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A propósito de Icod de los Vinos

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¿Tenemos la televisión que nos merecemos?

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Una noche de la semana pasada tuve que acompañar a mi marido a Urgencias por una fiebre excesiva. Así que terminé de preparar la cena, les serví a mis niñas sus respectivos platos y avisé a mi madre para que se ocupara de darles de comer y acostarlas en lo que yo regresaba, previendo que podría tardar varias horas, habida cuenta de que a veces hay muchísima gente en Urgencias. Yendo de camino al Centro de Salud, tan hipocondríaca como soy, me iba imaginando a todos en mi casa muertos por el virus de la gripe A. Pero al llegar allí, no encontramos esa gran cantidad de gente que normalmente acude en un día cualquiera a esa hora por lo que nos atendieron enseguida. Total, que no era tampoco la gripe A y fuimos a la farmacia de guardia a comprar un medicamento y en sólo tres cuartos de hora estábamos de vuelta.

 

Al llegar a casa encuentro a mi madre desenredando una cadeneta de croché con mi niña mayor, y escuchando en la tele en un programa que llaman “La Traquina” a una señora hablando de un problema de desobediencia al profesorado sucedido en un colegio de por ahí cerca. Sirvo la cena y me pongo a comer mirando distraídamente a la tele cuando de pronto aparece en lo bajo de la pantalla un mensaje diciendo algo así como “Diego eres más falso que un billete de 1 euro”. Me hizo gracia, pero no tanto el mensaje sino la atención y la intención de quien lo envió: “¡Qué fijación tienen algunos siempre con lo mismo, por Dios! ¿No ves que está hablando de otro tema, la desobediencia de los chicos en el cole?”

 

Yo nunca veo ese programa de televisión ni ningún otro, y no tanto por falta de tiempo sino por exceso de repugnancia hacia lo que ofrecen y permiten en algunos programas y canales en general. Pero normalmente, el día de la semana que llevo a mi madre hasta el pueblo cuando va a enramar al cementerio, ella (que todavía parece que no está suficientemente escaldada de aquella vez que el propio director de ese mismo canal de televisión mirando a la cámara dijo que “todos los concejales de Icod son unos hijos de puta”) me habla de todos los mensajes que llega a contar en un sólo programa, todos insultantes contra el alcalde de Icod, y me describe sus contenidos. ¡Qué casualidad que ningún espectador hable a favor del alcalde! Es hasta extraño. Para mí que hay alguien que se dedica a “invertir” verdaderas cantidades de dinero –a razón de 4 mensajes por 6 euros- en insultar al alcalde y hacer parecer que vivimos en el peor sitio del mundo. Si hubiera sido hace cuatro años lo comprendería, pero no voy a hacer aquí una lista de las cosas que se han hecho en estos dos años y medio desde que gobernamos en el ayuntamiento, a diferencia de la transparente capita de piche que ponían un par de meses antes de las elecciones los que nos precedieron en el gobierno, porque evidentemente éste no es un balance preelectoral y nadie es bobo para no ver el vuelco. Icod está abierto en canal con tantas obras. Otra cosa es que la gente que lee estos mensajes crea lo que lee y piense lo contrario de la realidad.

 

Distraída pensando en esto, atienden a otra señora llamada María (¡Qué casualidad de nombre! Todas las anónimas se llaman igual, ¿verdad, mamá?), que creo que llamaba de Tacoronte para quejarse de que en su calle faltaba una bombilla. Y dije en voz alta: “¿Y en Tacoronte no hay un concejal al que quejarse de estas cositas, que la gente llama a la tele?” De todas formas que yo sepa a Icod no han llamado nunca los presentadores de ningún programa de televisión para sugerirnos arreglar la bombilla de turno. Si no son intermediarios entre vecinos e instituciones y encima cobran dinerales por esos mensajes que a veces deberían ser objeto de denuncia, entonces ¿qué función tienen programas como éstos que no sea sembrar el malestar y la confusión entre los espectadores? Acaso el enriquecimiento a costa de ciudadanos incautos.

 

Cuando terminé el último bocado, ya mi madre se había vuelto a su casa, así que apagué la tele y ahí se habría de quedar arrestada por un tiempo. Desde que mis niñas descubrieron que pueden ver dibujos animados a la carta en youtube, el viejo televisor Nokia pasa largas temporadas apagado como el objeto inservible que es por el que nadie siente ya ni la más mínima curiosidad. Cuando se produzca el apagón analógico, hipocondríaca como soy para estas cosas, probablemente este viejo trasto que me ha acompañado como regalo de bodas perfecto acabará en la basura y ninguna sustituta de pantalla plana vendrá a ocupar su sitio. Por quien más lo sentiré será únicamente por los vendedores de televisores de plasma, porque… ¡bendita ignorancia la de no conocer los contenidos de tan vil aparato!

18/10/2009 19:16. Autor: laotracamy. #. Tema: aquí otra vez No hay comentarios. Comentar.

Maricón el que no baile

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Un especial recuerdo a mis compañeros de la comisión del 86 y especialmente a Carlos y a las proveedoras. También a Monsita, por aguantar todo el camino.

 

Últimamente, cuando voy por ahí y veo algunos detalles de las fiestas de los barrios, me da por acordarme con añoranza de las agridulces penurias que un grupo de doce chiquillas de mi barrio, Santa Bárbara, sufrimos haciendo las fiestas del año 1986 y en lo que se han convertido las fiestas de barrio en estos días.

 

Recuerdo que para tener el papel de seda listo con el que adornar en el mes de agosto las plazas y recorridos de todo el barrio, mis compañeras proveedoras y yo previamente decidimos muy por unanimidad y sin muchas disquisiciones ni argumentos a favor o en contra que de los que había, los colores más bonitos eran el blanco, el rosa chicle y el azul turquesa. Todo valía siempre y cuando no se eligiera el rojo, que tenía fama de desteñir si se mojaba, pues todas recordábamos la blusita (en mi caso una sudadera rosa a la que le tenía especial cariño) que se nos había echado a perder de manchas rojas en la fiesta del año anterior el domingo durante la procesión nocturna. Y como en agosto, mes por excelencia de las cabañuelas, es inevitable que caiga una llovizna fina o un torrencial aguacero, estos colores que elegimos eran bastante inocuos, por lo que, con los primeros fondos que conseguimos de la venta de las rifas del cochino en los días previos a la pelana del 85, compramos manillas y manillas de papel de seda blanco, rosa y azul, que luego, sin que nadie nos marcara las pautas de nada, porque dicen que “burro cargado busca camino”, los recortábamos diseñando sin usar el lápiz complicados dibujos e iniciales en la superficie y luego los pegábamos en una tendedera de hilo plástico cuyas liñas, muy pegaditas entre sí, medían unos 12 metros de longitud. El pegamento simplemente era una curiosa pasta de harina y agua en cuya fabricación muchas de mis compañeras eran verdaderas expertas.

 

Pasábamos tardes verdaderamente felices, entre los callos doloridos de empuñar las tijeras, los confettis de formas inimaginadas, pero siempre de tres colores, las risas, los chismorreos y las manchas de pasta de harina. A la que le tocaba “dar la pasta” pasaría la tarde con las manos frías y empegostadas y varios días con la piel arrugada y áspera, pero las había que preferían esto antes que el callo que se te formaba en el dedo de tanto recortar.

 

Recuerdo que la pasta llegaba a adherirse al suelo de cemento apisonado con tal ahínco que era imposible arrancarla una vez que se enmohecía y se ponía negruzca. Todavía no sé cómo se las ingenió Carlos para arrancar aquellas plastas del suelo del salón.

 

Al día siguiente de hacer una tanda, cuando ya estaba seca, recogíamos la colada tricolor, doblándola y colocándola cuidadosamente en grandes cajas que apilábamos en una esquina. Y otra vez vuelta a tender.

 

Ya por marzo o abril teníamos arrinconadas muchas cajas. A una de las compañeras se le ocurrió hacer recuento de lo que habíamos almacenado en las cajas para saber lo que nos quedaba todavía por hacer y equilibrar así los colores. Fue entonces que descubrió que las primeras cajas, que llevaban unos 5 ó 6 meses almacenadas, estaban siendo pasto de los ratones, tal era la fina calidad de la harina que usábamos para hacer la pasta. El destrozo fue tanto que, por prevenir que no fuera a más, nos vimos obligadas a encaramar las cajas sobre el pequeño cuartito que nos servía de baño para que los roedores no las alcanzaran.

 

Hormiguitas hacendosas como éramos, conseguimos remontar este desastre y preparar más papel del que habitualmente se hacía en otros años e incluso fabricamos flores y una piñata que incorporar en el festival infantil.

 

Así llegó la fiesta de agosto de 1986. El jueves de la fiesta, después de la rama que antes se iba a buscar en lunes, comenzamos desde el amanecer a colocar el papel en las plazas formando como un ajedrez tricolor. Primero engalanamos la plaza grande, hoy dedicada a Don Mauricio, y luego la plaza de arriba, hoy inexistente como tal y que dará paso a lo que será en el futuro nuestra nueva plaza. Al final, con lo que quedara y sin tanto esmero, adornaríamos las calles, que se hacía a lomos de una escalera, pero eso era cosa de hombres, porque las proveedoras tendíamos en el suelo las tiras de papel amarradas a una guía que luego descendería poco a poco por un puntal hasta colocarse de techo en la plaza.

 

Ese jueves de agosto el sol se pasó tres pueblos (en Icod el Alto también había fiesta), por lo que literalmente nos achicharramos al son de la orquesta los Rocker’s, que sonó incansable durante todo el día en los altavoces de Radio González, hasta que allá a las seis de la tarde le dijimos a Argelio si no tenía otra cinta y nos contestó que es que acababa de llegar gente nueva que no la había oído todavía. Por la noche fuimos al baile con las caritas rojas superquemadas, pero felices porque toda una lluvia de felicitaciones nos llovió por la elección de los colores y el buen gusto empleado en la colocación y distribución de los mismos y también por las flores, que ponían el toque innovador por excelencia.

 

Al día siguiente, el viernes, también nos llovió, lluvia de la otra, durante la verbena de esa noche, un chubasco de los que hacen época, que dio al traste con los pelopinchos que tanto me costó ponerme tiesos para esa noche y especialmente con los hermosos contrastes tricolor que nos costaron un año de trabajo y muchos callos y manos ásperas y arrugadas. Y ya en casa tuve que habérmelas con la angustia de ver cómo los goterones que se filtraban por el techo de mi habitación mojaban una vez más mis libros y mis cosas más queridas, sumándose a la congoja de imaginar las liñas peladas, ya sin papeles ni pasta siquiera que los pudiera retener en su sitio.

 

Al día siguiente, sábado y por la mañana, tras la monumental mojada nocturna y después de ver el destrozo, hicimos la subida de los Cestos y Bollos con un poco de desánimo. Era uno de los primeros años en que se subía con traje típico y el recorrido era un poco más largo porque entraba por la calle derecha y subía por Siervo de Dios y Calle Los Reyes. Al llevar las manos sujetando el cesto de plato, los refajos se te enredaban entre las piernas por las empinadas cuestas y nadie te relevaba por la novelería de salir en la foto portando un bollo como ahora, porque tampoco había tantas cámaras y ni a veces una madre que nos acompañara en el recorrido con una triste botella de agua. Yo, además de los 7 kilos de mimbres trenzados, pan sin levadura, flores de celofán de colores varios, 40 figuritas de azúcar auténticas -de las que hacían las monjitas- espichadas en sendas cañas primorosamente cortadas por mi padre y 104 cintas de colores con sus bordados, recortadas y rehiladas por mi abuela, encima tuve que cargar, literalmente, con Monse vestida de maga, de apenas cuatro añitos, la mayorcita y más aparente para el cargo de acompañante que pude conseguir, colgada de una cinta amarilla y fea que doña Obdulia se debió dejar suelta tal vez adrede para servir a este menester y que cada vez era más larga de los tirones que le daba aquel pobre angelito con traje villero.

 

Y después de la colocación de los Cestos y los Bollos en la media naranja, cómo no, el baile, el mejor de toda la fiesta. Había que bailar toda la noche pero, como no podía ser de otro modo, esa noche me molestaron los jodidos zapatos, aquella imitación de converse all star demasiado bajos para el puente de mis pies, con lo que pasé ratos sentada escuchando la mejor orquesta del momento elegida para la ocasión, Los Dinámicos, conducida por supuesto por Pepe Benavente. Pero al final del baile, allá a las tres de la madrugada, cuando todos se fueron a descansar, nos convocan a todos los miembros de la Comisión de Fiestas a reponer –como había de sobra- toda la plaza de los papeles estropeados por la lluvia, dado que al día siguiente era el día grande y eso no se podía presentar así, de cualquier manera. Y además, barrer la plaza con aquellas escobas tan típicas que ya empezaban a mostrarse demasiado ajadas para tan pocos días de uso.

 

No recuerdo a qué hora me acosté esa noche. Sólo sé que a las 8 de la mañana del domingo había que estar en El Pino, vestida de maga, con un ramo de gladiolos amarillos y desfilando delante del Regimiento, por supuesto a paso de soldado, hasta la casa de Tinito, o lo que es lo mismo, aproximadamente un kilómetro. Luego de allí con las autoridades hasta la plaza, aguantar toda la misa con un sol adormecedor dándote en la cara mientras los soldados que escoltaban el altar, en posición de firme, pero a la sombra, se tambaleaban hasta caer desmayados de puro agotamiento… Uno,… otro,… otro… La gente ya más pendiente del rostro de los escoltas que del sermón.

 

Luego venía la procesión, el almuerzo con los soldados a los que dábamos jaque mate porque con el sueño atrasado que ya arrastrábamos a nadie se le ocurría ponerse a ligar con un soldado pletórico que probablemente habría dormido toda la noche a juzgar por el palique (Me acuerdo de un soldado palicoso y de una carne de conejo divina). Después del almuerzo, había que bailar con los soldados, que para eso éramos chicas casaderas y derrochábamos esa gracia y ese verbo con doble sentido aprendido después de un año de camaradería. Luego el rosario y la procesión y al final nos mandaban para casa a quitarnos los atuendos típicos para venir de calle al festival por la noche “porque actuaban Los Sabandeños”. Y el lunes tempranito… a barrer, por la tarde a servirle aceitunas y refrescos a los ancianitos y por la noche… el baile. Y el martes tempranito… a barrer y por la tarde la pelana y el baile hasta altas horas. Y el miércoles ya no tan tempranito… a barrer, y a jubilar las escobas que ya no daban más de sí.

 

Paso página.

 

Hace unos días estuve observando un grupo de mujeres de la comisión de fiestas de mi barrio que animadamente hacían flores de papel de todos los colores mientras despotricaban y hablaban de todo lo que se movía y lo que estaba quieto, mientras unas chicas más jóvenes, las proveedoras, colocaban el producto en alegres tiras. Después vi a una de ellas barriendo con una escoba y comenté con la bibliotecaria los años que hacía que no veía una escoba de éstas por aquel territorio y ciertamente algo se me ha alegrado en el interior, como si un tiempo añorado regresara para quedarse.

 

Ustedes dirán ¿a qué viene eso de “añorado”, si hoy todo es mejor? Los papeles vienen ya hechos y son plásticos, preparados para lluvia y sol y no destiñen; Nadie se levanta temprano a barrer porque papá Ayuntamiento te manda la barredora (cuando funcionan los trastos que heredamos, claro) con sólo mencionárselo a un concejal, el que sea; y para entretener a los soldados están preferiblemente la reina, la miss y toda su corte de honor, que son las chicas más guapas del lugar en ese año.

 

Y es que, desde hace algún tiempo, apenas al principio de mis años de concejala en la oposición, un día comentaba un compañero que la fiesta de tal barrio la llenaron por todas partes con la bandera del ayuntamiento porque claro, el presidente de la comisión era tal persona, simpatizante del alcalde socialista y había que reírle la gracia y no poner las banderas habituales. Luego comentaban que en otro barrio un simpatizante de CC, como era presidente, puso los papeles de la plaza de los colores de la bandera canaria. Después que no sé quién que era presidente de no sé qué fiesta los puso de rojo y todos a comentar a continuación que menos mal que siendo plásticos no se desteñían al mojarse… Y poco a poco, he ido observando que rara ha sido la fiesta a la que yo haya ido en la que no aparecieran los papeles y las banderas subliminalmente representando a un partido político y cosas por el estilo que hacen que la fiesta deje de ser algo inocente, sano y divertido para convertirse en una batalla política sin sentido. Lo que no sé es si los presidentes tienen en realidad tan arraigados los colores de este o aquel partido o es que hay alguien que anda por ahí moviendo los hilos invisibles de lo que no son sino simples marionetas. Pero ya luego el tema se ha venido extendiendo a algo más que los colores. También se observa en las formas y en algunos casos la politización de algunas fiestas llega a ser tan feroz que se llega a extremos de no razonar y actuar de forma incoherente y hasta patética.

 

Ejemplos horrorosos de no saber diferenciar la politización de la política y la fiesta y la diversión sana de todo lo otro son los últimos acontecimientos de este verano. Menos mal que yo cuando eso no estaba, aunque en los días previos podía fácilmente preverse el desastre, pues, con más retortijón de tripa que gozo en el alma, leí en un curioso documento cómo decía una concejalA miembrA de un partido político, que, metida a filóloga por obra y arte de algún espíritu kamikaze, nos ilustraba con consignas como que la palabra fiesta provenía del vocablo latino festum, dejando en su intelectual delirio tan boquiabierto a todo el barrio, que ella misma “no se dio cuenta” de que quien tenía que representar al ayuntamiento y al municipio en ese documento era, en definitiva, su alcalde y no ella. No conformes con esto, me contaron luego que los miembros de la comisión de fiestas se dieron a la enajenación mental de ignorar la presencia del alcalde en los actos para así "fastidiarlo porque como no les caía bien"…, como si el alcalde fuese la persona que está ahí sentada estoicamente hasta cuatro y cinco horas en un acto y no la noble institución a la que representa, como si sólo fuera el alcalde de unos pocos vecinos y no representase a todos los ciudadanos por quienes ha sido elegido democráticamente. Me hizo hasta gracia el otro día que, hablando con una concejala güimarera de la oposición, le comenté que alguna vez conocí a “tu alcalde”, a lo que me espetó “ése no es mi alcalde”. ¡Uff! Pues yo cuando estaba en la oposición sí tenía muy claro quién era mi alcalde y el de todos los ciudadanos de mi pueblo, hasta que las urnas dictaron otra cosa. Hoy por hoy mucha gente parece no tenerlo tan claro. Creo que nos debemos estar volviendo un poco locos para que la actitud de un vecino puede llegar a dejar en entredicho a todo un barrio y como mínimo y especialmente queden cagados todos los miembros de una comisión de fiestas que se pasan un año trabajando para conseguir fines tan patéticos como esta politización incoherente. (Por lo menos hoy por hoy ya tenemos a esta comisión como ejemplo de cómo no se deben hacer las cosas).

 

¿Y qué me dicen de meter a pregonero de una fiesta donde nunca antes había habido pregones a un señor venido de fuera simplemente porque es delegado del gobierno y representa a un partido? ¿No hay otras personas válidas que digan un pregón que no sean políticos? Resulta como un poco insólito, ¿no?

 

 

Pero me hace gracia sobre todo cuando por ejemplo al acabar la fiesta de 2008 no haya gente dispuesta que tome el relevo para hacer la fiesta del 2009 o del 2010 y, sin embargo, sorprendentemente, sí haya comisión para el 2011, y la excusa típica es que hay una promesa que cumplir y casualmente quien tiene la promesa que cumplir es, como no, "un destacado simpatizante". ¿Cómo le vas a negar a un vecino que cumpla una promesa? ¿Qué pasa? ¿Acaso el 2011 es año electoral y desde algún partido político se puede aprovechar para repartir votos en bolsas de basura el día de reflexión haciéndose pasar por una comisión de fiestas? Es increíble que exista la mezquindad hasta esos extremos, pero existe, vaya si existe. Conozco anécdotas tan sumamente sorprendentes como divertidas.

 

Y es que ya no es sólo la fiesta. Poco a poco he ido viendo cómo la politización ha ido ganando terreno en todas las facetas de la vida diaria de los ciudadanos que me rodean y me preocupa adónde irá a parar de seguir así. Vemos politización en las asociaciones de vecinos, en los clubes deportivos, hasta en las cafeterías. Allá donde va la gente va el fantasma de la politización siguiéndola como un estigma entrometido empeñado en colarse e impregnarlo todo con sus pringosas manos. Porque si hay algo nocivo en todo esto es que sin darnos cuenta cada vez más seremos dependientes de quien nos politiza. No nos servimos de la política para convertirnos en ciudadanos libres, sino la política se sirve de nosotros para esclavizarnos y hacernos pasar por situaciones bochornosas, que nos restan valía como personas.

 

Yo puedo decir que en ese sentido viví una época más libre y, aunque nací cuando Franco daba ya sus últimos estertores, no me crié en esa esclavitud que ahora funciona a mi alrededor, esa esclavitud que hace que muchos ciudadanos -de mi generación y mayores- estén de contino pendientes de transmitir con cualquier excusa mensajes políticos subliminales, o, en el caso contrario, que vean esta politización como cosa normal, no siendo capaces de captar detalles que pueden pasar desapercibidos para quien no los vea con ojos críticos. Así me pasó el otro día con un compañero, que me dice sinceramente convencido al ver la decoración de la plaza de un barrio: ¡Ay, Camy, qué bonitos los papeles! Sí, “la revolución naranja”, qué bonita, no te jode. ¿No ves que el presidente de la comisión es “simpatizante”?

 

Ya sé que a muchos les parecerá mal que yo lo diga, por aquello del cargo y esas boberías, pero soy consciente de que puedo ponerme en un punto de objetividad que a muchos en mi lugar les costaría asumir: La política es una cosa y la politización es otra bien diferente que mete todo lo que toca en una espiral de destrucción, de perniciosa dependencia, en un proceso corrosivo donde las personas son fácilmente manipulables. Francamente, tenemos que lograr que la política sea para los políticos y conseguir que las fiestas y otros eventos hoy tan vergonzosamente politizados sean ajenas a ello, organizadas por el pueblo, con o sin ayuda externa, pero de haberla, esa ayuda no debe ser el yugo de la politización que nos obligue a arrodillarnos ante ella y adorarla. Y debe ser la sociedad la que construya la política y no justamente a la inversa. Creo que nunca es tarde si lo que queremos es librar a nuestra sociedad de esa nefasta lacra que es la politización que nos rodea.

 

Por eso un sencillo gesto, que seguramente nadie a lo mejor lo percibió, fue ese que vi la otra tarde cuando las mujeres de la comisión de fiestas de mi barrio hacían flores de papel y mezclaban en la misma liña naranjas con violetas, verdes con amarillos, blancos con rosas en una alegre explosión de color y en ningún momento me pareció ver simulación de banderas subliminales. Me resulta agradable aunque sólo es un minúsculo pasito, un pequeño rayo de luz, porque de oscuridades… podríamos hablar.

 

21/08/2009 17:23. Autor: laotracamy. #. Tema: aquí otra vez No hay comentarios. Comentar.

Sí, es cierto, Rita, yo también recibo regalos

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Reconozco que no soy una persona materialista pero hoy me ha resultado un día muy gratificante en relación con algunas cosas materiales. No sé si la política tenga o no que ver como circunstancia, pero de no ser persona relacionada con ella, probablemente no estuviera escribiendo este artículo.

 

El otro día leía en un foro de opinión en que se discutían las afirmaciones de la alcaldesa de Valencia sobre si era o no verdad que los políticos reciben regalos y si se podía o no considerar corrupción. Leí las opiniones de varios participantes y había desde luego para todos los gustos.

 

Y sí. Declaro que hoy he recibido varios regalos y todos tienen relación conmigo como persona política, pero de ahí a ser considerado corrupción va un largo trecho…

 

En principio llegó para mí una carta del mejor profesor que haya tenido, el que más admiro, don Andrés Sánchez Robayna, con quien tuve que contactar recientemente para formar la comisión que evaluó la figura de nuestro nuevo Cronista Oficial. La carta contenía una sencilla separata de sus poemas con una dedicatoria escrita a mano para mí, que me dejó totalmente estupefacta; de hecho todavía estoy flotando del impacto. Tan sólo el gesto proveniente de una persona por mí tan admirada me produce una sensación especial (y a lo mejor se llama “corrupción”, no sé).

 

No acababa de salir del impacto cuando me llega una amiga y me regala un Margaret Astor auténtico de color fucsia, mi color favorito (tengo decenas de barras de labios y sólo uno es de la calidad de M.A.), y me cuenta que la razón es que simplemente se siente agradecida de que cada vez que viene a mí en busca de consejos encuentra una puerta abierta o un hombro donde llorar y en estos tiempos no son cosas fáciles de encontrar, supongo (me pregunto si a mis amigas les ha dado ahora por corromperme).

 

Más tarde llega mi querido Erik, cuya sola presencia ya es un regalo, pero que no venía solo, no, que me traía un CD con canciones de Chavela Vargas a quien últimamente le tengo cierta veneración (¿Será corrupción escuchar la voz cascada de tanto beber tequila de esta lesbiana legendaria? A lo mejor es hasta pecado y todo).

 

Al mismo tiempo mi querida Rubi, que venía desde La Orotava cargada con sus abrazotes y su alegría a enseñarme que obtuvo el Postgrado por la Universidad de Valencia y a llenar mi espacio, que hace las veces de despacho y punto de llegada de todo y de todos, y por eso físicamente estrecho, pero procuro completarlo hasta los topes de gente de la buena…

 

Y si a eso unimos que cuando llego a casa todo es armonía y encima encuentro que una vieja compañera de carrera de la que no sé hace décadas me ha agregado al Facebook nada más estrenarlo –primero a Cristina Valido y luego a mí, muy justa elección en el orden- y que sigue estando guapísima y estupenda… Pues va a ser que la dichosa alcaldesa de Valencia tiene razón entonces.

 

Pero todos esos… ejem… “regalos” tienen de especial una cosa. Las personas que me los hicieron, por quienes tengo especial devoción, no pensaron en su propio beneficio, sino en mí. Y el regalo en sí es lo que menos importa a alguien que no es materialista como yo. Es el gesto lo que me llena de emoción. Juzguen entonces si recibir regalos como éstos es corrupción, y si así fuera, que me lleven presa ahora mismo. ¿O es que acaso la alcaldesa de Valencia se referían a bolsas de basura llenas de dinero a cambio de licencias y recalificaciones urbanísticas o de puestitos y enchufes? Pues entonces están apañaos. Me parece que una palabra tan hermosa como “regalo” se ha pervertido hasta el extremo por absorber definiciones tan negativas y habrá que revisar esos diccionarios.

 

Pues nada, gracias a todos por hacerme la corrupta más feliz del mundo. Gracias a Dios también por hacer que el día de hoy sea para mí un verdadero regalo.

13/08/2009 20:24. Autor: laotracamy. #. Tema: aquí otra vez Hay 2 comentarios.

NECESITO UN HOMBRE

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A un compañero, Andrés, cuya fortaleza ahora admiro. Este texto es anterior a aquella convención de cargos públicos, en la que “si no lo veo, no lo creo”.

 

Andrés es un hombre. Andrés es “el hombre”, el “Hombre” con mayúsculas, el esperado, el deseado, el hombre soñado. Como su nombre indica Andrés es hombre, viril, valiente, ante todo masculino, con esa determinación que se espera del hombre valeroso, autosuficiente, guerrero, estratega…

 

Pero Andrés, bajo ese caparazón de impoluta mirada ingenua, alberga la duda y el asco. Todos los días se pregunta si lo que hace merece la pena, si todo el esfuerzo de tantos años de estudios brillantes tiene sentido para llegar al callejón sin salida en que ahora se encuentra. Se pregunta si por el maldito puñado de euros que lleva a casa cada primero de mes vale la pena malgastar sus amplios conocimientos y su valía, sus exquisitos modales y su sensibilidad sin límites.

 

Andrés se plantea constantemente su encrucijada de un solo camino con retorno a la nada. Andrés refleja en su dulce mirada clara la repulsa por la perversidad y la traición en la que se ve envuelto cada segundo y le cuesta fingir el desagrado que le produce haber tenido un pasado tan brillante para llegar a convertirse en un simple sicario, en un esbirro más, en un conspirador de tres al cuarto al que, por falta de práctica y por no tener una inclinación de pensamiento lo suficientemente vil, se le escapan burdos gazapos constantemente.

 

Andrés no sabe cómo ocultar a su familia el lodazal en el que naufraga su vida diaria. Sabe que ni sus padres ni su novia le perdonarían caer tan bajo después del esfuerzo y el esmero con que se ha educado en unos principios de honestidad, de lealtad que él no está cumpliendo, al menos no con todo el mundo… no con todo el mundo. Sus amigos tampoco entenderían adónde han ido a parar sus dotes de persona ejemplar.

 

A Andrés le crispa los nervios saberse el cuervo que le saca los ojos al amo y no se siente satisfecho y su garganta atenazada no profiere más que monosílabos adoloridos que salen de sus pulmones agarrotados por la angustia de una vileza que lo arrastra sin que pueda luchar  contracorriente. Andrés observa cómo día a día se va perdiendo su contacto con la vida normalmente ingenua que antes solía serle familiar y que ahora le resulta una desconocida.

 

Andrés cada noche se plantea cuánto tiempo más podrá aguantar este engaño y cada mañana, mientras anuda con pulcritud su corbata, simplemente, no se arma de valor, no hace honor al nombre que le pesa como una losa; ojalá pudiera llamarse cobarde y esconder la cola como un perro y echarse atrás y decir que no.

 

Andrés se culpa por no saber negarse, por ser bueno, por no ser valiente, por ser demasiado cómodo y por no buscar otra alternativa más llevadera y que le ocasione menos traumas. Andrés siente que su debilidad es infinitamente mayor cuanto más grande es la malevolencia que lo rodea, y siente, así lo dice la timidez de su mirada cabizbaja, que su sensibilidad se diluye y se evapora a pasos de gigante, dejando tras de sí un rictus de contrariedad y resignación.

 

Andrés “es justamente el hombre que necesito”.

 

02/08/2009 15:26. Autor: laotracamy. #. Tema: aquí otra vez No hay comentarios. Comentar.

El amor ni se crea ni se destruye. Simplemente se transforma.

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Es cierto que hace ya un buen par de meses que no actualizaba esta página, pero también en una ocasión un alumno de periodismo me dijo citando a una de sus profesoras que "cuando no ai nada ke escribir, lo mejor es no escribir nada". Siempre he sido rebelde pero nunca suficientemente radical como para seguir estas consignas al pie de la letra, porque reconozco que escribir es un placer infinito, casi orgásmico.

 

Buscando una excusa para no haberme entregado a este placer, y aun a la lujuria de escribir porque sí como siempre hago, me encuentro echando cuentas de todo lo sucedido en estos meses. Es cierto que he estado muy muy triste con los avatares desgraciados de mi vida personal, intentando arreglar lo inarreglable, escribiéndolo a trozos para conjurarlo y para no olvidarlo ni repetirlo jamás. También he tenido un par de accidentes con el coche, aparte de todos los rayones antes mencionados, que me han reafirmado en el título de conductora nefasta por el que se me conoce en el círculo de allegados; me he llevado un par de palos con la salud de la niña de mis ojos (niña de estatura y con un ojito vago); Lo que me he ido encontrando en la política local da para novelas de varios volúmenes y no hace falta ser ninguna lumbrera para escribirlas: a poco que escribas sin muchas faltas de ortografía, cualquiera puede hacerse con un best seller. Lo escribiré algún día si esta dulce amnesia no me gana la partida. ¿Acaso no está vendiendo libros como rosquillas la Esperanza Aguirre esa?

 

Pero no todo el chocolate es amargo, afortunadamente. También he hecho cosas muy gratas en mis ratos libres que no son muchos, como la edición de las coplas de los padres de Merce, que pronto verán la luz, espero; las actividades que se organizaron del APA este año gustaron a grandes y chicos y parece que empezamos a resurgir por fin; la puesta en escena de nuestra obra de títeres “Farsa y justicia del corregidor” en Icod y en el Teatro La Granja de Santa Cruz (una pena que no se haya sabido publicitar y nuestro esfuerzo fuera en balde. Me conformaré con la carta de recomendación que recibí como diploma y las caritas de emoción de mis niñas y la satisfacción de haber compartido este tiempo con mis compañeros de reparto), la corrección de parte de la tesis de mi querida y añorada Rubi (Pitu, cómo te echo de menos, preciosa), que espero sinceramente que llegue a buen puerto; Comencé y guardé por ahí un esbozo de estudio lingüístico de los fitotopónimos en Icod, escrito bajo sospecha de deslealtad conyugal, y sobre todo he invertido mucho tiempo en revivir y restaurar una amistad que creí destruida por los avatares desgraciados de mi vida personal y que es lo que más me ha costado en todo este tiempo, pues en ocasiones es preferible derrumbar un edificio y construirlo nuevo que remendar uno antiguo. Pero por suerte estamos en la era del gusto por la recuperación de las cosas antiguas y, por ejemplo, lejos de querer heredar riquezas de mis antepasados, ahí en el pasillo descansa la famosa maleta que mi abuelo llevó a la guerra y el cuadro de la virgen del Carmen que tenía mi abuela en su dormitorio, esperando que una mano paciente y cariñosa les devuelva el lejano brillo que alguna vez tuvieron para ocupar algún rincón de mis futuros planes y lo haré en cuanto halle un ratito. Con eso me conformo.

 

Dice un proverbio anónimo que cuentes tu vida por las sonrisas, no por las lágrimas y que cuentes tu edad por tus amigos y no por tus años. Debería haberle hecho caso, porque todas éstas son cosas y cosas que podrían ser objeto de ríos de tinta si quisiera convertirlos en tales, pero he estado muy ocupada compadeciéndome -que es lo peor que puede hacerse cuando se está herida-, que no he reparado en que alguien pudiera querer seguir leyendo mis escritos por malos que sean. Ese anónimo que leí ayer en un cierto periódico digital que consigue no sé cómo combinar noticias serias con la pura carroña cotidiana, probablemente ilegal, y que decía que soy una “periodista o escritora frustrada” no va a ser un atentado contra mi autoestima, que bastante que me ha costado agenciármela. Ya lo dije una vez y lo repito: Hay miles de sitios en internet. Al que no le guste venir a leer el mío que busque otro, mejor o peor. Hay libertad para ello. En serio.

 

Ni soy periodista ni lo pretendo, ni soy escritora ni lo pretendo… por lo tanto de ninguna de las dos cosas puedo estar frustrada. Cuando elegí mi profesión fue como un flechazo con un nuevo amor tras unos años de matrimonio sin sentido. Ahora estoy plenamente enamorada de ella y sólo sueño con el momento de reencontrarme plenamente y seguir viviendo en luna de miel para siempre. Y no cambio este gran amor por ninguno.

 

Aunque… no siendo periodista ni escritora, el otro día revisando mi disco duro, que es como una bomba de relojería, encontré estas líneas que un día esgrimí en un documento en blanco y que, releyendo al azar, me resultaron curiosas. Algún día las usaré para escribir algo más amplio y superar así esa supuesta frustración. Les dejo con ellas:

 

 

Son las cinco de la mañana y me levanto a oscuras sintiendo que me quema la vejiga. Necesito urgentemente ir al váter. En la oscuridad mis pies descalzos tropiezan con un objeto atravesado en el pasillo. Maldigo en voz alta y a tientas busco el interruptor de la luz. No podía ser otra cosa que uno de sus enormes zapatos de plataforma. Hay lentejuelas y restos de purpurina desparramados por todo el suelo, ¡maldito cabrón! ¡Hijoputa el niñato este! Con lo que me costó limpiar el piso… Miguel, maricón de mierda, ¿dónde te metes?, grito, mientras camino el largo pasillo en cuyo extremo está el retrete. Tirada en la entrada, su capa de raso verde. Le doy una patada y la retiro de mi camino para no volver a tropezarme. Miguel, ¿qué te pasa? Allí, de rodillas, con la cabeza literalmente empotrada en el váter, está Miguel, mi compañero, mi amor, mi niño amado, con sus pelos de pincho engominados y teñidos de fucsia y purpurina tornasolada, con el torso medio desnudo, cubierto por una suerte de collar de plumas verdes y rosadas. Su espalda está muy maltratada de cardenales y magulladuras con restos de sangre seca. Sus hermosas nalgas rasuradas, todavía con las tangas rojas, están amoratadas aquí y allá. Miguel, ¿Qué te pasa, Miguel? Hago por alzarle la cabeza para contemplar su rostro, pero como está vomitando, espero unos minutos. Él mismo decide mirarme, lentamente. Debajo de toda esa mano de pintura de fantasía descubro su ojo derecho, hinchado, con el blanco sanguinolento. Su nariz sangra y probablemente esté rota. Se nota sin hacer grandes esfuerzos que ha estado llorando por los evidentes caminos de pintura que discurren mejilla abajo haciendo un fanguizal de toda su siempre angelical superficie. ¿Qué te ha pasado, Miguel? Me quedo allí de pie, mirándolo boquiabierto… un hilo acuoso que no puedo evitar cae desde mis calzoncillos. Me estoy meando sin remedio. Te estás meando, atina a decirme sin dejar de sollozar. Mi angelote hermoso, ¿Qué te hicieron? ¿Quién fue el hijoputa que te hizo esto?

 

Durante los últimos años de la secundaria me enamoré (sí, esa es la palabra correcta) de aquel hermoso compañero de clase: Miguel, un cachas buenorro, con sus ojos almendrados color miel, su perfil de Adonis griego, sus labios carnosos, el pelo negro, largo y cuidadísimo cayéndole sobre la espalda; el cuerpo fibroso, bien definido, con sus piernas de futbolista, el trasero redondo y una más que apetecible delantera que me hacía salivar como un toro en celo. Pasaba horas contemplándolo como cordero degollado durante la clase de Educación Física, mientras el pantalón corto me regalaba la vista gentilmente con sus encantos y el polo blanco, sudado, se pegaba a su pecho alegrándome el ojillo; verlo correr tras la pelota era por entonces el mejor premio a mi sacrificada contemplación. Hasta que un día al final de un partido de fútbol decidí declararle mi amor y allí, en las duchas, mientras se perfumaba llevando un minúsculo bóxer blanco por toda indumentaria, le lancé un beso al aire y me guiñó un ojo por respuesta y fue ahí cuando decidí salir del armario y presentarme frente el mundo para devorarlo junto a Miguel y conocer con él los miles de placeres sólo para entendidos que se ocultan bajo las sábanas…

 

21/07/2009 18:39. Autor: laotracamy. #. Tema: aquí otra vez No hay comentarios. Comentar.

¿Gallinas negras muertas a la puerta de mi casa? No, qué va, pero...: Camy en el país de los anónimos

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Era lunes por la mañana. Apenas las nueve. Recién me estaba levantando para ir a desayunar al buffet cuando comprobé que alguien había averiguado más cosas sobre mi vida. Y es algo que me empieza a preocupar, que simplemente por ser un cargo público, tenga que ser el blanco de la mala leche y la envidia (¿?) de gente ruin que, contra los principios de la democracia, piensa que todos sus males se deben a que gobierna un partido que probablemente no es el suyo. Doy por hecho que son razones políticas porque mi vida personal es de lo más normal y no suelo hacer enemigos con facilidad. Por esas razones, en cuestión de tres semanas mi pobre coche recibió tres rayones en ambas puertas estando aparcado por fuera de mi propia casa. Anteriormente me lo rayaron en el mismo sitio sólo 48 horas después de sacarlo recién pintado del taller. Para consolarme, algunos policías a quienes les he comentado el extraño caso me han dicho que eso es normal cuando tienes un cargo así, que a ellos también les pasa, que la gente coge rabia sin más y les raya vehículos particulares sólo por hacer su trabajo, porque bien mirado alguien tendrá que hacer el trabajo sucio de poner multas y esas cosas, porque de lo contrario esto puede acabar como Jauja. ¿O es que alguien cree que a un policía le gusta poner multas para fastidiar a la gente, porque sí? ¿O que un político tiene ganas de ser blanco de envidias o su coche chivo expiatorio de las rabietas de la gente?

 

 Es raro, seguramente, que un cargo público, con la “influencia” que se le supone a tal, tenga miedo, o no sé cómo se puede llamar a esta inquietud de que las cosas puedan ir a más si no hago algo por detenerlas. Porque parece que las cosas terribles y de calado suceden sólo en el País Vasco, pero no en un pueblo perdido en el norte de una isla en el medio del Océano Atlántico. Sólo en el País Vasco, donde los cargos públicos salen a la calle acompañados de escoltas con gafas de sol oscuras, pinganillo camuflado en la oreja y una 9mm parabellum oculta bajo la americana negra, pero no en Icod, donde nunca suceden cosas más allá de manifestaciones de varios miles de trabajadores que se quedan sin trabajo porque las empresas que los empleaban están precintadas por el juzgado por delitos medioambientales, que no por falta de licencia.

 

Las nueve de la mañana del lunes en Breña Baja. Las niñas revoloteando por el apartamento a la caza y captura de la camiseta de asillas y el pantalón corto que a regañadientes cubra sus cuerpecitos de un sol ya inclemente a esa hora tan temprana, cuando me suena el móvil no sé por cuál de las dos líneas que alberga la tarjeta dual, si la privada o la corporativa. Es una voz de mujer, tal vez fingida (porque imposible que una mujer con la mente sana hable con una voz tan guanaja, como de demente o de borracha), que dice con acento canario: “¿Ya te cagaste por las patas pa abajo, puta?”. Tan canario, tan nuestro, que sólo me resta añadir con asombro lo de “¡Ños, qué precio!”.

 

No reconozco a la propietaria de esa ridícula voz, aunque es la misma que la semana anterior, también lunes a primera hora, me llamó a mi despacho y me dijo: “¿Ya te levantastes, puta?”, por lo que anduve preguntándole al electricista del ayuntamiento las razones para que una llamada no reflejara en la pantalla el número sino la palabra “exterior” y éste me comentó que es normal, que puede ser un número ocultado aposta. Que no le dé mayor importancia.

 

Como para no dársela… Cuando las cosas se convierten en costumbre, no puedo por menos que inquietarme. Una vez puede ser casualidad: alguien sin fundamento puede tener ganas de jugar a gastar bromas un lunes a primera hora, pero cuando ya averiguan mi número de móvil y tienen la calma de reincidir a la semana siguiente es para preocuparse seriamente.

 

Lo que me llama de veras la atención de esta interlocutora imprudente es la forma chapucera y poco inteligente de hacer las cosas. Y no sin cierta razón y no por ofender, dije lo de “guanaja”, “demente” o “borracha”, porque díganme a ver… ¿a quién se le ocurre hacerme una llamada anónima desde un teléfono fijo, de Icod para más señas, a mi móvil, cuando si hay chivatos eficaces hoy en día, ésos son los móviles precisamente? ¿Es que alguien todavía no se ha enterado de la eficacia de un móvil?

 

Pues sí. El susodicho número para mi sorpresa quedó grabado en la pantalla de mi móvil y me temo que no tardaré en descubrir quién se ha ensañado conmigo sin más motivo que el simple hecho de ser cargo público, quién me llama para insultarme cada lunes a primera hora y quién me raya el coche injustamente. Y no sé por qué tengo la sensación de que está más cerca de lo que imagino: porque en el país de los anónimos somos pocos y todos nos conocemos...

 

21/07/2009 23:35. Autor: laotracamy. #. Tema: aquí otra vez Hay 2 comentarios.

Una sensación grandiosa

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Este pasado viernes 17 de abril asistimos en el Centro Cultural de Guía de Isora a la apertura de una nueva exposición de Erik Cichosz. Allí pude coincidir con Ro, mi ex-compañera de trabajo y ex-concejala de cultura, que me contó que los que fueron mis alumnos de Español para extranjeros habían preguntado por mí en varias ocasiones. Yo también los echo de menos.

Allí estuvieron también Gloria Esther y Cely. Sobraban las presentaciones, porque era como si las conociera de mucho tiempo atrás aunque nunca las había visto en persona. Por supuesto, Carlos Silva, en cuya compañía da gusto disfrutar de la visión de un cuadro, que se atrevió a darme el gusto de un capricho, girar por unos minutos The Flying Gropper para ver el efecto que tanto me atrae. Cely, Gloria, Carlos y yo, los cuatro aparecíamos de vecinos en un panel de retratos y el hecho de ver allí un cuadro llamado "retrato de Camy Domínguez, con pañuelo rojo" es una sensación tan extrañamente grandiosa que no la puedo explicar.

Esta exposición permanecerá abierta hasta el 10 de mayo de 16 a 22 horas, así que están a tiempo de disfrutarla.

19/04/2009 20:27. Autor: laotracamy. #. Tema: aquí otra vez Hay 2 comentarios.

De la intoxicación por anonimato

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El otro día, mientras esperaba en el vestíbulo del ayuntamiento a una compañera para salir a desayunar, vi en el mostrador un único ejemplar de la revista Tangentes, puesto que se habían evaporado el montón de ellas que tan amablemente como siempre nos proporcionó la amiga Silvina Ruiz, directora de esta excelente publicación. La hojeé por encima y ojeé, también por encima, un artículo que logró captar mi atención. Seguí leyéndolo con cierto interés hasta que le eché la vista a quien firmaba el artículo. “Oooh”, me dije. En esto que llegó mi compañera, me llevé conmigo la revista para enseñársela a Ari porque consideré que era buen tema para comentarlo entre mordisco y mordisco del exquisito sándwich de carne mechada del Chinea.

 

Cuando regresé al ayuntamiento le pregunté a Jesús si todavía en Ventanilla quedaban más ejemplares de esta revista y me subió uno para la colección, así podría quedarme con éste para mí sola.

 

Un inciso: Aprovecho que nombro a Jesús para decirles que Jesús León es un máquina y tiene una página nueva, en este caso un blog, de Icod de los Vinos. Pásense y echen un vistazo a La Ciudad del Drago

 

Pues bien. Volví a releer el artículo y pensé copiarlo íntegramente y republicarlo en cuanto tuviera un rato. Y heme aquí con un rato, dando cabeceaduras por haberme acostado casi a las 6 de la mañana después de una Fiesta de las Tradiciones que dicen que dice el boca a boca popular que estuvo tan pésimo como nunca desde su primera edición en el año 1997, pero yo no creo que sea para tanto, y si así fuera, pues otro día intentaremos entre todos que sea mejor. Yo particularmente, es que fui a divertirme y me divertí. Soy incapaz de comparar la diversión de un año con la de los años anteriores porque el aparato de medir diversiones todavía no me lo he comprado, y creo que no me lo compraría aunque lo bajasen de precio.

 

Pensando en copiar letra por letra y palabra por palabra el susodicho artículo, se me hizo pesado el tema y pensé: “El señor García no habrá desaprovechado tan excelente escrito. Seguro que está en internet”. Tecleo en el Google el nombre del señor y el título del artículo: “salvador garcia llanos anonimato y mensajes”. Y “ooooh”, me cae una sorpresa inimaginable pero, por otra parte, lógica, puesto que el señor García Llanos, delegado del gobierno en Canarias y ex alcalde del Puerto de la Cruz, me enteré hace poco de que se dedicaba al periodismo, y por aquello de que “todo dios tiene un blog”, el señor García no iba a ser menos. Y en su blog (García en blog) este pasado lunes colgó el artículo que aparecía en Tangentes. A continuación reproduzco íntegro el artículo de don Salvador García Llanos titulado “Anonimato y mensajes”:

 

"ANONIMATO Y MENSAJES

Los hay de todo tipo. En foros de diarios digitales, en programas televisivos. En la inmensa mayoría de los casos, anónimos y nombres supuestos o falsos. También seudónimos. La empresa propietaria o editora lo explicita: no se hace responsable de las opiniones, de los contenidos que aparecen.


Y claro, así las cosas, desde el anonimato es fácil insultar, vejar, injuriar y calumniar. Porque hay una sensación de impunidad absoluta. ¿Quién se va a preocupar de identificar? ¿Quién se mete en pleitos judiciales? ¿Quién, siendo destinatario de los improperios, está dispuesto a que sus representantes legales se pierdan en procedimientos que, entre otras cosas, van a contar con una dificultad inicial muy importante como es la casi segura imposibilidad de disponer de los elementos de prueba?

En algunas emisoras locales de televisión, el asunto desborda todos los límites imaginables. Es facilísimo atribuir un hecho a alguien que no lo realizó. Es moneda corriente calificar como delincuente, con nombre y apellidos, a quien ni siquiera está denunciado. Y claro, si los propietarios de la emisora o algunos telepredicadores a sus órdenes, recibiendo instrucciones, fomentan con un lenguaje tabernario a los espectadores y les incitan, pues el resultado es el que fácilmente se imaginan. Encima, muy prestos y diligentes, invocarán la libertad de expresión.

Hay que regular, dirá el lector, y en esas se está, aunque no será fácil. Por los vacíos legales y por la inmensidad del universo mediático y cibernético. Al tratar la evolución de la comunicación en nuestro modelo constitucional en ocasión del 30 aniversario de la Cartamagna, ya advertimos que Internet cuenta con una capacidad incontrolada de difusión que lo convierte en una herramienta potentísima a la hora de difundir tanto las noticias como los bulos, las adulaciones, los infundios y las injurias. O sea, una auténtica perversión. Y como los daños de opinión nunca pueden ser reparados pues… más difícil todavía.

En lo que concierne a los comentarios o frases de los lectores y telespectadores, la cantidad de mentiras, acusaciones e injurias que se vierte es inversamente proporcional a cualquier acción legal que no suponga, como quedó dicho, un camino muy tortuoso pues los autores no tienen la necesidad de identificarse y el medio no se hace responsable.La lucha contra el anonimato es uno de los valores en el ejercicio del buen periodismo. Ninguna opinión debe ser admitida en una redacción o en un programa cara al público si no se sabe quién la ha enviado, al igual que las cartas al director, a las que incluso se les corrige las faltas de ortografía.

Por eso, cabe reafirmarse: el periodismo, como cualquier otra profesión, lleva aparejado unas obligaciones éticas. Periodismo es verificación, contraste de fuentes, capacidad de relacionar los antecedentes con las consecuencias, dar oportunidad de defenderse… Hay que hacer todos los esfuerzos posibles por recuperar esos valores.Lo demás es zaherir, bazofia, abuso, materia deleznable. Así que si usted se ve afectado por uno de esos mensajes anónimos, déjelo, no haga caso, salvo que sea una cuestión de honor y ahí sí es verdad que se respeta la iniciativa. Pero siga el consejo: ni lo comente con sus íntimos. Que se evapore. Que pase al territorio del olvido. Y que con su pan se lo coman los desalmados.

(Publicado en el número 11, abril, de la revista TANGENTES)"

 

Hasta ahí el artículo del señor García Llanos. No voy a valorar el artículo por más que en un momento me apeteció decirle “Está bueno éste. Di a los tuyos que se dejen de mensajitos”, pues es clara y notoria la cruzada contra los nuestros y que ha sido corroborada en un estudio de televisión por un compañero que presencia cómo los sms con insultos hacia mi partido vienen únicamente desde dos o tres números de móvil diferentes que envían durante todo un programa un bombardeo de mensajes todos insultantes. También hay quienes se quejan de que sus mensajes no salen en antena o no se publican porque molestan a los dueños del medio o a quienes les pagan.

 

¿Nunca se han preguntado por qué solamente se insulta a unos y a otros no? ¿Somos nosotros acaso más tontos por no ponernos a la altura de ellos enviándoles mensajes de contraataque?

 

Creo que, independientemente de las ideas políticas de don Salvador, tengo que reconocer que su consejo resulta increíblemente útil. Encima que un medio (y todos sabemos de qué “medios” hablo) permite que se insulte a la gente cayendo en la peor de las bajezas, como es la complicidad en destruir impunemente el honor de las personas, no le vamos permitir tontamente que se enriquezca -porque a euro el mensaje, 30 mensajes son 30 euros-, a costa de nuestras ganas de despotricar o de nuestra impotencia o cobardía por no poder decir las cosas a la cara. Los habituados a mandar mensajitos dirán “sí, pero yo me quedo más a gusto diciéndole cuatro cosas”. Y yo pregunto: ¿y no se quedaría usted más a gusto si las dijese a la cara, de frente, o es tan cobarde como para no permitirse ese gustazo? ¿Por qué permite usted que se aprovechen de su ingenuidad o no es consciente de que alguien cobra para que usted dé rienda suelta a sus ganas de mandar mensajitos insultantes?

 

Definitivamente sale más barato decir las cosas a la cara y los efectos de la catarsis que produce son más duraderos y más exquisitos sus recuerdos. ¿O no?

19/04/2009 18:54. Autor: laotracamy. #. Tema: aquí otra vez No hay comentarios. Comentar.

El día después del viernes santo, sábado de resurrección

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Puedo asegurar que no me he muerto, aunque ya quisieran algunos que por lo menos cerrara el pico. Pero sigo aquí porque soy fuerte y porque nunca he creído que haya algo que yo no sea capaz de superar. Hace dos días, el viernes santo, en lo que veíamos la maniobra de salida de santos a la calle para la procesión magna y, con la misma, cuando cayeron unas gotas de agua, la maniobra apresurada de entrada de santos a la iglesia (alabada sea la cordura, habida cuenta del valioso patrimonio que estábamos sacando a la calle), el amigo Ismael me preguntó un par de veces que qué pasaba con mis blogs, que si ya no escribo.

 

En realidad, ampliándole la respuesta a este amigo, diré que tengo varias cosas comenzadas y ninguna acabada. De hecho, hacía tiempo que no pasaba por aquí. Después de que una vez dijo un célebre icodense que “todo dios tiene un blog” y hasta los más criticadores se han hecho con un ejemplar y algunos blogs incluso son verdaderos granos en el culo (véase el de la compañera Dulce, cuya valentía y franqueza admiro) y otros bastante incendiarios y barriobajeros (me ahorraré ejemplos), me he dado cuenta de que, como no sea para dar caña, el fenómeno blog ya no me parece esa gran cosota ni me resulta tan tentador, quiero decir que después de varios años en esto, ya no me siento como niño con juguete nuevo con mis blogs, por más que últimamente he tenido en la mira cientos de temas sobre los que escribir, de lo más jugosos, porque las cosas que han pasado por mis manos recientemente ya las quisieran para sí algunos que yo me sé. Supongo que es una consecuencia de esa personalidad inquieta que algunos me achacan, o como decía mi madre “desinquieta”, que no significa ‘lo contrario de inquieta’ sino ‘más inquieta que inquieta’.

 

Siento que tanta desinquietud tiene que tomarse un respiro de vez en cuando para no volverse insoportable. Como vengo haciendo cada semana santa desde hace varios años -antes de dedicarme a la política también no sea que me critiquen por excesos de nueva rica-, estos últimos días estuve fuera de Icod, para variar. No suelo ser de mucha vacación yo, porque como no sea dosificada, me sale la vena hiperactiva, me aburro y me vuelvo muy insufrible, pero después de todo lo que me ha pasado últimamente: de una separación matrimonial fulminante, del intento descomunal de una vuelta a una normalidad forzada y de una tristeza infinitamente desoladora, cosa que jamás soñé que pudiera ocurrirme a mí, me sentía tan sin fuerzas y sin ganas de nada… Hasta sentía que con toda esta espiral de locura estaba largando a la deriva lo mejor que tengo en este mundo, o sea, a mis queridas niñas, que son en definitiva quienes sufren cuando yo sufro. Así que nos fuimos sólo cinco días para una casita preciosa perdida por esos sures, donde no se oía ni un perro ladrar por las noches. Me pareció que ya está bueno de salir de la isla cuando desconozco algunos maravillosos rincones de ésta donde vivo. Total, que llegué a la conclusión de que se puede estar aislado en esta isla y de que estoy enamorada perdidamente del suelo donde piso.

 

Allí ni había nada que hacer realmente, ni cobertura para el móvil ni internet, así que casi me alejé del mundanal ruido. Y aunque me llevé el ordenador portátil, porque lo hago siempre, no me dio por escribir ni una letra para ustedes ni para mí misma. Eso sí. Me leí Cosmofobia, de mi escritora preferida, Lucía Etxebarría, y me vi Hable con ella, de mi director preferido, Almodóvar, que la tenía por ahí en el disco duro pirateada desde el año de Maricastaña. Me dediqué a hacer lo que me encanta: pensar, cocinar, hacer bisutería, pasear por sitios que conocí hace mucho y observar sus cambios, estar con mis niñas y tomar casi nada de sol, que, por más que el clima de sur sea tentador, me cuesta admitir que soy alérgica y ahora lamento no poder someterme a su agradable caricia.

 

A no ser por una llamada aguafiestas de mi compañera Lourdes que recibí un día acabando de almorzar en Güímar, me pareció que el mundo se había olvidado de mi existencia pero no había sido así. El mundanal ruido seguía en su sitio, como siempre. Cuando volví a Icod el jueves por la mañana lo encontré tan animado: un par de policías regulando el tráfico en el Mercadona de la Avenida Príncipe de España, porque los coches ya ni cabían en el aparcamiento y luego decenas de personas en cola comprando pan y bollería en la panadería de El Calvario, y eso que dicen no sé qué de una crisis. Al llegar a casa, me encontré otro malvado regalito en mi coche, similar al de la mañana que me fui: alguien con una llave había rayado la otra puerta de mi pobre coche que no tiene culpa de nada: ya casi he perdido la cuenta de la tortura, pero dos arañazos en cinco días y cuatro pintados completos en dos años y medio es un currículum tan extenso para un coche tan pequeño… ¡Cuánta maldad nos rodea!

 

Y ayer para desestresarme me fui a ese parque de atracciones que tanto escándalo ha generado y que al final han llegado a la conclusión de que cosas como ésta no son tan malas porque le dan vida al pueblo durante unos pocos días. Después de ver a las niñas pasárselo genial en atracciones a su medida, me dicen de subir a la noria. Dudé un segundo. Pero soy un poco impulsiva y no dije que no. La noria estaba en plena faena y Vax estaba desesperado porque la tarde se nos iba rápidamente, así que decidimos otra atracción que estuviera a punto de iniciar y le dio por el suicidio repentinamente. Así que me subí a la uve, así, sin planteármelo dos veces. ¡Aaaaaaaaah! Jajajaj La risa floja y nerviosa de quien se deja llevar por las circunstancias sin luchar. Vax no quiso acompañarnos a subir a la noria y yo, por más que tenía invitaciones de sobra para repetir, consideré que subirse dos veces en la uve el mismo día es cosa de masoquistas.

 

Bueno. Y ya con las heridas cubiertas y el alma sosegada, creo que estoy lista para empezar otro ciclo, para superar otra espiral.

 

No sé, Ismael, si con esto he contestado un poco a tu pregunta, pero gracias por el interés con que sigues mis blogs.

12/04/2009 16:41. Autor: laotracamy. #. Tema: aquí otra vez No hay comentarios. Comentar.

Descubriendo otros universos

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En algún rincón de nuestro universo íntimo somos eternamente niños… Gracias, Erik

 

Hoy tengo la suerte de tener en mis manos uno de los 300 ejemplares que Ediciones Alternativas lanzó hace un año del cuento infantil “La Ciudad de las Moscas”. Se trata de una exquisita composición donde se suma el tierno realismo de las ilustraciones con el mundo de los animales visto desde una perspectiva infantil que observa lo que sucede en el entorno de una granja donde los animales son interpretados como presos bajo una gran nube de moscas, que dan lugar al nombre de la granja como “la ciudad de las moscas”

 

“La Ciudad de las Moscas” es la primera historia literaria escrita e ilustrada por Gloria Esther Rodríguez Rodríguez, artista palmera. Aparecen en este pequeño cuento expresiones y palabras de nuestra habla canaria y escenas que me recuerdan a mi propia infancia.

15/02/2009 16:30. Autor: laotracamy. #. Tema: aquí otra vez No hay comentarios. Comentar.

Una hermosa canción

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Bendito el lugar y el motivo de estar ahí
bendita la coincidencia.
Bendito el reloj que nos puso puntual
ahí bendita sea tu presencia.
Bendito Dios por encontrarnos en el camino
y de quitarme esta soledad de mi destino.

Bendita la luz,
bendita la luz de tu mirada
bendita la luz,
bendita la luz de tu mirada
desde el alma.

Benditos ojos que me esquivaban,
simulaban desdén que me ignoraba
y de repente sostienes la mirada.
Bendito Dios por encontrarnos
en el camino y de quitarme
esta soledad de mi destino.

Bendita la luz,
bendita la luz de tu mirada
bendita la luz,
bendita la luz de tu mirada, oh.

Gloria divina de esta suerte,
del buen tino,
de encontrarte justo ahí,
en medio del camino.
Gloria al cielo de encontrarte ahora,
llevarte mi soledad
y coincidir en mi destino,
en el mismo destino.
Épale

Bendita la luz,
bendita la luz de tu mirada
bendita la luz,
bendita la luz de tu mirada.

Bendita mirada, oh,
bendita mirada desde el alma.
Tu mirada, oh oh,
bendita, bendita,
bendita mirada,
bendita tu alma y bendita tu luz.
Tu mirada, oh oh.
Oh oh, te digo es tan bendita
tu luz amor.
Y tu mirada oh, oh.
Bendito el reloj y bendito el lugar,
benditos tus besos cerquita del mar.
Y tu mirada, oh, oh.
Amor amor, qué bendita tu mirada,
tu mirada amor.

11/01/2009 18:18. Autor: laotracamy. #. Tema: aquí otra vez Hay 2 comentarios.

Erik Cichosz: una exposición virtual

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Los admiradores de Erik Cichosz estamos de suerte. Mi buen amigo tiene un lugar en la red, un canal en Youtube donde poco a poco ha venido colgando vídeos de sus obras para dárnoslas a conocer virtualmente a través de las nuevas tecnologías. Aunque nunca es la obra de arte tan hermosa como apreciada en vivo y en directo, ésta es, sin embargo, una oportunidad para un primer acercamiento y sobre todo para aquellos que no tienen la suerte de tenerla tan cerca. Les invito a conocer y seguir el canal de Erik, pero sobre todo a que se animen a visitar la muestra de murales tradicionales canarios que hacen irrepetibles las paredes del Parking El Drago, en la Plaza de América.

Gracias, Erik, por ese cariño que has puesto en Icod. Es uno de tantos motivos para que me sienta orgullosa de pertenecer a esta tierra.

Les pongo a continuación una muestra de uno de esos vídeos, que incluye mi cuadro, el del mero volador ("The flying gropper"), puesto "del revés" Guiño. Lo mío son ganas de llevarle la contraria al artista de cuya mano salieron estas suaves tonalidades... ¡cabezota que es una! 

06/01/2009 15:11. Autor: laotracamy. #. Tema: aquí otra vez No hay comentarios. Comentar.

Candelaria y un telón negro

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Estoy convencida de que la mejor manera de no olvidar las cosas es escribiéndolas. Últimamente me he dado cuenta de que muchas cosas se me olvidan con facilidad, si no fuera porque apunto todo y voy dejando un rastro de anotaciones por todos lados.

 

Hoy vi a Candelaria. Intentaba aparcar cuando mi coche se aproximó al suyo y frené para que pudiera maniobrar tranquilamente en medio de la calle e introducir su coche en el garaje. La observé cuando se bajó para abrir la puerta del edificio. Está muy delgada, con muy buen tipo, elegante. Su pelo de un rubio muñeca, muy artificial, la piel hiperblanca de la papada le formaba una arruga sostenida sobre el cuello alto de su suéter. Bajé el volumen de la música y les conté a mis niñas una anécdota que recuerdo con mucho cariño, mientras Candelaria se tomaba su tiempo, ajena por completo a mi pensamiento:

 

Cuando yo estaba en 6º de EGB en el Nicolás, Candelaria se sentaba conmigo en la clase de Inglés. Era mi primer año de esa materia y desde el primer momento me dediqué a cosechar sobresalientes. El maestro, don Domingo, nos ponía tarea para hacer en clase y ya estaba al tanto de que Candelaria era asidua copiando de mi cuaderno, por lo que, de vez en cuando, nos echaba un ojito disimuladamente. Por entonces ya yo era un poco más autónoma y comenzaba a dejarme la melena larga, cosa que no se me había permitido de pequeña, porque con una prole tan seguida –tres en cinco años- desenredar un pelo enmarañado como el mío era fuerte lío a la hora de alistarnos para salir, por lo que mi madre optaba por cortármelo cada vez que le estorbaba.

 

Un día hacía yo la tarea de Inglés con toda la largura de mi pelo extendida haciendo de telón a una Candelaria que esperaba impaciente para ver la escena de mi ejercicio terminado y deleitarse “cogiendo recortes” del mismo. Ni corta ni perezosa, Candelaria se aventuró a servirse ella misma y abrió con sus blancos deditos mi melena por la mitad, metió el hociquillo y empezó a copiar. Don Domingo que la traba, dice en voz alta “Candelaria, parece mentira, siempre estás abriendo la cortina”.

 

Es curioso. Cada vez que me encuentro a don Domingo o a Candelaria, me viene a la memoria esta sencilla anécdota, por mucho que pasen los años. Me pregunto por qué razón permanecerá ahí, después de casi treinta años, si estoy segura de que ninguno de ellos me recuerda ya.

31/12/2008 19:09. Autor: laotracamy. #. Tema: aquí otra vez No hay comentarios. Comentar.

Feliz año 2009

A todos aquellos que me quieren y me respetan pero también a los que no, que tengan un año 2009 lleno de deseos hechos realidad.

 

31/12/2008 18:08. Autor: laotracamy. #. Tema: aquí otra vez No hay comentarios. Comentar.

Pongo una variación de un poema que me gustó de Carlos Gargallo

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Sé justo

El solo hecho de que una persona no sea de tu agrado no quiere decir que siempre esté equivocada o que sea mala gente, o que todo lo haga mal. Esa persona con quien no congenias no necesariamente es torpe ni está siempre equivocada sólo porque no es tu amigo o por que no está de acuerdo contigo. ¿Eres suficientemente justo con los demás como para esperar que ellos lo sean contigo?

 

16/12/2008 21:45. Autor: laotracamy. #. Tema: aquí otra vez Hay 1 comentario.

Sin acritud: ¡¡Ahhh!! Esto también estaba en internet...

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Como una tiene también el grado de investigadora, ahí les dejo un enlacito para curiosos...

Arafo libertad de expresión:
http://arafolibre.blogspot.com/search/label/F%C3%A9lix%20Rojas

¡Increíble pero cierto! Nada... ¡Bienhallado!

16/12/2008 18:10. Autor: laotracamy. #. Tema: aquí otra vez Hay 2 comentarios.

La verdad absoluta no existe

20081130205528-convince-confuse.jpgBuscar la verdad es un sinsentido; es como nadar sin ver la orilla

Comentaba el otro día con una técnica del ayuntamiento que evidentemente tenemos que hacer las cosas en equipo, porque, por ejemplo, las fiestas de este municipio no son sólo cosa del área de Fiestas, que es la que hace de punta del iceberg a la hora de cosechar éxitos o fracasos, y ella me corroboraba que en efecto así es, pues es tan importante el cantante que se sube en el escenario como el último operario que clava el clavo del escenario, como el último administrativo del ayuntamiento que hace de “negro” y elabora silenciosamente el expediente de contratación del cantante, expediente que luego firmarán un jefe de sección, un concejal o un alcalde, muchas veces hasta obviando faltas graves de ortografía, que no se mandan a corregir por no dilatar los procesos infinitamente.

Prácticamente todas las áreas y personas del ayuntamiento forman parte de una suerte de telaraña que participa, a veces mínimamente, es cierto, en la confección de los eventos festivos del municipio. Y no sólo sucede así con las fiestas. También con otros asuntos como el que ahora nos atañe.

Qué fácil me resultaba criticarlo todo cuando estaba en la oposición. Lo reconozco y pido mis disculpas a todos aquellos que en su día se vieron afectados por el látigo tan poco comprensivo de mis palabras, porque por más que, siendo concejala, en algo te haces una idea de cómo funciona el aparato administrativo de un ayuntamiento, ni soñando me llegué a imaginar cómo es esto por dentro. Y aún estando dentro, admito que muchísimas cosas se escapan a mi modesta comprensión, que se va haciendo cada día más amplia. Reconozco haber crecido en este aspecto muchísimo más en estos últimos meses de mi vida que en los treinta y muchos años precedentes. Como dice un compañero mío: “por cada cosa que sé hay nueve que desconozco”, con lo cual, me queda tanto por aprender de lo que no tengo ni idea…

El ayuntamiento se me asemeja a algo así como un cuerpo humano. Desde fuera, un cuerpo humano desnudo llega a ser bonito o feo, atractivo o repulsivo. Su piel, a veces suave, sana, uniforme, te invita irresistiblemente a la caricia frugal. Otras veces, el sólo hecho de observar algún bache en una piel, llámese cicatriz, obesidad, vello, etc., te puede llegar a producir asco o rechazo. Pero, en definitiva, sólo vemos piel y algunos órganos externos que actúan y cumplen sus funciones aparentemente, y sólo aparentemente, sencillas.

Después de muchas investigaciones y observaciones, la humanidad ha llegado a entender el funcionamiento interno del cuerpo humano, aunque aún no en toda su complejidad… ¿Cómo? Pues sumergiéndose en él, en todas sus funciones, en todos sus mecanismos y no sin pocos sobresaltos e incomprensiones (que le pregunten si no a Miguel Servet). Hoy por hoy sabemos que algunos indicios externos significan que algo por ahí adentro no va bien. Por ejemplo: A nadie se le ocurriría que si su hijo se señala el ombligo diciendo “me duele aquí”, se le podría curar el dolor con una crema para la piel -porque es piel en definitiva lo que señala el pequeño-, pues posiblemente le duele el estómago o el intestino o el hígado o un riñón, o tiene gases o vaya usted a saber si el chiquillo tiene un cáncer de páncreas o una apendicitis.

Pero, sin duda, cuando un órgano no funciona, el resto del cuerpo tiene problemas. Y hay evidentemente órganos que son más importantes que otros, y es imprescindible su funcionamiento para que el cuerpo responda como es debido. Por ejemplo, el corazón, la sangre, el cerebro, los pulmones… Un cuerpo en el que el corazón está tocado y sus pulsaciones van lentamente no podrá correr una maratón sin caer a los primeros metros de esfuerzo.

Con la sangre pasa igual: la leucemia o cáncer de la sangre sucede cuando las células sanguíneas inmaduras (los blastos), se reproducen de manera incontrolada en la médula ósea y se acumulan tanto ahí como en la sangre, logrando reemplazar a las células normales.

Muchas de nuestras administraciones, nuestro ayuntamiento no es la excepción, están aquejadas en ocasiones de baja frecuencia cardiaca y de leucemia. Que me perdonen los intocables que se puedan sentir aludidos o atacados por estas palabras; si no estuviera en lo cierto nadie tendría por qué sentirse aludido u ofendido. Pero es comprensible que así suceda porque ni todos nos comportamos de igual manera ni somos igualmente tolerantes. No echo la culpa de nada a las personas concretas; desde mi modesta opinión es el sistema que los hace intocables el que falla, en todo caso. Creo que no soy la única que opina esto.

Verán: Cuando yo era pequeña (tres o cuatro años, algo recuerdo vagamente de unos pavorreales del Parque García Sanabria), mi madre y mi abuela me llevaron a un psicólogo de Santa Cruz porque creyeron que yo estaba loca, literalmente, porque no paraba quieta ni un minuto, no hacía caso de nada, todo el día haciendo diabluras peligrosamente en aquellos volcanes que rodeaban mi casa: una niña sin ley. El psicólogo este me prescribió unos tranquilizantes cuyos efectos llegaron a preocupar a mi madre y a mi abuela, porque me sumieron en una suerte de letargo que me amuermaba en una esquina y alguna que otra mosca se burlaba de mí atreviéndose a posarse en mi boca, no logrando por mi parte el menor aspaviento de autodefensa. Mi abuela, ni corta ni perezosa, convenció a mi madre de que la visita al psicólogo había sido un fracaso, que ese medicamento no me hacía nada bien, que me estaba dejando boba. Mi personalidad evidentemente era así, dinámica, rebelde y desobediente, y desde entonces me dejaron hacer a mi antojo, no sin atenerse a las consecuencias de liberarme del nefasto medicamento, y por supuesto les agradeceré siempre esa sabia decisión. Desde que conozco al completo esta anécdota siempre he pensado que este psicólogo desafortunado no logró detectarme los indicios evidentes de hiperactividad o será que definitivamente la hiperactividad no era un asunto que estuviera de moda en una época en que los manicomios estaban llenos, y cuántas veces de gente con rasgos de genialidad.

Con todo esto quiero decir que usted puede ver un cuerpo humano bello y no imaginarse ni por asomo si sufre de cáncer o está sano, si quien lo lleva puesto es buena persona o es de una ínfima bajeza de principios incalculable, si está contento o arrastra consigo una terrible pena. Y luego de disfrazarse con hermosos gestos, vestidos y afeites, porque los adornos de nuestro cuerpo son simplemente un disfraz, menos aún puede usted saber que un cuerpo está tocado de una enfermedad, física o psíquica, o está sano. Todo se descubre a poco que se comience a indagar en él desde una óptica más cercana.

Bueno. ¿A qué viene todo este argumento que ya ustedes conocen o imaginan por lo menos?

Diré que detesto profundamente a las personas que se consideran poseedores de la verdad absoluta, porque la verdad absoluta simplemente no existe; todo depende de quien la interprete. Últimamente proliferan los que, teniendo un simple indicio, ya se autoproclaman soberanos del saber, de la verdad absoluta. ¡Pobres! Es como cuando un tipo ve a otro tipo con los ojos caídos de haber pasado una noche de parranda y le diagnostica un cáncer de útero. Si ni siquiera un solo médico puede diagnosticar una enfermedad complicada, cuánto menos un medio de comunicación que posee un papel con unos cuantos datos o un señor a quien le comentan una opinión interesada tomando un cortado en el Hespérides pueden aseverar un hecho por sencillo que sea.

En los últimos tiempos mi pueblo desgraciadamente está dando que hablar y está siendo arrastrado por el fango por estar inmerso en las diligencias previas 736/2007. Digo mi pueblo, sí, aunque les pueda parecer que me he equivocado. Puede que tal vez más bien me quede corta y debiera haber dicho el planeta Tierra. En estas diligencias previas son tantísimos los hilos que se mueven que seguramente me quedé corta. No sólo es nuestro ex-alcalde y su junta de gobierno local; también participan en el proceso muchos comerciantes, muchos prestadores de servicio de todo tipo y de todas partes, no sólo de este pueblo, muchos técnicos, muchos funcionarios, no sólo los de este ayuntamiento, muchos políticos, muchos ciudadanos… Todos se merecen un respeto. Ahí está para algo la presunción de inocencia, que hasta la fecha se ha burlado por activa y por pasiva.

El juzgado pide información para esta causa día sí y día también en unos volúmenes capaces de paralizar la administración más ágil, qué no diré de una medio maltrecha como la nuestra. Hay veces en que en ese cuerpo humano que es el ayuntamiento las manos van veloces como el rayo y el corazón a catorce pulsaciones por minuto o como dice una compañera “Yo voy a gasolina 2500 y el otro a gas, y yo dependo de ese otro”. Si la locomotora va a gas y los vagones a gasolina 2500 ¿qué te queda sino la desesperación? ¿O la burla y el escarnio de los que están afuera que consideran que todo depende de un vagón? ¿No es esto un análisis parcial o interesado? ¿No es esto un no enterarse de la misa la media (sin querer o porque sí, para hacer daño no se sabe con qué vil propósito)?

En mi pueblo dicen aquello de “como éramos pocos, parió la abuela”. Como la cosa no está complicada, gracias a Dios, encima proliferan, cual cáncer que corroe la opinión pública, los poseedores de la verdad absoluta que dispersan esa verdad absoluta cual ventilador bocazas. No reparan en que existe una ley que protege los datos personales de la gente y en función de ella se pueden tomar medidas oportunas en su contra por divulgar ciertos datos sin respeto a diestro y siniestro. Pero nos queda la esperanza de que al final todos calvos, que si no, a ver para qué están las leyes entonces.

Y lo peor de todo, encima la gente los cree a pie juntillas por más que en muchas ocasiones se contraponen unas cosas con las otras. Bueno ¿la gente qué sabe, qué culpa tiene la gente? A partir de estas opiniones interesadas la gente va sacando sus propias conclusiones, que al final son una parte de la realidad bastante minúscula.

La verdad absoluta no merece la pena ser buscada. Ojalá los vagones de alta velocidad pudieran ir por libre sin necesidad de depender de locomotoras de la época de la revolución industrial. Ojalá el cuerpo tuviese todos los órganos sanos y esa salubridad pudiera traslucirse sólo con ver la superficie externa. Ojalá no existiera el cáncer de la autodestrucción en algunos cuerpos. Y ojalá esos proclamadores de las verdades absolutas, antes de hablar, tuvieran la paciencia de contrastar la información completa con todas las partes y dejaran de entorpecer el trabajo ajeno con su ímpetu suicida. Ojalá encontraran algo más interesante que hacer en sus vidas que sembrar la incertidumbre, y dejaran trabajar a la administración y a la justicia, para que podamos creer en ellas, que buena falta nos está haciendo, porque lo cierto es que, viendo que en la calle se manejan sin impunidad ni respeto las declaraciones de los juzgados a las que ni la propia administración local tiene acceso (por más que parte de ella parece ser partícipe) por ciudadanos cualesquiera y por medios cualesquiera -algunos de descomunicación, claro que sí-, no puedo pensar sino que esto es un cachondeo… Esto no es justicia ni es nada. Esto no es información ni es nada. Esto no es verdad ni es nada…

Sabemos que la justicia es lenta. Por algo será que lo dicen. Ojalá estos mensajeros de la verdad absoluta pudieran ser menos impacientes y dejaran que esa lentitud sea, en efecto, y que los propios ciudadanos al final de todo el proceso puedan sacar sus propias opiniones y su propia verdad con autonomía. Quizás ésa en la que todos coincidiéramos, que no será otra que la verdad absoluta
30/11/2008 19:55. Autor: laotracamy. #. Tema: aquí otra vez No hay comentarios. Comentar.

¿¿Un gesto?? ¡¡¡Y una mieeeerda…!!!

20081130202600-phelan-fuckyou-72dpi-20cm.jpgEn estos últimos diez posts que he puesto anteriormente he intentado salvar las palabras que una vez existieron en este blog y que un día triste desaparecieron incomprensiblemente para muchos. En la web donde se alojaban mis textos, por ser de funciones más bien limitadas, es imposible recuperarlos con la complejidad original de enlaces, fotos, vídeos, sonidos, etc., por lo que he optado por salvar las palabras que son para mí lo más valioso del conjunto, no sin seguir pensando que ha sido la tontería más grande que he cometido en mi vida y que nunca jamás nadie va a poder compensarme el haberla llevado a cabo.

En estos seis meses me he dado cuenta de que cuando se te exige un gesto es porque vas a recibir algo en compensación. A cambio de ese gesto, yo no he recibido nada positivo en todo este tiempo, por lo tanto “no hay gesto que valga si no es mutuo”. Lo siento de veras por quien ingenuamente pensaba en ello como una solución. Espero que no se me vuelva a exigir un gesto semejante si no se tiene claro lo que se está pidiendo. Como dice un compañero: “Aquí o follamos todos o matamos a la puta” (perdón, quise decir: “aquí o jugamos todos o rompemos la baraja”, aunque ésta última no es la frase de mi compañero sino la otra, pero no voy a jugar a la hipocresía).

En todo este tiempo por supuesto que no he dejado de escribir un blog, un blog que sólo unos pocos y respetuosos amigos han conocido y compartido conmigo, unos pocos amigos que no se merecían ese “gesto” inexplicable de perderme para siempre. Aquél ha sido un blog temeroso, proscrito, clandestino, un espacio que no tiene sentido para una persona que defiende la libertad de expresión y aun el libertinaje expresivo si se quiere.

Maldita la hora en que “celebré” ese primer año borrando los textos de este blog, pensando ingenuamente en que era una solución a todos los problemas, que no sólo no han cesado, sino que han ido en aumento. Prometo no volver a cometer la estupidez de amordazar algo tan bello como la libertad de la expresión, algo tan admirablemente hermoso como el idioma. Me resulta increíble que como filóloga me sienta la protagonista de este horrendo crimen contra la expresión, cuando yo jamás he exigido a nadie el gesto de abandonar su hobby ¿quién soy yo para pedir cosa semejante?

Mis queridos lectores, si se me permite, pido mis más sinceras disculpas por esa estupidez y asumo lo que suceda a partir de este momento en que una rebelión expresiva sin precedentes se apodera de mi persona.

Intentaré, sin embargo, ser discreta y respetuosa, aunque me apetezca contar muchas más cosas de las que realmente cuente. A veces, la envidia y la cortedad de miras hacen que ese respeto y esa discreción se tergiversen y se malinterpreten a conveniencia.

Creo que no es tarde para enmendar los errores. Va por ustedes esta vez.

¡¡Viva la libertad de expresión!!

Un gran beso y gracias por seguir ahí.

30/11/2008 19:26. Autor: laotracamy. #. Tema: aquí otra vez No hay comentarios. Comentar.



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