de viña, que todos los años lo veo sacando cestos de uvas de allí. Sí. Todo aquello, aquello se lo hice yo. Sí, benditas manos, manos encallecidas y sabias que hicieron de todo en la vida. Sus manos creaban parrales y dondequiera daban fruto las viñas yermas y desesperanzadas: Y esta viña que tú ves aquí, antes no había viña ninguna cuando yo me casé, aquí no había más que un troncón de viña áhi, al lado de donde está el perro, por el lado arriba, y allá arriba, en el hoyo, habían unas matas, a la parte acá del hoyo. Lo demás era todo... no había viña ninguna. Primero le hago el injerto y después, al año siguiente o a los dos años, abato aquella vara, y ya es otra vara que sale. Luego sale con más fuerza, abatida. Toda ésta grande que tú ves aquí, de adentro, después que yo hice las casas estas, que ya tú ’bías nacido, sí, toda ésta, esos parrales, ese parral de áhi, áhi no había un fisco de nada, de nada, de nada, porque estaba el pajal de la burra allí, que lo tenía tu bisabuelo. Pa’ aquí pa’ dentro, áhi en ese hoyo no había nada tampoco. Y ahora la viña salió de adentro y llega aquí afuera. Y mira ésa, ahora alrededor todo eso son injertos míos. Injertos y abatiduras. Y pa’ áhi pa’ arriba, toda ésa que está pa’ áhi pa’ arriba, lo mismo. Toda. Allá fuera en las longueras esas, después que hice el tanque, que hice la tajea y llega el agua allá fuera y le echo el chijo de agua después atrás y ha hecho los injertos y después abatir. Y fíjate cómo está todo. El año pasado, ¿no hizo Cheo yo no sé cuántas...? Unas cuatro pipas de mosto o tres pipas, yo no sé cuánto. Yo, después que Cheo está haciendo eso, que yo no puedo... Él no sabe hacer un injerto. Él no lo ha hecho nunca, pero yo, amigo... ¡Ja! Los injertos esos sí es verdad que... Allá abajo en La Janega, que aquello era de tu bisabuelo, que lo vendió luego y le tocó a Felipe, el hijo, y lo vendió, ¿allí hice yo pocos injertos? Y allá dentro, donde vivía el viejo Domingos ¿hice yo pocos injertos por allí? Aquí mismo, a la cuñada de Sisa que tiene allí en la hoya, que vivía allí, y me llevó una vez pa’ que le hiciera unos injertos y se los hice. Y luego más tarde le pregunté. Yo no fi a verlos, pero le pregunté. Digo: "¿Te pegaron los injertos?" Dice: "Sí". Dice: "Ya tengo un parral de viña allí". Porque esa hoya ha de ser buena de viña. Sí. Y era tanta la pena que sentía cuando observaba el estado de abandono de lo que había sido su esfuerzo: Cuando estaba en la finca, allá abajo... ¡Ay! ¡Bien umenté yo los parrales en la finca, Dios! Y eso se acabó todo, las paredes peladas. No voy a decir que mi abuelo era un santo varón, porque no lo era. También, como muchos de nosotros, tenía sus fallos, pero era muy respetuoso, a pesar de sus desobediencias cuando sabía que no era justo lo que se le pedía: ¡Ah! Y allí nos dieron el fusil, que no nos ’bían dado el fusil, y no teníamos dónde llevarlo, y llevábamos el morral, colgando, aquella cajita de balas que yo te digo, llevábamos el capote, la manta y la maleta y el correaje. El correaje no nos estorbaba tanto, pero también pesaba. Y allí nos dieron el fusil. Digo: "Vamos a ver ahora qué hacemos". Allí espetemos el cañón del fusil por el asa de la maleta y nos lo echamos atrás y así íbamos. Cuando aquel desgraciado de aquel hombre pega a mirar. Dice: "¿Esto es una compañía de soldados o es un rancho de vendedores ambulantes?" Dice: "Esto es un rancho de vendedores ambulantes. Esto no parece un rancho de soldados". Aquello ’bía estado en el frente más tiempo que el carajo desde que empezó la guerra. Dice: "No quiero ver de eso, de esas maletas y de esas cosas que no sean del ejército, no quiero ver nada. Quiero que eso vaya desapareciendo". ¡Ay, Señor! Muchos de ellos, los que encontraron a quién venderla, la vendían, otros la regalaban. Y yo, muy callada la boca, digo... Los dos compañeros que yo digo, que era uno de aquí y otro de allá, de La Palma, ésos se deshicieron de ella, yo no sé qué le hicieron. Y yo, con la maleta guindada del fusil, digo: "A uno solo no le pueden hacer nada". Algunos otros lo harían así. Pero luego ellos: "¡Ay, José!". Dice: "¡Ay, León! Tú no te deshaces de la ma..." Digo: "No. Yo no me deshago de la maleta, aunque lo diga el capitán. Él preso no me mete, porque ¿adónde me va a poner preso, a dejarme? Él tiene que seguir conmigo. ¡Vaya pa’l carajo! ¿Qué cree él? ¿Que voy yo a...?" Y seguí con la maleta. Cuando aquellos dos muchachos me dijeron, dice: "¡Ay, José! ¿Tú no la vas a vender? No la vendas, no la dejes. Ya nosotros las vendimos y hay unas ropitas que llevamos aquí, unas camisitas y unas... Mételos en la tuya y atrácala bien. Yo te doy la dirección mía, tú me das la tuya. Y si te matan a ti, yo la recojo, la maleta, y después si no me matan, yo te le mando a tu familia lo tuyo". Y el otro decía lo mismo. Y entonces seguimos, y la maleta mía la tupimos. Y yo llevaba aquello tupido más me esrengaron. Si algo no era justo, se rebelaba a su manera: Y entonces, desde que yo llegué y me puse en el portillo escuchando, porque las casas estaban así, un poco más abajo, tía María peliándome. Yo: "¿Qué quiere usté, cristiana? Cállese la lengua y vaya para atrás del fuego. ¿Yo voy a hacer alguna barbaridad?" Según me contaba en mayo de 1999, su tía María, hermana de su padre era mujer de muy mal genio. Nunca se casó y nació, vivió y murió en la misma finca de La Marzola. Era gracias a la paciencia de su madre, Juana de León, que se evitaron muchas desavenencias entre cuñadas. Pero con todo, su tía María fue una mujer muy piadosa. También lo fue su madrina Victoria, una santa –según me decía-, que si ella no iba al cielo, ¿qué será de nosotros? Su madrina Victoria, como me contó ese mismo día, también era soltera y fue la que lo bautizó. Murió de una forma curiosa. Estaba lavándose los pies en el patio al oscurecer y cayó al suelo. La llevaron a la cama donde pasó por lo menos una semana agonizante. Cada vez que le preguntaban algo contestaba con frases del Credo y decía mi abuelo que era porque su madrina, que Dios la tenga en la gloria, era tan piadosa que siempre tenía una oración en la boca y sus últimos pensamientos cuerdos de aquel atardecer fueron para rezar el Credo, y esas mismas frases permanecieron en su mente en los delirios de sus últimos días. De esas mismas enseñanzas en que él aprendió su comportamiento cristiano. Cualquier bien al prójimo, para su familia era cosa recompensable: Y habían unas muchachas, que eran de la edad de la madrina del chico , era soltera aquélla y eran dos de allá fuera, de las Carballas. Habían cuatro muchachas. Y va Fruto ese día, callada la boca, y compra un acordeón, que era muy aficionado a tocar el acordeón, que había venido un tío de él de Cuba y le trajo un acordeón y aprendió a tocar. Pero ya el acordeón aquel lo tenía viejo y no le servía. Y compró un acordeón cas Pedro Zarza y le costó tres duros. Eso fue caro. Verdad. Y fue pa’ arriba con el acordeón y nadien lo sabía, na’ más que la madre de él. Eso lo estudiaron ellos en Redondo. La madre de él y las que ían de Redondo. Y las Carballas allá fuera, ésas no sabían nada. ¿Qué sabían ellas? Y llegamos allá arriba, pusieron la comida, comimos allí todo lo que quisimos y bebimos y todo y luego pega la madre Fruto, que era mi tía Angustias, la madre de la madrina del chico, la madre de la chica esta, a limpiar todo y a ayudar a limpiar y las mesas las echó pa’ fuera. Y las chicas de allá fuera dice... La más chica de ellas era de la edad mía y de la edad de ésta. La otra era un poquito más vieja. Entoavía son vivas las dos. Dice: "¿Qué va a hacer esa vieja? ¿A quitar las mesas? ¿Va a limpiar la casa? ¿Qué van a hacer ahora áhi?" Cuando llevan una silla y la ponen allí y va Fruto, se sienta allí y va la madre y le lleva el cajonito aquel. Pega a desabrochar el cajonito. ¡Y era un acordeón! Esas chicas casi se vuelven locas, las de allá fuera, que no sabían nada. Eso se fueron, se pegaron a lavar la cara, se peinaron, se pusieron yo qué sé... ¡Sús, mi madre mi alma! Yo no ’bía puesto los pies en un terrero nunca pa’ bailar nada. ¡Ay, mi madre! Casi me matan a mí, ¿eh? Ese día, desde mediodía. Toda la noche hasta por la mañana. Y no había quien tocara el acordeón sino Fruto. Vienen aquí adentro, a Los Márquez, donde vivía el que se casó con ésta, que es el padre del cura Don Clemente. Y era un muchacho de la edad mía. Dos años más que yo. Y llegan ese día, querían dir pa’ fuera un rato. Me acuerdo que vino Cirilo, mi hermano, y Cristóbal, que eran dos chicos menudos. Vinieron aquí adentro y le dijeron a Gregorio que si quería dir pa’ fuera. Y el padre dice: "Sí, yo voy también, ¡caramba!". Él era medio listo y sabían tocar la acordeón los dos. Van pa’ fuera, amigo, se sienta uno de ellos, el viejo, el viejo Faustino, a tocar el acordeón, pegan a bailar y pegan a jalar por mí y a bailar conmigo... ¡Ay, mi madre! Yo no me ’bía visto nunca más apurado y más... Y yo no sabía ni... Qué va, hombre. Yo no ’bía bailado nunca y aquellas chicas lo mismo las de allá fuera que las de Redondo eran bailadoras que daba gusto y me enseñaron a bailar esa noche. Y estaba una tía mía de aquí adentro de mi madre, una tía de mi madre de La Patita, que era soltera también, pero era vieja, era una mujer vieja ya. Digo, de treinta y pico de años. Por la mañana ella dice: "Mira, José. Todo lo que has aprendido esta noche. Dice que enseñar al que no sabe es una obra de misericordia". Dice: "Y ustedes han ganado muchas indulugencias". No decía indulgencias sino indulugencias. Dice: "Ustedes han ganado esta noche no se sabe ni las indulugencias que han ganado". Como nos decía doña Almerinda, de la Cruz del Camino, que lo conocía desde chico: Y era una gente de vergüenza, que las conocí bastante bien cuando bajaban hasta con las cargas de coles por áhi abajo en la burra. Y ese José era el más viejo de toda la cría, después era Cirilo, después Juan. No sé si Carmen y Isabel eran entromedio. Isabel vivía allá por Redondo. Pedro tiene ya lo menos ha de andar por sus por setenticinco. Pero los hijos de José González Pérez y Juana de León Rosquete eran nueve en total, como él mismo solía recordar: Después cuando nació Miguel, me acuerdo... Ya ves. No me acuerdo bien cuando nació Miguel, porque estaba yo trabajando ya. Yo tenía dieciocho años. Yo venía de trabajar de allá arriba, de La Marzola, a trabajar aquí abajo, de La Patita pa’ abajo, que estaban haciendo un tanque. Estaba yo trabajando allí, y tráiba comida pa’ dos veces, comíamos dos veces. Una por la mañana, a las diez o las once, y otra por la tarde. Y echábamos desde las seis de la mañana hasta las seis de la tarde, que yo salía con la noche de allá arriba y volvía a entrar con la noche. Y ganaba... ¿Sabes cuánto ganaba? Cuatro pesetas y media. Cuatro pesetas y media en un día, porque como yo todavía no tenía más que dieciocho años... Los que tenían veinticinco ganaban cinco pesetas, un duro. Y yo no. Me quitaban todavía, me quitaban media peseta. Y ese día, cuando llegué yo... Je, je. Cuando llegué yo al trabajo, me acuerdo... Yo no sé si el chico ’bía nacido esa noche, si ’bía nacido el día antes. Y les dije que yo tenía un hermano más, que ya yo tenía un hermano más. Era el último que nació, que éramos nueve ya. Y entonces, había un viejo trabajando allí, que estuvo en Cuba con mi padre y ’bía venido de Cuba junto con mi padre y conocía a mi padre y tal. Dice el viejo, dice: "¡Carajo! Dile a tu padre que se esté quieto ya". Digo: "Eso va usté allá arriba y se lo dice. Da un viaje allá arriba y se lo dice. Porque, si se lo digo yo, es capaz que me da un pescozón". Sí, su padre había sido inmigrante en tierras cubanas, pero después de nacer mi abuelo, hizo su último viaje y al regreso ya no volvió a marcharse más: La última vez que fue pa’ Cuba fue cuando yo nací. Y después, ya ves que de mí al segundo que nació atrás de mí me llevaba cuatro años, y padre estuvo en Cuba tres años. Y después vino y al año nació Cirilo. Y después no volvió más pa’ Cuba. Pero cada dos años tenía que prepararle a mi madre el chocolate. Sí, sí. Era su forma de decir las cosas, porque el pudor era uno de los principales baluartes en que se basaba su comportamiento. Para él muchas cosas estaba prohibido nombrarlas delante de gente y especialmente cuando uno es niño: Y me acuerdo de cuando nació más que de los otros, Candelaria y Miguel, que nacieron más tarde. Me acuerdo más de él. Cuando Pedro se apuró a nacer, era por la tardecita y mi madre me mandó a buscar la partera. Salí por allí pa’ allá, que era allá... Yo no sé si tú sabes dónde vive Julia Carballa. ¿Tú sabes dónde le dicen Las Abiertas? Fi allá y se lo dije. Y viene por áhi acá la vieja y se pone otras naguas, otro saco, otras lonas y sale volada por allí pa’ acá. Y después, cuando llegué a casa, ya era de noche casi. Y ’bíamos estado sachando papas ese día. Todo el día sachando papas. Y me dice padre, dice: "Vete pa’ arriba, que los muchachos están allá arriba, que fueron a azorar los cuervos". Porque llegábamos, sachábamos las papas y sembraban el millo atrás, y llegaban los cuervos y se lo sacaban todo y se lo comían. Y había que estarlos azorando. Y estaba el día de bruma, embrumado, los días embrumados. Y los muchachos eran los que me seguían a mí, Cirilo, Carmen y Juan. Esos tres eran los que me seguían a mí, que estaban allá arriba. Isabel no fue, porque Isabel era chiquita. No tenía más que dos años más vieja que Pedro. Y después, me voy pa’ arriba y estaban allá arriba haciendo una fogalera, que ya era casi de noche, pa’ espantar los cuervos y pa’ estar allí, hasta que yo fuera a dar con ellos, porque padre los mandaría. Diría: "Vayan pa’ arriba que José va a buscarlos después. Vayan pa’ arriba". Y a Isabel una tía que yo tenía le preparó la cena y la acostó a dormir. Entonces, cuando llegué allá arriba, digo: "¡Ay, mi madre!" Yo tenía un nido de pájaro allí, que lo jallé el día antes, jallé el nido de pájaro de ésos que lo hacen en el suelo. Tenía un nido, y fui y le armé un lazo y trinqué la pájara. Más privado con la pájara. Y luego ¿qué le hice? La solté otra vez. Y luego me dice Carmen, que todavía está áhi viva,... ¡No! Cirilo. Ya se murió. Dice: "¿Pa’ qué quería madre a tía Isabel?" La partera era como una tía nuestra, o una tía de mi madre, y la llamábamos "tía". Digo: "¿Qué sé yo pa’ lo que la quería?" Dice Carmen, dice: "Yo sé pa’ lo que la quería". Dice: "¿Pa’ qué la quería?" Dice: "Es que madre va a tener un niño". Digo: "¡Ay, mi madre! ¡Como te trinquen diciendo eso, te estrallan las narices!". Fíjate tú en ese tiempo. Todo lo relacionado con este tema del nacimiento era pecado nombrarlo delante de la gente: -Pero usté tenía catorce años y no se dio cuenta que su madre iba ya a tener un bebé. De todas formas, Juana de León Rosquete tuvo diez hijos. En su primer parto nacieron dos. Fue un parto difícil. Mi abuelo me contaba que por aquel tiempo, a poco de casados, sus padres tenían una valiosa vaca suiza en La Marzola, donde vivían. La vaca era el sustento de la familia. Una mañana Juana de León, faltándole mucho tiempo para dar a luz todavía, al ir a dar de comer a los animales, encontró muerta su vaca suiza y se impresionó de tal manera que tuvo un parto prematuro del que nacieron hembra y varón. La hembra nació muerta y el varón apenas sobrevivió cuatro días. Es por esta razón por la que mi abuelo no era realmente el mayor de la cría, como contaba doña Almerinda. A mi abuelo José le seguían sus hermanos Cirilo, Carmen, Juan, Isabel, Pedro, Candelaria y Miguel. Cirilo era especialmente amañado: Allá abajo tenía yo a un sobrino y a Cirilo, mi hermano, que se murió, Dios lo perdone, el que me seguía a mí, que aprendieron a hacer cestos, cestitos de ésos y barquitas como ésa y mayores y más chicas y de todo. Y se día él, que tenía un coche, los sábados, llevaba el trabajo de toda la semana, se día pa’ allá pa’ el Sul, pa’ Adeje y por áhi, y Arguayo y Guía y Chío y todo eso y se tráiba el jornal de la semana completo. ¿Y sabes de lo que lo hacían? Allá abajo no había brimbes ni había nada de eso. Buscaban quien subiera a las palmas... ¿Tú sabes los racimos de las palmas, que tienen como una cosa, como un racimo de aquéllos? Con los racimos aquellos hacían las barquitas y los cestitos que daba gusto. Cirilo y el más chico. ¿Cómo lo llamaban? Sobre todo él recordaba el nacimiento de Pedro: Yo le llevo catorce años. Catorce años. Me acuerdo que después fui pa’ bajo. Estaba mi tía María sola en la cocina, porque ya había dado la cena a Isabel y la había acostado, que era chiquita, que tenía dos años. Nos puso la cena a nosotros y cenemos nosotros, los cuatro que vinimos de arriba, de azorar los cuervos. Y entonces, padre estaba pa’ bajo, en los otros cuartos de abajo, donde estaban ellos. Estaba mi madre y mi padre y la partera y la otra tía que yo tenía. Estaban allí, esperando que naciera Pedro. Cuando aparece padre pa’ arriba y dice: "Échame la cena áhi". Parece que Pedro estaba medio detenido pa’ nacer y padre tenía un hambre que desde mediodía no ’bía trincado nada. Le echó un plato potaje y le echa gofio y se pone a comer. Cuando estaba a medio comer, fue mi tía Vitoria: "¡José!" Llamando por el hermano, dice: "Deje la comida". Se apuró a nacer Pedro y salió mi padre volado pa’ abajo. Cuando siento a Pedro, cuando Pedro salió al mundo, los gritos y los chillidos: "Guáaa. Y guáaaa". Y llorando así: "Guáaa". Sí, eso es verdad. Eso es así como te estoy diciendo. Y luego me voy pa’ la cocina. Digo: "Ya nació, porque está los guañidos da miedo". Y después, padre acabó de cenar. Al chico lo bañaron y lo arreglaron y le pusieron pañalitos y le pusieron ropita, y lo abrigaron bien. A mi madre la arreglaron y la pusieron en la cama y el chico con ella allí y me llevaron a mí y a mi tía María pa’ verlos. De eso me acuerdo yo. Y también recordaba el bautizo de Miguel, porque allí estaba ella, su prima Eustaquia, hija del tío Domingos y la tía Angustias, hermana de Fruto, y la que fuera su primer amor, platónico, que en ese caso era la madrina de Miguel, y aquel día, entre ella y las Carballas, lo enseñaron a bailar: -Pero cuando Miguel... ¿Tú ves ésa que tienes áhi, que era la nieta del viejo que estaba áhi? Ésa. Ésta fue la madrina de Miguel. Lo bautizó. Ésa. Cuando tenía dieciocho años igual que yo... Porque ella tenía nada más que cinco días más vieja que... Digo, yo, cuando ella nació, tenía yo cinco días de nacido. Fíjate. Y estábamos enamorados cuando éramos grandes. Yo no sé cómo no nos casemos nosotros. Dios la perdone. Y fue quien lo bautizó al chico. Si no le habló de amores a Eustaquia fue porque también su tía Angustias era mujer autoritaria y de muy mal genio y no iba a permitir esos amores entre primos hermanos. Así que abandonó la idea. Ella vivía allá arriba en Redondo. Donde mismo nació, allí se casó y allí vivió y allí se murió. ¿Tú sabes dónde? Por abajo de la iglesia de Redondo, las casas que están por debajo, un poquito más abajo, coge un camino pa’ fuera, allí. Allí son. Allí es donde vivía. Pero de eso sí me acuerdo, porque, como lo bautizó ella, tenía un hermano, Fruto. Tú no lo conocistes, pero lo has oído nombrar, que es el padre de Silvestre. Eustaquia se casó con Gregorio, hijo del viejo Faustino, de Los Márquez, y ella murió al nacer su hijo don Clemente, el cura, a quien siempre tenía mi abuelo en su recuerdo. En cierta ocasión también me contó que fue a verla a Redondo cuando Eustaquia estaba agonizante y que volvió muy apenado de hallarla en tal estado y maldecía a los que tenían a su cargo el cuidarla, porque ella no se merecía aquello: -Don Clemente. La madre de don Clemente se murió. La madre. Y don Clemente lo crió la abuela. Y cuando era ya un hombre, después el padre de don Clemente se casó con otra, con Hilaria. Hilaria también era prima de mi abuelo y de Eustaquia. Era hija de Salvador y María Camila. Salvador había servido de padrino “de obispo” a mi abuelo, y por eso le tenía gran estima. Me contó la última vez que habló conmigo, en mayo de 1999, con toda la plenitud de sus facultades, que su padrino Salvador era mayor que su padre y una de las veces que regresó de Cuba, siendo aún soltero, pasó mucho tiempo, unos dos meses, sin decir ni palabra, ensimismado. Pero su madre, mi tatarabuela María Pérez, estaba con los preparativos de la boda de mi bisabuelo José con Juana de León: ... Yo no sé cómo mi abuelo, que fue el primero que se casó, vino pa’ dentro y se echó la novia aquí adentro por La Patita, que vivían allí, todas las Rosquetes aquellas. Mi abuela era Rosquete y mi madre era de León. Leones. León Rosquete. Y los otros tres hermanos vinieron pa’ dentro. Mi abuelo, que vino, y dos hermanos más. Parece que les consiguió novia, y allá fuera se quedó el viejo Santiago, el más chico de todos. Y allá fuera crió los hijos y en la casa vive todavía la más chica. La más chica es la que vive allí, porque la otra vivía aquí adentro, en Montiel, en la casa del suegro, y cuando enviudó, que se le murió el marido, que era de la quinta mía, entonces se fue con una hija y creo que vive pa’ allá pa’ Santa Cruz. Es más vieja que yo. Angelita. Pues Salvador, al ver el entusiasmo de su familia y de su madre con motivo de la boda de José, recuperó el habla de repente. Poco después, acudió junto con la familia, y sobre todo con su hermana Victoria, al bautismo de María Camila, que era hija de la vieja Pabla. Victoria, que fuera luego la madrina de bautizo de mi abuelo, era esa vez la madrina de bautizo también de María Camila. En el batiado que celebraron en Redondo, entre bromas le dijo Victoria a Salvador: “Salvador, ten cuidado no vayas a casarte tú con ésta cuando sea grande”. Y así fue. Años más tarde, se casó Salvador con María Camila. Se llevaban muchos años. Tuvieron hijos: Hilaria, Joselillo y María Marciala. Pero María Camila murió joven, dejando al padrino Salvador en una abrumadora soledad que hizo que Salvador regresara a su ensimismamiento y pasó varios años sentado detrás del fuego sin hablar con nadie excepto con su ahijado, mi abuelo, al que le mostraba especial cariño. Hasta que un día su hijo José y su yerno Gregorio, marido de Hilaria, montaron un negocio en la capital y pensaron que sería buena idea llevarse al viejo con ellos para Santa Cruz, para sacarlo de su aislamiento y para que cambiara de aires. Fue tal la impresión que de este cambio tuvo Salvador, que, yendo camino de Santa Cruz, aproximadamente a la altura de San Juan de la Rambla, ya se había recuperado de su mutismo y fue alegando todo el trayecto. Más tarde le comentaron el cambio a mi abuelo y él se dijo a sí mismo: “¡Qué bien! A ver si jallo a qué ir pa’ Santa Cruz y me paso a ver a mi padrino Salvador”. Dicen que echaba sus partidas de dómino en el bar y no había quien le ganara. Hasta que un día llegó mi abuelo a su casa de La Marzola y halló a sus tías Victoria y María con unos sacos negros y les preguntó a qué venía ese luto. Y le contestaron que si él no sabía que había muerto su padrino Salvador. Él se quedó con las maguas por no haber encontrado una excusa para visitarlo. Fruto era su gran amigo. Incluso ya de mayores, los dos primos se casaron con dos que también eran primas. Fruto se casó primero con Fermina... Pero después que Fruto se casó, que éramos nosotros... Y ella, mi mujer, y la mujer de Fruto eran primas hermanas. Era más vieja mi mujer que la de Fruto. Y me decía Fruto, me contaba de una prima que tenía la mujer aquí abajo. Digo: "Yo sé quién es". Digo: "Ya se me despistó, porque yo la vi cuando nació el hermano..." Y acosándome, dice: "¡Carajo! Vete, que esa chica allá abajo que es tal y qué sé yo. Y nos casamos allá abajo y que tal y que cual y..." Yo no le hacía caso. Digo: "Yo no sé pa’ dónde diré todavía. Si diré pa’ allá... Pa’ arriba no puedo ir, porque de aquí pa’ arriba no vive nadie". Pero luego, cuando la guerra es cuando yo entré... Digo: "Yo ahora, cuando me licencien, tengo que casarme, porque veo que ya..." Qué sé yo si tenía treinta años. Digo: "¿Qué más voy a aguardar yo?" Y entonces metí mano, le escribí y ella me conocía a mí también así. No ’bíamos hablado nada uno con otro, pero, en vez de decirme que no, me dijo que sí. Pi... Y vine yo pa’ abajo. Pero, amigo, los domingos salía yo de aquí a las diez o las once la noche, y cuando llegaba a La Marzola, ya la gente ya era diendo pa’l monte. Digo: "No. Cuando..." Cinco meses estuve. Namorando. Y yo le dije, digo: "Mira. Vamos a casarnos, porque si no te dejo y busco otra más cerca. Yo no me pego más estas caminadas". Y nos casemos. Y después, a los cincuenta años se murió ella y me quedé solo y no me ha pesado hasta la fecha, gracias a Dios. Porque ojalá todos los que se casen se lleven tan mal con la mujer como me llevé yo. Sí. Mis abuelos se conocían desde niños. Pero pasaron muchos años antes de que surgiera una relación formal entre ellos: -¡Sea por Dios! ¿Sabes cuándo yo conocí a Carmen? ¿Tú conoces a Vicente áhi fuera, el viejo que está áhi fuera, que es el padre de todos ellos? Ése lo bautizó mi madre. Y cuando mi madre lo bautizó... ¿Qué edad tenía yo, cristianos? Yo no me acuerdo qué edad tenía yo, en fin es que Isabel, mi hermana, tenía meses nada más. Él es de la quinta del cuarenta, que ésos son los últimos que fueron a la guerra, y yo soy del veintinueve. Del veintinueve al treintinueve van diez. Y del treinta al diecinueve... diez años. Diez años tenía yo cuando nació éste, que vine al batiado. Isabel, mi hermana, pocos meses tenía de nacida. Vino una tía que yo tenía a cuidarla, porque mi madre tuvo que venir a buscar el chico y dir a la iglesia a bautizarlo. Y yo vine también, y esa noche nos pasemos toda la noche áhi fuera, que el viejo, el padre de ése, ’bía venido de Cuba, tenía unas loterías pa’ jugar y nos pasemos toda la noche jugando loterías. Y Carmen, mi mujer, era una chica de diez años igual que yo, y yo no la ’bía visto nunca. Pero en ese tiempo no éramos tipos pa’ namorarnos todavía. Éramos chicos. Pero fue la primera vez que la vi. Y después, ella ese día... Yo no lo supe, pero me hizo ella el cuento después que nos casemos, que era un día que no hacía sol y la madre fue pa’ fuera a arreglar pa’ allí y la dejó aquí, y que fuera después más tarde pa’ fuera. Pero no tenía bata que ponerse y fue y se quitó la que tenía y se puso una vieja y la lavó bien lavada y la tendió y que no se le secaba. Y fue y juntó pinocho pa’ allí y hizo una fogalera de pinocho y la calentó y la calentó y la secó. Y la peste a pinocho que... La peste a jumo de pinocho. Fue con la bata jediendo a pinocho quemado. Je, je, je, je. Todas esas cosas se acuerda uno. No hay duda de que discutían mis abuelos, como todos los matrimonios, teniendo en cuenta que a veces existe entre los componentes de la pareja una cierta incompatibilidad de caracteres, pero era su forma de quererse también. Una vez, estando mi abuela en el hospital, unos meses antes de morir, llevamos a mi abuelo a visitarla. Al llegar, como hacía mucho que no se veían, vi como se abrazaron, acercaron sus bocas y se dieron un casto beso. Sentí algo dentro de mí, como fueguitos artificiales, y me dije que esas discusiones no eran sino su forma particular de quererse, no todo va a ser arrumacos. Pero se respetaban muchísimo mutuamente: -No era guapa guapa, pero no era fea. Una mujer como otra cualquiera. ¿Ya no la ves tú en el retrato? Sí que lo era. De joven era una morena de ojos bonitos y de expresión pícara y de buen porte: A ella le ’bían hablado más de cuatro, pero ella no... La gran amiga de ella fue Basilisa Afonso González, hija de Justo “Costal” y Carmen “Caldera”, que además era nieta del nombrado José María el de Castro, y más conocida por Cecilia, la de la venta. Las dos fueron muy trabajadoras, sobre todo Basilisa: Las pasé, cuando la guerra, porque me casé cuando la guerra. Mi marido se fue a la guerra. Estuvo cinco años en la guerra. Después se enfermó él. Me pasé toda su vida él enfermo. Pos puse la ventita. Después con la ventita me fui remediando y trabajando. Trabajando casi noche y día pa’ poder vivir. Yo lo pasé bien amargo, mi niña. ¡Ay! Quien lo podía contar era tu abuela, paz descanse. Era la íntima amiga que yo tenía. Y ella, la pobre, día al monte colmigo y hacer un jase pinocho y venir a llevarlo a la pesa. Que díamos los domingos a misa. Que díamos a Icod a misa. Y a la Semana Santa y eso siempre díamos juntas. Yo la conocí desde que éramos muchachas de doce años. Además de las batallas cotidianas, mi abuelo, como muchos abuelos, hablaba de la gran batalla, la Guerra Civil. Era un relato apasionante y era asombroso ver cómo recordaba casi a la perfección todo lo ocurrido durante aquella época. Dicen que las cosas que nos impresionan sobremanera las recordamos más vivamente. Mi abuelo guardaba en su memoria todos aquellos detalles que un día me atreví a preguntar: -¿Y de la guerra? ¿Qué me cuenta de la guerra? Y allí iba José Valerio con su eterna maleta viajando por las humaredas de pólvora cuando toda España ardía en una guerra civil. No sé cómo su alma pudo soportar tanto odio. Su eterna maleta siempre acompañándolo. Ese día le pregunté si después de la guerra había conseguido recuperar su maleta del camión de la representación del batallón. Y cuál no sería mi sorpresa cuando me respondió que sí: “¿Cómo no? Pa’ áhi pa’ dentro está todavía. Ven pa’ que tú la veas”. Se me puso toda la piel de gallina al contemplar una reliquia semejante. Era su maleta, efectivamente de madera, ya medio apolillada y sin asa. Y la abrió. Dentro había una llave oxidada que servía para cerrarla, pero él ya no la cerraba. Únicamente guardaba dentro de ella una cartera de color verde militar. La abrió y me enseño su “carta de libertad”, su carnet de licenciado del ejército español. Aquel documento algún valor tenía que tener para conservarlo así. Era su ruptura con el odio al prójimo porque desde ese entonces sólo se dedicó a hacer el bien, quedando más que compensada su participación en aquella batalla. Si llegó a matar en la guerra ya no lo sabremos nunca, nunca lo comentó para no hacer sufrir a nadie. De todas formas ese secreto le pertenece y yo no soy quien para juzgarlo. En todo caso, imagino lo duro que debió ser para él aceptar órdenes de matar a sus semejantes...
22/10/2007 20:03. Autor: laotracamy. #. Tema: cosas mías No hay comentarios. Comentar. 12/09/2007Pónganse a currar, ¿no?
Félix y Manolo, ¿qué? ¿Les gusta la musiquita de Robbie Williams o les pongo otra vez el Arabesco de Debussy? ¡Hala! Ahí los tienes embobados, leyendo artículos viejos para engrosarme el contador de visitas... ¡Hay que joderse! Los periodistas ya no trabajan sino que copian literalmente lo que llaman "noticias" (atrasadas, por supuesto) de este blog. Gracias por lo de "blog apasionante". Me gusta el piropo, me lo llevaré puesto. La intención de este blog no es ésa de apasionar. Esto no es más que un hobby que me inventé hace dos años y medio para pasar en rato entre biberón y biberón y mira dónde ha llegado. Me ha traído alguna sorpresa poco grata pero en compensación muchísimas muy muy agradables, sobre todo por la gente que he conocido a través de este tema. Es increíble que pensar en voz alta dé tantísimos y tan buenos frutos. Menos mal que la mayor parte de las cosas las pienso en voz baja... 12/09/2007 00:16. Autor: laotracamy. #. Tema: cosas mías No hay comentarios. Comentar. 03/09/2007¡Menuda locura!Llego a casa, me pongo a mirar la prensa y me sorprendo al ver que aparece en portada de El Digital de Canarias una nota sobre mí y ese inframundo con el que suelen relacionarme. Lo que me sorprende es que se diga que Cheo es mi "archienemigo" y por ello solicito que se corrija el término, porque para nada, ¿eh? ¿En qué se basaron para decir esto? Si estuvo presente cuando me doctoré, luego le leí el pregón en las Fiestas del Cristo de 2002, del cual me siento muy orgullosa, y desfilé a su derecha en la procesión del pendón de ese mismo año, cosa que para una persona humilde como yo, fue un gran honor. Luego me dedicó una página completa en una Pelicar, cosa difícil cuando se está en plena precampaña, aunque sacarlo sin mi visto bueno echara por tierra mis posibilidades de acceder al Premio Extraordinario de Doctorado... Pero no le guardo ninguna inquina, si es que la de la puñalada trapera fui yo, que le pagué el favor de que me sacara del anonimato figurando en los primeros puestos de la plancha de Coalición Canaria. Soy una vengativa y una desagradecida y ahora la libertad de ir donde me sale de las narices y hacer lo que me sale de allí donde la espalda cambia de nombre me han pasado factura. Cargar con la cruz de gobernar en un ayuntamiento endeudado me está bien empleado por totufa. Estos periodistas, ya son ganas de buscar ruidos. Después de casi tres años con esta página en la red, ahora parecen encontrar relación de lo que se ha dicho en esta página con el caso denunciado por la fiscalía, cuando el único comentario sobre el tema que he hecho es justamente el anterior a éste. Lo demás ha sido pura observación del acontecer diario a propósito de Icod de los Vinos. Otra cosa es que quieran relacionarlo todo y meterme a mí en el potaje. Pero sin embargo nunca en todos estos años esta página tuvo más visitas que hoy, por más que tú, Javier, digas que ese engrosamiento en el contador de visitas sea fruto de un fenómeno automático. Tal vez alguien busca la forma de embrollarme en algo escudriñándola. Me da lo mismo. No le debo nada a nadie ni nadie me debe nada. Por fortuna para muchos, incluso para mí, padezco una feliz amnesia. Ah. Bueno, sí. Ahora recuerdo que está a punto de vencérseme el recibo de la basura. A ver si no se me pasa la fecha porque si no voy a tener que pagar recargos. 03/09/2007 19:28. Autor: laotracamy. #. Tema: cosas mías Hay 4 comentarios. 20/08/2007"Santa Bárbara: Eran otras personas, otras costumbres" (por Camy Domínguez)
Ha sido para mí un verdadero placer pronunciar esta "conferencia" ante los vecinos de mi barrio. Gracias a todos por haber estado allí. A papá y a los que ya no están. A quienes tanto amaron a estas tradiciciones
Dignísimas Autoridades Militares aquí presentes, Excelentísimo Señor Alcalde, señoras y señores miembros de la comisión de fiestas, vecinas y vecinos de Santa Bárbara, amigos todos, buenas tardes. Hace tan sólo cinco días que el compañero Tini, tal vez persona más idónea que yo para estar sentado hoy aquí, por su conocida vinculación con el Regimiento de Artillería, me propuso presentarme ante este más que cordial auditorio para dar una… llamémosla “conferencia”. Además de no saber decirle que no a un amigo tan especial, con quien he compartido años de servicio a este pueblo, él sabe que me pierdo por temas entrañables como éstos, así que le contesté lo que él esperaba que dijera… “esto no se hace, compañero”. Ya sabes, Tinito, me debes una. Y aquí me tienen, ante ustedes, como vecina y representante de este barrio de Santa Bárbara. Sobre todo como vecina, porque dentro de uno mismo, que siempre se reconoce como esa persona sencilla y humilde, lo de representar a tanta gente y tan especial es una gran responsabilidad que a veces puede producir vértigo, llegando al extremo de provocar una desbandada interior,… pero, por supuesto, un inmenso orgullo como no se lo pueden imaginar. Preparar una conferencia en tan poco tiempo es un asunto un poco complicado y abrumador, porque no sabe uno qué dice ni por dónde empieza, y si podré estar a la altura, pues el compañero pretendía que yo les hablara a las gentes de Santa Bárbara sobre cosas mías y de este barrio en el que nací y en el que sigo viviendo, aunque ya hoy no sea lo habitual vivir donde uno nace. Lógicamente todos no tenemos la suerte vivir al lado de un hospital, ni yo tampoco la tuve. Pero sucede que a mí me trajeron al mundo en la casa de al lado, la de mis padres, entre mi madre y doña Patrocinia, la suegra de Marcos el del Sanguiñal, que era partera ella y vivía en donde empieza el camino a Castro. Era por las levantas de viña, un lunes de carnaval, y ni siquiera papá estaba en casa para recibirme, pues por esos días trabajaba en la playa de San Marcos. Así que, cuando regresó a casa a las seis de la tarde, ya hacía unas cuantas horas que yo lo estaba esperando, con mi madre exhausta a mi lado, para que nos hiciera de zorrocloco. Esa mañana mi madre, badana en ristre, iba a echar una mano a mis abuelos en la viña, cuando se sintió un zangoloteo en la barriga y, abuela María, siempre con esas piernas ligeras que muchos de ustedes le conocen, salió volada a buscar a la partera que, dejando sus quehaceres, vino por el barranco de Castro para abajo hasta La Tabona; en esos momentos todo era menos importante que yo. Y allí estuvo esa mujer, doña Patrocinia, para echarle valor al asunto. Creo que algún día este barrio debería rendir un merecido homenaje, aunque sea a título póstumo, a esa buena mujer y a otras que, como ella o como doña Benita la de la Rolona, su antecesora, dieron a luz, por así decirlo, a tantos hijos ajenos, con todo el riesgo que eso conlleva. Aquellos que me conocen saben que soy hija, nieta y bisnieta de Los Venteritos. Y a muchos les hará gracia el apodo y hasta lo usaran entre risitas, pensándolo ofensivo. Pero en absoluto lo es. Para los que conocemos el origen de este sobrenombre, nos llena de orgullo saber que mis bisabuelos José Rodríguez y María Socas, hermana ella de don Gregorio Socas el partidor, fueron los primeros vecinos del barrio en poner una venta, de las que ya no quedan, aunque ésta todavía sigue ahí, encariñada con la familia: Hasta hace poco fue regentada por tía Mercedes, la menor de los diez hijos que tuvieron mis bisabuelos, y ahora por su hija Celita, la única hembra. Después vendrían otras ventas en el barrio, como la de Felipe Miranda, en casa de Mela, allá abajo en las vistas de Icod, que estuvo abierta hasta hace relativamente poco tiempo. Hubo una época en que los chicos del barrio, cuando venían desgalitados de traer el agua de los chorros del Calvario, se paraban allí a comprar una perra de pastillas. Pero era tanta la necesidad y la picaresca que hacían pasar una perra inglesa por una española, sin saber si en realidad ganaban o perdían con el cambio. Lo cierto es que el viejo, haciéndose el desentendido, se las recibía, quizás por no aceptar que él también desconocía su valor exacto. Era otra época, tiempo de picaresca y de hacer bromas, a veces muy crueles. Claro, como no había tele, ni videoconsola… Ni siquiera agua corriente había en las casas, que por lo menos en la mía la tuvimos cuando yo tendría ya cinco años, porque todavía me acuerdo de ver a mi madre, viniendo de lavar en las lajas del barranco, con la barriga muy embarazada y un baño de ropa mojada a la cabeza, y con los dos críos que ya éramos, colgados de ella. Así, también la gente de la época de mis bisabuelos, que tampoco tenían el agua tan cerca para todos los avíos que hace falta en una casa, cada quien iba a buscarla al Calvario con lo que Dios le daba a entender. Unos con cacharras de aceite, otros con garrafones… Había una señora, incluso, María la del Barranco, la hermana de Andrés el Peñero, que usaba una canastra llena de botellas. Contaba mi abuela que cuando se paraban todos a descansar, unos chiquillos sinvergüenzas le bebían el agua de las botellas a la mujer y luego se las tapaban con moñicos de burros que ajuntaban en el camino. Y hablando de burlas y de burros, no sé si saben que cuando a alguien se le moría un burro -que aunque hoy se nos estallan los ojos para ver un burro, antes era un animal común y corriente en muchas casas-, los muchachos del barrio, con ganas de sana burla, se subían por la noche a un majano y allí empezaban a repartírselo entre todos, como buenos vecinos que eran. La voz de Federico Dorta decía más o menos de esta manera: Vamos a ir Vamos a casa de Teresa Vamos a casa de José el Ventero Vamos a cas Angelina Castro Vamos a ir a casa Y de esta forma, mientras Federico se desgañitaba en el oscuro majano, los vecinos del lugar, ocultos tras las ventanas, aguzaban el oído con una sonrisa en la boca, la cual se tornaba en mueca cuando escuchaban que sus propios nombres también aparecían en el reparto. Pues sí, ésas y otras cosas son las que me cuenta abuela María, Mariquita Jaya, la mujer de Luis Domínguez, de los Perejiles de toda la vida, al que todos conocían por Ceciliano, que se cayó muerto de una fatiga en la huerta de la vieja Evarista cuando yo tenía apenas tres años y medio –todavía lo recuerdo como si fuera hoy-… en fin, que hay que ver cómo me enrollo, ¿no? Pues bien. Decía yo que mi abuela me llegó a contar mucho, y es que cada vez que tenemos un rato, la siento ante una grabadora y le exprimo la memoria para que me cuente algunas cosas de la vida de antes y sobre todo de cómo eran las fiestas que muchos de ustedes recordarán mejor que yo, especialmente aquellos que las han vivido en primera persona; ella lo llama “arrayarme de bobadas” y yo me dejo arrayar con verdadera pasión, porque gracias a eso puedo exponer ante ustedes muchos de estos datos. Vaya mi agradecimiento para ella, por su memoria y su lucidez, y una felicitación por esos hermosos 93 que cumplirá pasado mañana. De hecho, María Ventera y Ceciliano Perejil se conocieron, como no podía ser de otra manera, en una de esas fiestas, de las que se hacían por estas fechas del año en tantas casas particulares, del barrio, tocando tajarastes, isas y folías con una acordión, porque cuando eso no había quitarra, y una botella de anís chocallada con el cabo de una cuchara. Ella salía poco y no era muy novelera que digamos, aunque de chica se le llegó a escapar a su madre alguna vez para ir a bailar, ya que su familia, que era muy decente, consideraba que agarrarse de un hombre para bailar era poco menos que un delito. Dense cuenta de que les hablo de los tiempos en que los hombres sujetaban la cintura a las mujeres provistos de un pañuelo de mano, que no sólo evitaba ensuciar el vestido de ellas con aquella mano encachazada por el trabajo, que sería lo de menos, sino que el pañuelo hacía de símbolo de completa castidad y respeto. Mi abuelo Ceciliano fue tanto lo que se empeñó en aquella mujer de fundamento y con un porvenir, -porque mi abuela ya cosía desde los catorce años-, que al final ella cedió, pues el hombre, con maña y al son del acordión, puso el corazón y el alma en unos versos tan amargos que la conquistaron. Decían así: Llora el niño por el pecho ¿Qué remedio le quedaba a Mariquita con esa declaración pública en medio de una fiesta? Imagínensela. Pues esas fiestas de Santa Bárbara, que en un principio se celebraban en la sala de casas particulares como la de Benito Cabrera, la de Domingo Socas, la de Lucas Luis o la de Pablo Agüín, desde que hubo la oportunidad, se comenzaron a celebrar en la plaza, que por entonces no era sino un terrero apisonado, unificando los festejos para que todos pudieran disfrutarlos simultáneamente, de manera que había una serie de actos imprescindibles, como las ancestrales libreas, que consistían en que un señor, el último de todos Nino Cabrera, se ponía unas pieles de cabra, con cuernos y todo, y a veces con una rueda de fuego amarrada a la espalda, y comenzaba a correr delante y detrás de los críos hasta caer exhausto. Más de uno, sobre todo el que asumía el papel de diablo, tendría pesadillas esa noche, pero los demás realmente lo pasarían de miedo. En nuestro municipio de Icod, como saben, los únicos resquicios de aquellas libreas que se representaban en las iglesias desde la Edad Media sobreviven hoy en día en la fiesta de Las Angustias, con la representación del Diablo y la Diabla. En el resto de los barrios, por desgracia, se han perdido. Luego estaban también las corridas, en las que se desafiaba a una vaca topona o a un carnero, haciendo las delicias de grandes y chicos. El más célebre espécimen de vaca topona fue la vaca de Cho Roque, el suegro de Pancho Pintado, cuya fama -no sólo de vaca sino incluso de tora por su singular comportamiento-, trascendió allende las fronteras de este barrio, dando lugar a la expresión “estar como la vaca de Cho Roque”, que se aplica especialmente a quien está desagallado por las ganas de fiesta, pues se dice de este famoso animalito que le encantaba tanto el jolgorio que, en cuanto escuchaba el sonido de los voladores, se volvía como loca de alegría y no había quien la asujetara. Pero lo que me hubiera gustado ver de todo lo que me contaba mi abuela, y que sería bastante emocionante, yo supongo, era eso de las maromas. Para el que no conozca el término, “maroma” es un vocablo de origen marinero que se usa para denominar a la cuerda o soga que emplean en los barcos, y en este caso a la que se usaba, instalada a considerable altura, para caminar sobre ella haciendo espeluznantes equilibrios. De ahí la expresión que usaba mi padre para reprenderme cuando yo era aquella niña machona y terrible: “Sale de ahí, no seas maromera”, un significado que yo nunca llegaba a entender, porque esto ya en mi época había desaparecido. Célebres como nada en las fiestas fueron las comedias, que todavía hoy se representan en otros barrios como Las Abiertas, a cargo de Nieves González, o en el Amparo, de la gran cosecha de don Hermenegildo Socas Cruz. Aquí en Santa Bárbara eran obra y arte de don Gregorio Socas el partidor, hombre sabio como pocos. En una de ellas, dice que don Gregorio Socas hacía su aparición en el escenario caracterizado de ángel de grandes alas y bata blanca y comenzaba diciendo más o menos así: Señores, vengo del cielo, Me acuerdo de cha María La que enseña el envoltorio La mujer de Juan Zurrón, Un día me fui cas’ Juan Botija Y seguro sería interminable la retajila y a lo mejor ustedes la recuerdan con más exactitud. Es una pena que también esta afición a hacer comedias se haya perdido casi en su totalidad por la modernidad frenética en que nos hemos metido. Por eso, desde aquí, animo al amigo Pedro Rodríguez, el pintor, y a Roberto el Fainero, tan aficionados al género cómico, a que continúen deleitándonos con tan noble labor, como ejemplo superviviente de lo que fue una época de nuestro barrio tan gloriosa como añorada por muchos. Y por supuesto que nunca faltaron en nuestras fiestas los Cestos y los Bollos, que presenciaban desde su privilegiado palco de la tradicional enramada hecha por don Félix Alonso y su hijo Mundo, todos estos entretenimientos, dando colorido a la media naranja como una hermosa y singular ofrenda de tantos santabarberos agradecidos a su Santa Patrona. ¿Y qué les puedo decir de los Cestos que ustedes desconozcan? Muchas son las familias con tradición de Cestos en este barrio. La mía, la de los Domínguez, ha sido una de ellas, pues a mi bisabuelo Benigno Perejil, el marido de la bisabuela Clorinda, ambos de la familia de los Coroneles de lo alto de El Lance, cuando llegaban las fiestas de Santa Bárbara, sólo le bastaba llegar al ventorrillo, echarse unos buches de vino y un oloroso pincho de carne en adobo al cobijo del tendido de listones y sábanas blancas, y ahí mismo se iba para su casa con los amigos a hacer los cestos de fruta. Sus hijos y nietos también aprendieron este arte y han sido amañados cesteros. Ahí tienen al recordado Tío Elicio y sus hijos, a Tío Chicho y los suyos, a abuelo Ceciliano, Papá y tío Luis, y ahora a mis hermanos, que siguen empeñados en mantener la grandiosa costumbre, aunque este año con menos medios y más impedimentos, porque prácticamente todo lo que se solía usar -manzanas, madroños, peras y demás- ha sido arrasado por el incendio. Y también yo, a mis dieciocho años, supe de esos siete kilos de pan, figuritas de azúcar y cintas de colores que supone cargar un bollo a la cabeza desde la calle el Plano hasta la plaza. Y si a eso le añadimos a Monsita la de Celestino, con cuatro años nada más, agarradita de la cinta amarilla, y el traje de la Orotava, cuyas enaguas se me enredaban entre las piernas peligrosamente, pueden imaginarse la dificultad de la hazaña que cada año, desde tiempos inmemoriales, llevan a cabo las chicas de la Comisión. Doña Ángela Alonso Robayna, hermana de Pedro el de los Dulces, fue la que me hizo la cesta de plato. Y por ser una de las tres primeras proveedoras, la segunda concretamente, tuve el privilegio de tener entre mis cintas un grupo insoslayable de ellas, pertenecientes a la Santa, que se heredaban año tras año. Cualquiera sabe los años que podrían haber tenido aquellas cintas deslucidas y primorosamente bordadas. Además del colorido de los Cestos y los Bollos, otro color imprescindible en la fiesta lo ha puesto siempre el enrame, formado por banderas y papeles. Si hay algo que recuerdo con añoranza de aquella fiesta del 1986 es el engloreo de las tardes que pasábamos las proveedoras en el salón de Carlos el de Pastora, picando papeles, en un derroche creativo de figuritas y dibujos, y pegándolos luego en una liña embadurnada de aquella pasta fría y viscosa, hecha de agua y harina, que te ponía los dedos blancos y arrugados. Una vez secos, había que guardar los papeles en un lugar seguro para que los ratones no se los comieran, porque llegaron a hacernos grandes destrozos antes de que la lluvia de las cabañuelas de agosto acabara con nuestras ilusiones de lucir el primoroso enrame de blanco, azul y rosa, justo en la víspera del día grande de la fiesta. Supongo que unas cosas y otras han dado lugar a la sustitución de aquel papel de seda, picoteado de iniciales, corazoncitos y hojas de enredadera, por otro plástico hecho de forma totalmente artificial, pero muy resistente al agua y a los cambios climáticos recientes. Son los gajes de la funcionalidad y de una modernidad inevitable, que también se ha llevado consigo para siempre aquellas tardes de complicidad de las proveedoras. Tampoco puede quedarme por nombrar la pelana, que en su origen consistía en pelar las latas usadas para colocar las banderas y entregárselas al nuevo presidente entrante para que las custodiara hasta el año siguiente. Al pie del cañón podíamos ver cada año por aquella época a Radio González, que lideraba la comitiva llevándola primero para el Barranco, luego para la Vendimia y después por la carretera de Santa Bárbara para abajo, haciendo recorridos a veces interminables, entre suculentos brindis de chochos, sardinas asadas con plátanos verdes guisados y vino, hasta conseguir que las orquestas de la época –Los Rialto, los Silver, la Coimbra, la Columbia o los Teymar-, se desesperasen, con los instrumentos afinados desde media tarde sobre el tabladillo, en espera de tocarnos la melodía de aquella inolvidable canción del verano. ¿Se acuerdan ustedes del “Eva María se fue” de Fórmula V o del kumbó de Georgie Dann? Les juro que yo en mi vida había visto tanta gente apretujada por todos los rincones de las dos plazas, bailando ese kumbó de movimientos un tanto obscenos, como en aquel verano del 82. Ese Georgie Dann era un fenómeno; no había verano que no sacara un nuevo baile. Pero ya hoy no parece que haya canciones con tanto gancho. Quizás sea que nos hemos vuelto más serios… En fin. Y ya por último, y aunque me quedan muchas cosas que merecerían ser nombradas aquí, no me gustaría acabar esta…llamémosla “conferencia” -porque aún tengo mis dudas de si lo es-, sin nombrar a nuestro querido Regimiento de Artillería, y sobre todo, sin rendir un humilde homenaje desde mi humilde persona al Coronel Don Luis Miranda, que fue quien promovió, allá por 1948, la primera visita a esta fiesta de los Artilleros y de la Banda de la Artillería, para acompañar a nuestra Patrona que también es la suya, invitados desde siempre por don Constantino, el abuelo del amigo Tinito, ése que tiene la finca frente a cas Clara la de Pepe Alonso. Don Constantino, que por entonces era artillero, y su familia, año tras año, han sabido crear un lazo, para siempre indisoluble, de este barrio con tan fieles invitados. Algunos de aquellos artilleros ya no están con nosotros pero permanecen igualmente en nuestro recuerdo; otros, como el Teniente Álvarez y el Teniente Fermín, que todavía siguen ahí y esperemos que por muchos años sea, ya estaban en la foto de la primera banda que nos visitó por aquellos tiempos. Algunos, incluso, son imprescindibles, como el señor Benito Martín García, de la Familia de los Canutos de la Fuente de la Vega, a quien he tenido el gusto de conocer recientemente, y que ustedes habrán visto desfilar, con ese espíritu incansable de quien va bien acompañado, iniciando la comitiva militar con traje blanco y sombrero a la manera de los indianos venidos de Cuba. Para todos ellos vaya nuestro recuerdo agradecido. Felicito, para finalizar, a los vecinos de este barrio por la idea sin igual de conceder la Medalla de Oro de la ciudad al Regimiento de Artillería, lo que dice mucho del barrio agradecido al que me siento orgullosa de pertenecer. Espero que estas palabras que torpemente he esbozado y leído para todos ustedes, hayan sido de su agrado, o por lo menos les hayan traído el recuerdo de aquellos sanos tiempos. Y sobre todo deseo haber estado a la altura de quien ha confiado en mí para transmitírselas. Me despido, entonces, invitándoles a todos a que pasen unas fiestas agradables con unos versos del recordado Don Gregorio Socas que encontré por ahí, y que dicen así: Al fin voy a terminar
Muchas gracias 20/08/2007 22:16. Autor: laotracamy. #. Tema: cosas mías No hay comentarios. Comentar. 10/08/2007Unos días en Fenteventula
Este texto fue escrito en plena crisis de aburrimiento -y como represalia al mismo- en una isla de playa y viento entre el 3 y el 9 de agosto de 2007. ¡Qué fastidio más grande! Hay que ver la publicidad engañosa que hay circulando por esos mundos de Dios. Siempre había creído que Fuerteventura iba a ser todo un paraíso agreste, olvidado, donde, aparte de playas paradisíacas, sólo iba a encontrar pueblecitos con casas de tejado a dos aguas, encalados de blanco, tranquilos, con cabreros que cuidan aquí y allá sus rebaños de ovejas y cabras, no en balde digo yo que habrán hecho la canción que llevo semanas oyéndole cantar a Aída: “A Fenteventúa fi a bebé leche de oveja, un palo me dio una veja que hasta las estellas vi”. Y nada que ver, porque Fuerteventura parece que ha sido colonizada por todos los pueblos y que hay de todo menos pastores majoreros: cabras las justas, ovejas poquísimas y leche… de cartón y de la marca Tavox, que es lo más asequible por estos contornos. Y todas las viejas que vemos o son gitanas andaluzas o francesas joviales de ojos claros y sonrientes. Nada más llegar, hemos venido a parar a un hotel que parece sacado de cualquier parte de Torviscas City, con todos los guiris habidos y por haber, la mayor parte francófonos de raza negra, y todas las instalaciones y comodidades imaginables: bungalows, apartamentos, piscinas, instalaciones deportivas y recreativas varias, buffet, supermercados, pizzerías, restaurantes, canchas… aunque con un pequeño defecto: que cuando entramos a las once de la mañana en recepción, nos dijeron que tardarían hasta las dos de la tarde en tener listo el apartamento que habíamos contratado (un apartamento, por la sencilla razón de que pagar todas las comidas sale el doble de caro en todas las islas menores y porque no me disgusta prepararle a mi rancho los desayunos y algún que otro almuerzo o cena. Pero después de ver los precios en el súper desistí de cocinar, salvo los desayunos, y nos dedicamos a pagar todas las comidas a no menos de treinta euros). Total que, como nos sobraban un par de horas buenas, tiramos para el centro de la isla en busca de un lugar para comer y acabamos en un pueblito, Triqui-nosequémás (creo que tardaré varias semanas en aprender semejante nombre). Enseguida hallamos el sitio que estábamos buscando, un restaurante tranquilo y barato. El hombre que nos atendió, nada más vernos, nos preguntó si éramos de Tenerife. No íbamos vestidos raro y nada nos identificaba como chicharreros, pero sorprendentemente… ¡dio en el blanco! El hombre era natural de Santa Clara, ese barrio de Santa Cruz con cuyos conejillos de indias hice mis primeros experimentos de profesora recién licenciada. Ahí mismo nos apoderamos del patio de su restaurante, y gracias a Dios, porque si cogemos puesto en el comedor, Aída -que, después de que abrió la puerta con el coche en marcha e intentó lanzarse en la piscina de más de un metro y medio de profundidad, estoy convencida de que tiene el demonio dentro-, le hubiera destrozado el local, único medio de vida aparente de aquel heladero tinerfeño venido a menos. Pues al regresar al hotel eran ya las tres de la tarde y todavía no teníamos habitación ni cosa que se parezca. Allá a las tantas, después de horas esperando malhumorados en la recepción, nos habilitaron el apartamento, con casi todo lo que solicitamos, todo menos internet, que era lo más importante que había pedido. Bueno, en realidad, además de una conexión wi-fi de pago que estuvo ahí todo el tiempo poniéndome los dientes largos y que no supe nunca cómo contratarla, porque era tan lenta la contratación que no llegué a pasar de poner la versión en español, tenía otra opción de conectarme, por lo menos para ver el correo, pero hay que ver a qué precios: un euro por doce minutos y dos euros por treinta minutos. Si te pones a multiplicar, te llegas a gastar hasta cinco euros a la hora, cuando en Tenerife por esa cantidad te puedes pasar, según el sitio, hasta diez horas navegando, lo cual es toda una jartada. Este fue un aplastamiento de moral que no me esperaba. Si al menos fuese adicta al móvil como la amiga Marisa... Cuando llevaba cuatro días aburrida, sin saber qué hacer, con el picor y la intolerancia que me produce el sol y habiendo desistido de la conexión wi-fi, decidí bajar y probar con esa conexión de pago que ofrecía el hotel, por lo menos para ver el correo. Así pues, metí a regañadientes una moneda de un euro: tenía más de treinta mensajes y parece como si todos los spamers hubieran aprovechado mis ausencias de la red para llenarme la cuenta de correos de basura. ¡Qué intriga! Me pregunto por qué todos los spamers se entregan a ofrecerme alargamientos del miembro viril y viagras de todo tipo. Tampoco hubiera podido hacer lo que pretendía: bajar y subir documentos con el pendrive, porque, después de poner a la rubia recepcionista a cuatro patas bajo la mesa del ordenador para averiguarlo, me descubrió que no tenía ni un espacio vacío para mi USB, así que por fin, resignada, me puse a ver todos los periódicos atrasados: me miré las hemerotecas de tres o cuatro periódicos digitales en tiempo récord para enterarme de que prácticamente ninguno me había publicado las dos notas de prensa que envié para el fin de semana. ¡Y qué desagradable es leer el periódico vorazmente cuando por un lado te vigila un contador regresivo descontando segundos a toda leche y por otro, una chiquilla morena, senegalesa o similar, ansiosa por apoderarse del asiento que yo ocupo! ¡Grrrr! Después de eso… ¿todo el día tirada en la playa yo? ¡Qué va! Se me pasan las ganas sobre todo cuando ya se han visto unas cuantas playas de finísima arena amarilla estropeabikinis, paradisíacas, y raritas, porque, sin más ni más, de un paisaje reseco donde no se ve más que una hierba reseca y negra, que no sé de qué carajo se mantienen tantas cabras, se pasa al más puro desierto sahariano y nada te dice que no lo sea, porque desde que entramos en el restaurante del heladero de Santa Clara hasta el último momento de nuestra estancia, la mayor parte de los clientes, recepcionistas, camareros, dependientes y empleados en todas partes de la isla son africanos, sub o suprasaharianos, o por lo menos se asemejan bastante en los rasgos. Y con tanto viento menos. Esos oleajes que quitan el hipo a los surferos, windsurferos y kitesurferos, que hasta en la piscina tienes la carne de gallina por más que pegue un sol de justicia, no son para un espécimen de sombra como yo. Y si te vas de compras y te metes en Puerto del Rosario puede parecerte que estás en París. Bueno, no aguanto la sana envidia de ver tanta calidad de vida junta donde menos me la esperaba: Una ciudad llena de rotondas con estatuas de bronce en todas ellas, y por todas partes (de hecho, antes de construir la rotonda ya tienen las estatuas apiladas por allí); un centro comercial con las cien tiendas más importantes del mundo, una calle con todos los bancos y cajas de ahorro inimaginables… Pero… ¿Éste era el paraíso agreste que siempre había soñado? Me parece que no. Esto es como Guirilandia transportada a un desierto amarillo salpicado de vez en cuando de cabras donde te hablan árabe, francés, inglés, alemán, canarión, tinerfeño, pero no he visto a un majorero todavía… Encima nos hemos recorrido la isla de punta a punta buscando la pegatina de la cabra “Fuerte” y hemos llegado a la conclusión de que hay una competencia semejante a la que existe en el Hierro entre las quesadillas de Adrián y las de Frontera. Y la radio tan cosmopolita en nada ayuda a mantener la idea de ese paraíso: Aída repite como un loro con voz de maestro de ceremonias a todas horas: “¡¡¡FM Fuenteventula!!!”. Y cuando por un momento llamo a Icod para saber cómo va todo y me contesta Francis que está más quemado que la pipa de un indio porque todavía queda monte por quemar y el fuego parece que no se cansa, me entra un desespero que llega a los límites del colmo cuando me llaman de un periódico al móvil para preguntarme si nuestro municipio cuenta con plan de extinción de incendios propio o suscrito con el cabildo y tengo que verme obligada a contestarles con vergüenza que ni lo uno ni lo otro, maldiciendo a quienes llevan gobernando toda la vida y no han sido capaces de gestionar algo tan sencillo como un plan de seguridad. ¡El jodido plan de seguridad, Tini! ¿Es que todavía no estamos escaldados en Icod desde el incendio de 1983? Con paraíso como éste, me como tanto el coco que llego a la conclusión de que soy una mala compañera: mientras unos permanecen viendo la mala cara que presentan nuestros montes de Icod después del incendio, otros nos pasamos unos días contando las horas y viendo una isla desértica, donde los únicos pinos que existen son los que se aguantan con dificultades el viento de Nuevo Horizonte en Costa Antigua, una isla aparentemente muerta que tiene un Observatorio para la Desertización esperando que suceda no sé el qué que ya no haya sucedido. No me queda otra que preguntarme si cuando nos quedemos sin monte sabremos sacarle partido a nuestra isla como han hecho estos cuasi-majoreros y si tendremos tanta calidad de vida por lo menos como en Puerto del Rosario. Si los bomberos serán capaces de aburrirse como en esta isla a ratos amarilla y siempre reseca, donde hay muchísimas casas terreras con parcelas enormes sin una brizna de nada cultivado en ellas, donde sobra terreno llano para todo tipo de infraestructuras e instalaciones, hasta para cementerios alejados de la población hasta los límites de la salubridad, y donde algunas cabras andan desoladas y meditabundas de un lado para otro sin nadie a la vista que se lo prohíba, comiendo quién sabe qué hierba inexistente que sospechosamente produce un oxígeno que no escasea en absoluto, porque no hemos dejado de respirar aire puro en todo el rato. ¿Aire puro? Todo un misterio, lo único que permanece intacto de mi sueño inicial. 10/08/2007 18:44. Autor: laotracamy. #. Tema: cosas mías Hay 5 comentarios. 30/05/2007¡¡FELIZ DÍA!!GRACIAS A TODOS LOS QUE ESTUVIERON ALLÍ COMPARTIENDO UN BUEN RATO LA NOCHE DEL 27M... GRACIAS, ICOD 30/05/2007 17:12. Autor: laotracamy. #. Tema: cosas mías No hay comentarios. Comentar. 26/05/2007Una esperanza compartida por mucha más gente26/05/2007 08:29. Autor: laotracamy. #. Tema: cosas mías No hay comentarios. Comentar. 23/05/2007Por si se puede aclarar algoPor si hay todavía quien no crea que desde esta humilde página se pueden forzar algunas situaciones de este pueblo y sobre todo del barrio de Santa Bárbara, les pongo enlaces de algunos artículos que ya llevan mucho tiempo aquí colgados, porque las cosas no se hacen a última hora y para tapar la boca a la gente. Porque entiendo que denunciar y poner en conocimiento las cosas, aunque sea desde los medios más humildes que uno tiene al alcance, también es defender a un barrio. Y no es que me estoy poniendo medallas, porque no sé lucirlas, pero cuando se vive en un lugar, no se puede pretender ser la única persona que lo defiende, porque imagino que todos los habitantes de ese lugar lo defienden a su manera y con el mismo ahínco. Algunos con falsos rumores, otros dando la cara para alcanzar golpes, otros callando y tragando, otros simplemente escribiendo y firmando artículos en páginas como ésta, que a algunos le pueden parecer frivolidades de una soñadora y a otros no, y es una opinión totalmente respetable por mi parte. Sólo tengo que dar las gracias a las madres que me defendieron con su silencio esta mañana y a las que me escucharon y conversaron conmigo en todos los tonos de conversación habidos y por haber. Cada una a su modo me dio una explicación y la agradezco, pero quizás me ha faltado entender, ingenua de mí, que dar la cara públicamente por la gente a veces es así de ingrato y no todo el mundo tiene por qué sacar las mismas conclusiones que yo. Allá cada cual. Mi conciencia está muy tranquila y el tiempo pondrá a cada cual en su lugar. No vengo a lavar mi imagen porque los que me conocen saben que no tengo nada de que arrepentirme y siempre he estado para apoyar a quien me lo pida. Lo único que pido es que se contrasten los datos que se oigan de mí con palabras que salgan de mi boca, porque la rumorología y la difamación son las peores enemigas de una sociedad bien avenida, y en difundir falsedades hay gente realmente experta y por eso estamos como estamos. Sólo basta con encontrar quien escuche y disperse un rumor. Algunos enlaces que les invito a leer son éstos: http://laotracamy.blogia.com/2007/030701-el-fin-justifica-los-medios.php http://laotracamy.blogia.com/2006/100801-camiones.php http://laotracamy.blogia.com/2006/010902-piscina-municipal-esta-o-no-esta-lista-.php http://laotracamy.blogia.com/2005/121501--ya-era-hora-.php http://laotracamy.blogia.com/2005/061101-caridad.php http://laotracamy.blogia.com/2005/112101--han-puesto-parches-en-el-camino-de-los-giles-.php http://laotracamy.blogia.com/2005/111801-la-via-en-rosa.php http://laotracamy.blogia.com/2005/070602-reuniones-vecinales.php http://laotracamy.blogia.com/2005/051602-la-epopeya-de-nuestro-tiempo-en-los-barrios-de-icod.php http://laotracamy.blogia.com/2005/052503-santa-barbara-no-estaba-preparada-para-esto.php http://laotracamy.blogia.com/2005/040401-es-que-si-no-lo-digo-reviento.php 23/05/2007 16:24. Autor: laotracamy. #. Tema: cosas mías No hay comentarios. Comentar. 18/04/2007¡¡GRACIAS!!Muchísimas gracias a ese ávido lector que ha pasado una hora y media leyendo en esta página y con ello ha disparado el contador con 35 visitas más, el triple del total de un día cualquiera. ¡Así da gusto! Pronto me darán un premio en algún hit parade de por ahi. Y gracias también a los demás que visitan a diario este lugar por la fidelidad. Si alguien quiere contarnos alguna cosa para que esas visitas no se vayan con las manos vacías, sólo tiene que enviármela a mi correo electrónico. Aquí seguiremos. Un saludo 18/04/2007 12:52. Autor: laotracamy. #. Tema: cosas mías Hay 9 comentarios. 20/03/2007A mis estimados lectores (bomberos incluidos)
Me consta que hay gente que se acerca a este blog con intenciones muy diversas, porque sé -pues me lo comentan en la calle y veo las estadísticas de quiénes y desde dónde me visitan- que tengo lectores que me leen con curiosidad, otros con una admiración que no merezco, otros con cierto interés, otros se encuentran esta página por casualidad yendo de un lado para otro en esa telaraña que es internet,… pero también los hay que vienen aquí con su mente retorcida y su mala idea a buscar la mínima palabra que yo digo para descontextualizarla y volverla contra mí persona como arma arrojadiza para hacerme daño. Son los más, por desgracia. Durante toda esta legislatura, aparte de estar al pie del cañón defendiendo a los que apostaron por nosotros para salvaguardar los intereses de este municipio, con esa misma intención he abierto la boca unas pocas veces, y mi humilde palabra debe ser tan importante porque tal fue la expectación, que lo que he dicho ha sido utilizado en muchas ocasiones para hacerme daño, no ya políticamente sino también a nivel personal y lo peor de todo, por la espalda, como hacen los cobardes. Todavía me acuerdo de un viejo ejemplo que me avergüenza mencionar y que le debería producir sonrojo a algunos que se hacen llamar “políticos”: ¿Por qué razón algunos socialistas les trajeron a la Comisión de Cestos y Bollos, a poco de empezar esta legislatura, unas fotocopias de actas de varias comisiones informativas de Cultura con mi nombre y el de mis compañeros de partido subrayado porque habíamos votado abstención a la declaración de BIC a la tradición de los Cestos y Bollos? ¿Por qué mi nombre en distinto color que los nombres de los demás concejales? Abstención en una comisión informativa ¿quiere decir "en contra"? ¿O quiere decir “no sabemos en qué consiste y por ello vamos a estudiarlo primero”? ¿Por qué no mostraron el acta del pleno, en que votamos a favor? Pues para ser un animalito de sangre caliente, me callé la boca bastante. No dije nada al respecto porque ésa es una actitud que, de verdad, me da pena, mucha pena. Lo único que alegué fue que se esmeraran en hacer bien las actas ya que se iban a vender cosas en la calle con ellas en mano. En estos días atrás me comentan que algunos individuos dijeron a vecinos míos que yo no quiero que se terminen las obras relacionadas con los ensanches del camino Los Lagares y la subida a Hoya Nadías, y todo porque pregunté en el pleno lo siguiente (y copio el acta literalmente, que l | |